Por: Oscar Guardiola-Rivera

'Voir venir'

La expresión francesa, que podría traducirse como “ver el porvenir”, significa dos cosas: primero, la virtud paciente de quien sabe esperar y al tiempo observa la manera como se desarrollan los acontecimientos; segundo, la necesidad de prevenir los planes e intenciones de los demás, que por definición no conocemos y que debemos analizar, cuestionar y adivinar.

Al actuar en la vida cotidiana, y con más razón al hacer historia, nos encontramos siempre y al mismo tiempo con la necesidad de “ver el porvenir” y la contingencia propia de un futuro que no podemos contemplar con certeza. Hay que anticiparse al porvenir, usando para ello la imaginación y el juicio, pero al tiempo reconocer que nuestra visión y nuestro juicio no agotan el porvenir.

Esta reflexión cabe a propósito de un par de acontecimientos en días pasados. El primero es la muerte del escritor Ray Bradbury, a comienzos del mes de junio.

En una de las historias de su libro El hombre ilustrado, Marte ha sido colonizado exclusivamente por gentes de color. Al enterarse de la llegada inminente de viajeros blancos desde la Tierra, los colonizadores deciden instaurar leyes de segregación en respuesta a la injusticia cometida por aquéllos en contra de sus antecesores a lo largo de la historia. Al llegar a Marte, los viajeros anuncian que la Tierra ha sido destruida y solicitan refugio. Los hombres de color aceptan, optando por la igualdad universal.

El segundo es la decisión de la Corte Suprema de los EE.UU., hace una semana, que declaró inconstitucional parte de la Ley SB 1070 del estado de Arizona, cuya consecuencia sería la segregación y criminalización efectiva de la población latina.

Se trata de una victoria parcial. La Corte ha preferido esperar y observar el desarrollo de los casos que en las cortes estatales debaten el controvertido poder policial para verificar el estatuto migratorio de las personas sospechosas de encontrarse indocumentadas en el país, que los opositores de la ley consideran equivalente a una forma de discriminación racial.

La Corte ya ha previsto que “no se puede detener a las personas solamente para verificar su estado migratorio”, al decir del presidente Obama en referencia a la decisión del tribunal. Cabe también esperar a ver si la Corte se pronuncia acerca de las medidas que han prohibido la lectura de libros asociados al imaginario latino y chicano en la educación pública del estado, como La tempestad de Shakespeare.

Bradbury vivió en Arizona y amaba a Shakespeare. Mientras los latinos esperan pacientes las decisiones de las cortes, el Congreso y el Gobierno deberán organizarse para contener la marea republicana en las próximas elecciones, y detener o resistir con firmeza el porvenir distópico que Bradbury profetizó en Fahrenheit 451, y que estas leyes han hecho realidad en nuestra época.

Óscar Guardiola-Rivera

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