Opinión |29 Mayo 2012 - 10:17 am

Juan Carlos Ortiz

La licuadora

El cordón umbilical

Por: Juan Carlos Ortiz

Como negar el cambio que se genera en la vida con la llegada de los hijos. Cambian los sueños, se transforman los miedos y mutan las jerarquías. Pero sobretodo me sorprende la metamorfosis que sufre la relación con nuestros padres.

Con la llegada de la adolescencia nos separamos representativamente de ellos y luego con el paso del tiempo la vida gira circularmente hasta acercarnos nuevamente de manera más fuerte, más profunda y más respetuosa. Y son los hijos los que detonan este proceso, pues gracias a ellos se comprenden cosas que antes no se comprendían y se respetan temas que antes se ignoraban o se desconocían.

Hoy quiero hacerle un homenaje a los padres. Nacemos conectados por un cordón umbilical y con el tiempo volvemos a él. Imposible de olvidar mi primera ruptura. Era un niño aún y caminaba por Bogotá por la carrera once en compañía de mi madre. Era un plan maravilloso y emocionante pues el sentimiento de felicidad y seguridad al estar tomado de la mano de tu madre te hacia levitar en vez de caminar. Hasta ahí todo era placentero, onírico y lúdico hasta que sorpresivamente y al mejor estilo Cartoon, desaparecí mágicamente de la escena. Plop.

Mi madre quedó con la mano extendida pero sin hijo y yo me caí por un hueco de una alcantarilla sin tapa que estaba abierta para quedar sumergido en un temible agujero negro, enredado entre cables y rodeado por ecos de agua y humedad. Escuchaba a mi madre que desesperada me hablaba desde arriba y yo solo, sin ver nada, sin entender nada, trataba de clarificarme dónde estaba, qué había sucedido y qué debía hacer.

Finalmente llegaron los bomberos quienes bajaron, me rescataron y me sacaron de ese interruptus vivencial de soledad e incertidumbre. Ese recuerdo abrupto de mi primera ruptura de cordón umbilical hoy me deja dos grandes reflexiones y aprendizajes. El primero es que el problema de los huecos en Bogotá no es nuevo. Es una enfermedad crónica y muy antigua sin solución.

El segundo, que el cordón umbilical por más que lo corten nunca desaparece e incluso con el tiempo se fortalece mucho más. A más años, más duro e indestructible. La conexión que tengo con mis hijos me ha hecho apreciar más la conexión con mis padres.

Hoy les agradezco infinitamente y entiendo más que nunca todo lo que hicieron por mí. Con errores o sin errores, ya no me importa, pues el cariño, el respeto, la admiración y el amor que siento por ellos aumenta a cada momento y cada día que veo crecer a mis hijos. A mis padres.
 

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jgt6532

Mie, 08/08/2012 - 17:56
Daño el que nos hicieron los bomberos ...
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suesse

Mar, 05/29/2012 - 16:31
Hay lazos sanos...y otros, que ni para qué hablar. Buen ejemplo de los que jamás deberian romperse, por culpa de huecos, intereses mundanos, violencias o inmadurez.

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