Además de penoso para todos, el proceso sería en todo caso tortuoso, porque la ortodoxia institucional de la Unión Europea contempló la opción de que un Estado miembro se retire del gran tratado pero no quiso siquiera pensar que alguien quisiera, o tuviera que salirse de uno de sus programas fundamentales. Pero el problema que plantea la situación griega va más allá, porque si el retiro del Euro comienza a ser una solución para la crisis económica actual, nada impediría que otros países tuviesen que llegar más tarde a optar por ese camino.
Cuando las circunstancias hacen pensar en un posible paso a un lado de Grecia respecto del avance de la Unión Europea, se hace más grande la figura de Constantinos Karamanlís, el autor del enganche del país al proyecto de Europa. Al tiempo se hace más ostensible la incompetencia de la dirigencia posterior para conducir al país por el camino del éxito, al comprometerse con un proceso, como el del Euro, que no sería capaz de manejar. Aunque también, vale la pena decirlo, el espectáculo dramático del Presidente Papoulias llamando infructuosamente a uno por uno de los jefes de los partidos, y después a varios de ellos al mismo tiempo, para intentar formar un gobierno, no debe extrañar a nadie. Primero que todo es justamente Grecia, cuna de todos los dramas y tierra por excelencia de la controversia política en la que siguen vivas las tradiciones más antiguas de antagonismos difíciles de conciliar.
Circula entre amigos estos días en Atenas, bajo el título “Cambiamos de lado y seguimos durmiendo”, un gráfico que lo dice todo en cuanto a la actitud de los griegos en este momento político. La barra más larga, de color naranja, está marcada con el título “populistas” y lleva los escudos de todos los partidos que se oponen, desde la derecha extrema hasta el radicalismo de izquierda, a los acuerdos ya suscritos con la Unión Europea para salir de la crisis por la vía de la ortodoxia neo liberal. La siguiente, en gris, ligeramente más pequeña, con una cama como símbolo, lleva el título de “me da lo mismo”. Una tercera, mucho menos prolongada, tiene los escudos de los dos grandes partidos, que gobernaron al país alternadamente durante las últimas tres décadas, y lleva el título de “Alzheimer”. Luego aparece una pequeña raya roja, del Partido Comunista, que lleva el título: “No me acuerdo de la pregunta, pero en todo caso, NO”. Finalmente aparece una rayita insignificante que agrupa unos cuantos partidos pequeñísimos, marcados con el título: “Sentido Común”.
Como todo parece indicar, los griegos tendrán nuevas elecciones en junio. Y como van las cosas, no ha aparecido fuerza ni razón alguna para que los sectores mayoritarios de una sociedad sacrificada en su bienestar más elemental por cuenta de los arreglos de austeridad, terminen votando holgadamente en respaldo de las medidas que consideran les han perjudicado, como quisieran los poderosos conductores del proceso europeo, que no han tenido que sentir el peso de las medidas en su propia familia.
Parece entonces que Europa se acerca a momentos de definiciones, porque en el ámbito ampliado de la Unión avanza creciente la amenaza de la crisis y también el descontento con la forma como hasta ahora se le ha enfrentado. Ya en Alemania, con los resultados electorales de Renania del Norte - Westfalia este fin de semana, parece comenzar a formarse una ola que tal vez pretenda seguir la misma línea que, con imprecisiones a la hora de formularla y dificultades previsibles para realizarla, ha anunciado el nuevo presidente de Francia. Es la idea del “Pacto por el Crecimiento” como alternativa a la extrema austeridad. Quizás los griegos se puedan ver beneficiados del escape que podría significar una fórmula diferente, más humana, de tratamiento del problema, en lugar de terminar condenados a sufrir la pena adicional de salirse o ser expulsados por cualquier medio de la familia contemporánea de Europa, a la que con tanta ilusión le apostó en su momento el visionario Karamanlís.