Opinión |17 Jun 2012 - 1:00 am
Consecuencias imprevistas
Por: Alejandro Gaviria
Hace varias décadas el sociólogo estadounidense Robert Merton formuló su ya célebre ley de las consecuencias imprevistas, una advertencia necesaria, pero sistemática o convenientemente ignorada por políticos de todos los colores.
Merton llamó la atención sobre la complejidad de las relaciones sociales y la probabilidad de que, a su turno, las acciones públicas tengan efectos inesperados e indeseados. Merton puso su dedo escéptico en la llaga (siempre abierta) de las ínfulas y los afanes de los reformadores sociales. Hizo un llamado a la modestia. Y a la paciencia. Recordó que, después de todo, el cambio social no sólo es cuestión de buenas intenciones o voluntades férreas.
La ley de las consecuencias imprevistas ha sido corroborada una y otra vez. A comienzos de los años cincuenta, en Saint Louis, Estados Unidos, se llevó a cabo una ambiciosa intervención social, un macroproyecto de vivienda popular que, en teoría, iba a revolucionar el urbanismo y la sociedad. El proyecto Pruitt-Igoe (así se llamaba) fue presentado como la ciudad del futuro y la redención de los más pobres. Decenas de miles de personas ocuparon las nuevas viviendas llenas de optimismo y buenos augurios. Pero el temperamento colectivo cambió rápidamente. Los residentes comenzaron a sentirse alienados por un proyecto que entorpecía las interacciones sociales más benéficas. Con el tiempo los residentes descuidaron las zonas comunes y sus propios apartamentos.
Algunos abandonaron sus viviendas decepcionados. Otros se resignaron a un deterioro gradual pero ineluctable. El 15 de julio de 1972, el proyecto fue dinamitado. Acabó con un gran estruendo, como los malos sueños.
En Francia, proyectos parecidos han tenido resultados semejantes. En Guatemala, la mitad de las viviendas otorgadas ha terminado en el mercado negro. En Brasil, muchos hogares no han podido pagar los servicios públicos y el mantenimiento de las nuevas viviendas. Para no ir tan lejos, en el noroccidente de Medellín, en el sector de Pajarito, un macroproyecto de vivienda popular habitado, entre otros, por los antiguos residentes del basurero de Moravia, podría convertirse en el Pruitt-Igoe colombiano.
En Pajarito, como en otros lugares, los residentes vieron menguadas las oportunidades económicas y exacerbados los problemas sociales, la violencia por ejemplo. Las externalidades negativas de la concentración de la pobreza en espacios aislados económicamente, densamente poblados y desprovistos de la funcionalidad que sólo viene con el crecimiento gradual y espontáneo, pueden ser fatales. Literal y metafóricamente. “Fue un gran error”, me dijo recientemente un exfuncionario en un momento de sinceridad. La ley de las consecuencias imprevistas suele ser obvia en retrospectiva, cuando ya es demasiado tarde.
Lo que está ocurriendo en Pajarito podría ocurrir en otros lugares de Colombia si la premura política lleva a la construcción de macroproyectos improvisados. Los expertos ya hablan de la necesidad de intervenciones específicas, de una suerte de acupuntura urbana que mejore las viviendas y preserve tanto el capital social como las oportunidades económicas. Pero, como dicen, las cosas buenas toman tiempo. Por ahora sólo cabe esperar que Merton no tenga nuevamente la razón y que, en dos o tres décadas, no estemos destruyendo lo que ahora queremos construir con tanto furor.
-
Elespectador.com| Elespectador.com
Última hora
-
| Jun 18 - 11:49 pm Heat obliga a jugar 7° partido de la mano de LeBron James
-
| Jun 18 - 11:43 pm Jorge Luís Pinto tiene a Costa Rica más cerca de Brasil 2014
Lo más compartido
-
Judicial | Jun 18 - 7:15 am 'Militares podrían abrir fuego contra civiles que consideren guerrilleros'
329Opiniones
-
Bogotá | Jun 8 - 11:18 am Petro: 'Si Carlos Slim sigue mamándole gallo al pavo embargamos bienes de Claro'
294Opiniones
Opiniones
Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.
Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí








Opinión por:
charro7654
Mie, 06/20/2012 - 04:40
Opinión por:
Juaco G. Hoyos
Dom, 06/17/2012 - 22:38
Opinión por:
masdeque
Dom, 06/17/2012 - 21:14
Opinión por:
Tetricaloctus
Dom, 06/17/2012 - 19:34
Opinión por:
el cartero
Dom, 06/17/2012 - 17:42
Opinión por:
Joenace
Dom, 06/17/2012 - 16:37
Opinión por:
Mitchkin
Dom, 06/17/2012 - 12:28
Opinión por:
Tauler
Dom, 06/17/2012 - 12:16
Opinión por:
suesse
Dom, 06/17/2012 - 12:03
Opinión por:
tuvisionalogena
Dom, 06/17/2012 - 12:14
Opinión por:
solesporventanilla
Dom, 06/17/2012 - 11:27
Opinión por:
tuvisionalogena
Dom, 06/17/2012 - 11:01
Opinión por:
Tauler
Dom, 06/17/2012 - 10:51
Opinión por:
Germinación
Dom, 06/17/2012 - 10:39
Opinión por:
Germinación
Dom, 06/17/2012 - 10:46
Opinión por:
tuvisionalogena
Dom, 06/17/2012 - 10:34
Opinión por:
suesse
Dom, 06/17/2012 - 11:58
Opinión por:
samueld
Dom, 06/17/2012 - 10:16
Opinión por:
Tauler
Dom, 06/17/2012 - 09:58
Opinión por:
pelanga
Dom, 06/17/2012 - 10:43
Opinión por:
jaramo
Dom, 06/17/2012 - 09:42
Opinión por:
jacorreaq
Dom, 06/17/2012 - 09:37
Opinión por:
Germinación
Dom, 06/17/2012 - 10:32
Opinión por:
F.L.Olmstead
Dom, 06/17/2012 - 09:25
Opinión por:
miguelitoun
Dom, 06/17/2012 - 09:16
Opinión por:
cariotano
Dom, 06/17/2012 - 09:07
Opinión por:
pacho60
Dom, 06/17/2012 - 08:48
Opinión por:
augusto cesar
Dom, 06/17/2012 - 08:40
Opinión por:
suesse
Dom, 06/17/2012 - 12:04
Opinión por:
Sky_Voyager
Dom, 06/17/2012 - 08:28
Opinión por:
augusto cesar
Dom, 06/17/2012 - 08:27
Opinión por:
fernandoloco
Dom, 06/17/2012 - 07:55
Opinión por:
luispuyana
Dom, 06/17/2012 - 03:57
Opinión por:
luispuyana
Dom, 06/17/2012 - 03:05