Por: Augusto Trujillo Muñoz

Antonio García

Este lunes se cumplió un centenario del nacimiento del profesor Antonio García, estudioso –como pocos- de la ciencia social latinoamericana y precursor de los nuevos estudios historiográficos colombianos.

Anticipándose a la evolución de las ideas –que en ese momento servían para alimentar los dogmas políticos de la guerra fría- apareció un libro suyo que planteó la necesidad de construir una nueva posición doctrinaria capaz de superar –histórica y dialécticamente- el conflicto entre capitalismo y comunismo. El libro, titulado “La democracia en la teoría y en la práctica”, fue publicado en 1951 y reclama la urgencia de redescubrir a Colombia en su historia, en su sociología, en su cultura.

En él García reclama la necesidad de estudiar, analizar y asumir de otra manera el devenir de la sociedad colombiana. Pero tambiénformula un pensamiento apto para estudiar la realidad social y superar la rigidez ideológica del debate en América latina. Para él ni el capitalismo ni el comunismo pudieron entender el problema de la organicidad social y de la vida democrática. “La democracia económica supone la superación del atraso y la eliminación de las estructuras que estrangulan las fuerzas productivas…La democracia política es la realización de la libertad en todas las órbitas de la actividad humana, individual y colectiva”.

El problema de la democracia es indivisible y no será resuelto mientras no se le trate como un todo. “Es inaceptable identificar esa doctrina con alguna de las teorías parciales expuestas –las de Rousseau, Montesquieu, Locke o las de Marx, Engels, Lasalle, Kautski- o cualquiera de las revoluciones democráticas hechas por la burguesía, las clases medias o el proletariado”.

García encuentra que las posiciones comunista y fascista son anti-históricas porque ambas nos limitan el horizonte a unas formas caducas o falsas. Ésta es una afirmación totalitaria del capitalismo. Aquella, heredera de la misma visión uniformadora de la modernidad, terminó prisionera de sus dogmas universalistas. Pero la “democracia burguesa”, hija también del capitalismo clásico, falsea el horizonte del desarrollo humano, al reemplazar la libertad económica por la cerrada construcción de los monopolios.

En medio de los ideologismos que partieron en dos el mundo, García se anticipó a lo que podría ser una especie de tercera vía que asuma la democracia como un sistema de vida. Cuando siendo Concejal de Bogotá, en 1949 publica su libro “Planificación Municipal”, propone un esquema para la reforma del escenario local, pero como una tesis de partido, sino como la política de una tercera fuerza que se inscribe en el ámbito de una propuesta de socialización municipal. Un año antes había escrito “Bases de la economía contemporánea” obra monumental en la cual plantea lo que llama elementos para una economía de la defensa.

García fue un hombre de universidad, pero también un hombre de estado. Fundó la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional y el partido socialista colombiano. Ahora que parece estarse poniendo de moda una idea, tan interesante como gaseosa, que habla del socialismo del siglo xxi, vale la pena volver los ojos hacia él.

Hace casi tres décadas, en 1985, publique un artículo de prensa que conserva su vigencia y comienza a servir para un examen en perspectiva de lo que significaron, en Colombia y en América, la vida y la obra de García. Quiero recordar ahora su aparte final: Cuando América latina ordene mejor sus pasos y consolide una vía despejada hacia un desarrollo integral, equilibrado y sin tantos sobresaltos, habrá logrado descubrir el hilo de su propia historia. En algún momento ese hilo cruzará por Antonio García.

Ex senador, profesor universitario

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