Opinión |17 Jun 2012 - 1:00 am
Entre copas y mesas
Los diez años de Z
Por: Hugo Sabogal
La bodega Familia Zucardi realizó por primera vez una cata vertical de su vino ícono.
Sólo hay una manera de saber si una marca de vino cumple lo que promete. Y eso ocurre en el momento en que se evalúan todas sus añadas en una sola degustación. Es lo que los entendidos llaman una cata vertical. La marca Z, el vino ícono de la bodega mendocina Familia Zuccardi, salió al mercado con el expreso deseo de mostrar el amor —o más que el amor, la obsesión— de esta casa argentina por la excelencia.
Un proyecto de esta magnitud exige, por naturaleza, dedicar las uvas de los mejores viñedos y seleccionar al equipo más idóneo para traducir en realidad las intenciones. Z ha recibido no pocos elogios de parte de la crítica internacional por su estructura y carácter, pero, al mismo tiempo, por su suavidad y elegancia. Año tras año, Familia Zuccardi ha entregado una bebida que crece y se torna mejor en la botella con el paso de los años. Sin embargo, hubo que esperar una década para comprobar si todo lo que prometía Z era verdad.
El miércoles pasado, en una cata , el director y propietario de la bodega, José Alberto Zuccardi, quien fue una de las figuras centrales de Expovinos 2012, presentó los ocho vinos que han salido al mercado desde 2002. Las catas verticales es mejor vivirlas que contarlas, pero resumiré lo que descubrí en cada copa. Es la primera vez que Z se somete a una degustación de este tipo en sus 10 años de existencia.
Como ocurre con nuestra propia vida, Z ha tenido distintas etapas en su desarrollo. La primera cubre las añadas de 2002, 2003 y 2004, que fueron elaboradas con uvas de la zona vitivinícola tradicional de Mendoza, en el sector Este. La segunda cobija el resto de cosechas, pero con uvas procedentes de regiones de altura, localizadas en el piedemonte de la cordillera de los Andes.
Cosecha 2002: se hizo con uvas de viñedos localizados en Maipú y Santa Rosa, a una altitud promedio de 700 metros sobre el nivel del mar. De Maipú se utilizaron los mejores racimos de Malbec (el principal componente de la mezcla, con un 54%) y de Santa Rosa se incorporaron los mejores granos de la cepa Tempranillo (46%). Un dato relevante es que el Malbec se añeja en barricas de roble francés (un promedio de 12 meses) y el Tempranillo, en barricas de roble americano (14 meses). En boca, este Z se muestra todavía muy vivo, con toques a compotas de fruta negra, violetas, higos, chocolate y ligeras notas balsámicas, producto de su edad. Hay elegancia y persistencia (entregadas por el Malbec) y suavidad y dulzor natural (tributadas por el Tempranillo).
Cosecha 2003: cambia ligeramente la composición de las variedades (Malbec, 70%, y Tempranillo, 30%). Con nueve años de reposo en la botella, el Z 2003 se siente pleno y elegante. Los aromas de guarda sugieren notas a cuero y tabaco.
Cosecha 2004: vuelve a cambiar levemente la mezcla (Malbec, 66%, Tempranillo, 34%). Frente a sus predecesores, se manifiesta más firme y profundo, con un final de boca prolongado.
Cosecha 2005: a partir de este año se inicia un cambio en la procedencia de la fruta. El Malbec (66%) utiliza uvas de viñedos de altura, ubicados en la zona de La Consulta, uno de los distritos clásicos del hoy afamado Valle de Uco. Al estar a mayor altitud, el vino es más acentuado en color y aromas a fruta fresca (ciruela y arándanos). A diferencia de las cosechas precedentes, esta añada denota la presencia de la acidez natural, también derivada de la mayor elevación. Y la mineralidad del suelo también se percibe.
Cosecha 2006: no varía la estructura de la mezcla. Sin embargo, el vigor aromático es seductor y persistente, con una agradable tendencia floral. La acidez le genera una sensación de frescura.
Cosecha 2007: se incorpora a la mezcla el Cabernet Sauvignon (18%), procedente de Gualtayary, otro distrito de altura. El Malbec mantiene su supremacía (68%) y el Tempranillo (con un 14%) reduce su protagonismo. La nobleza del Cabernet, definitivamente, hace más compleja la estructura.
Cosecha 2008: las lecciones de la cosecha anterior producen otro cambio significativo, al abandonarse el Tempranillo. En este Z sólo fusionan el Malbec (73%) y el Cabernet Sauvignon (27%). El añejamiento de ambas variedades se hizo solamente en barricas de roble francés. En boca es un festín de frutos rojos y negros, con notas a vainilla y chocolate negro. Cuatro años después de producido se siente vivaz y lleno de energía.
Sin duda, el Z pasó la prueba, demostrando que vinos de este calibre, producidos en países como Argentina y Chile, alcanzan una digna longevidad y perduran en los recuerdos.
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