Opinión |20 Jun 2012 - 11:00 pm
Circo romano
Por: Cartas de los lectores
No deja de causar sorpresa la posición asumida por la columnista Aura Lucía Mera (19-06-12) ante las actuaciones del alcalde Petro, descalificándolo por poner en cintura las acciones vergonzosas de la supuesta ‘fiesta brava’, donde, según la señora, en esta plaza los benévolos victimarios torturan y despedazan al animal porque para eso nació y fue criado. No es más que la barbaridad asumida como cultura, pero de la depravación.
La argumentación es bastante rebuscada y carente de peso, ya que la gran mayoría de personas con un mínimo de IQ, por supuesto, no aceptamos lo inferido. Todo lo contrario. Es de una gran torpeza pretender que al utilizar los medios informativos nos comemos el cuento de la arbitrariedad del burgomaestre por imponer medidas necesarias que buscan darle un buen uso a los escenarios con el ánimo de generar espacios sanos de esparcimiento. Traigo a colación las frases:
“Nada más difícil que emprender, ni más dudoso que hacer triunfar, ni más peligroso de manejar, que el introducir nuevas normas. El innovador se transforma en enemigo, de todos los que se benefician con las normas antiguas, y no se granjea sino la amistad tibia, de los que se benefician con las nuevas”, Maquiavelo.
Así las cosas, la recomendación es muy sencilla: busquen alternativas diferentes a la del circo romano para socializar. ¡Estamos en el siglo XXI, por favor!
Jairo Arturo Camargo Hernández. Paipa.
¿O derecho?
Es noticia de estos días que, en China, las autoridades gubernamentales han obligado a abortar a una mujer embarazada de 7 meses porque se estaba saltando la política de hijo único impuesta desde hace décadas. Las imágenes han dado la vuelta al mundo entero y han aparecido en numerosos medios de comunicación.
Sin embargo, al contemplar la fotografía, en la que aparece la madre acostada en una cama de hospital, junto a su bebé muerto, no soy capaz de distinguir si la muerte del bebé se ha producido porque alguien ha obligado a la madre a abortar o porque ella misma ha querido ejercer sus derechos sexuales y reproductivos. Por eso me resulta llamativa la actitud de muchos medios informativos de llevarse las manos a la cabeza y protestar de indignación. Protestan cuando la muerte del bebé se produce por aborto provocado obligado por las autoridades estatales y, sin embargo, aplauden y felicitan a los protagonistas del hecho cuando la muerte del bebé se produce por aborto provocado elegido voluntariamente, porque a eso lo llaman ejercer sus derechos sexuales y reproductivos, y eso entienden por progreso.
¿Es que la acción de matar bebés voluntariamente puede considerarse a veces un crimen y a veces un derecho? ¿Acaso no se está haciendo exactamente lo mismo: matar bebés?
Gonzalo García Camps. Barcelona.
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