Opinión |27 Jul 2012 - 11:00 pm

Gustavo Páez Escobar

Serenidad y entereza

Por: Gustavo Páez Escobar

Si el sargento Rodrigo García Amaya no hubiera procedido con el aplomo que demostró al ser agredido por una turba de indígenas en el cerro Las Torres, en Toribío, habría podido causar una tragedia de incalculables consecuencias.

  • 12Compartido
    http://www.elespectador.com/opinion/columna-363198-serenidad-y-entereza
    http://www.is.gd/BLefAs
  • 0

En esos momentos de tensión y provocación, cuando el país entero estaba pendiente de la conducta de los militares ante la notificación de los indígenas para que abandonaran el lugar, era cuando más se necesitaba ejercer un valiente equilibrio.

El momento no era nada fácil. Por el contrario, revestía riesgo extremo. El sargento García, comandante del Batallón de Montaña No. 8, de la Fuerza de Tarea Apolo, hubiera podido responder con las armas al ataque de la muchedumbre de indígenas que, cual una invasión de hormigas furiosas, subían por la montaña para desalojar de allí a los cien militares. Sobre los hombros del sargento (que en ese momento era un símbolo de la autoridad del país) caía toda la responsabilidad de la acción que se ejecutara, o dejara de ejecutarse por negligencia o miedo.

Una voz de mando para que la gente bajo su dirección se resistiera con las armas a la ofensiva de los exaltados indígenas, hubiera sido suficiente para no permitir la expulsión del cerro. ¿Pero a qué precio? Una cosa era estar preparado para el asalto ya anunciado, y otra mantener la serenidad necesaria para no incurrir en actos que pudieran prender el polvorín y producir una catástrofe.

El militar, por la misma índole de su misión, lleva en la sangre una serie de reflejos instantáneos que rechazan la cobardía o la indignidad, e incluso la indecisión en momentos cruciales que exigen una respuesta inmediata y acertada. Los códigos del honor y el valor son quizás los mayores factores que regulan la vida en la milicia. Tales códigos estaban en juego frente a la arremetida de los indígenas, que armados de palos y en algunos casos de machetes, irrumpían por todas partes, con ánimo destructor e insurgente, para tomarse la base en medio de gritos y empujones.

Se necesita tener nervios de acero para controlarse en ese estado de agresión, donde la cólera de los atacantes los hacía cometer toda suerte de desafueros contra las fuerzas del orden. Esos nervios de acero los tuvo el sargento García al preferir las humillaciones a cambio del mantenimiento de un clima propicio para buscar fórmulas de arreglo. Mayor espíritu de tolerancia no se podía dar en semejante trance.

Los indígenas la emprendieron contra él con saña mayor, por ser el comandante de la base. Lo dominaron, lo arrastraron y golpearon. Su sentido del honor estaba vapuleado por el desborde de la furia y la sinrazón de un tropel de indígenas que por primera vez acudía a esos actos de violencia, que ningún beneficio aportan para su causa.

El sargento, como hombre de honor –pero teniendo presente el bien de la patria–, no pudo evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos. “No fue por rabia ni por temor –diría más tarde–. Fue por orgullo. Lloré porque no entendía cómo una comunidad a la que protejo y por la cual arriesgo mi vida me humillaba en esa forma y nos sacaba a mí y a mis hombres así”.

Hombre calmado, reflexivo y cauto, sin dejar de ser valiente, ha dado ejemplo de ecuanimidad en el buen ejercicio del mando. Del mando militar y del mando civil. Su valor consistió en saber manejar la adversidad. El conocido refrán “lo cortés no quita lo valiente” tiene cabal aplicación en su caso. Este acto de serenidad y entereza le otorga el título de héroe. Como tal lo proclamó el presidente Santos y lo ovacionó el Congreso de la República.

Por lo demás, los militares regresaron luego al cerro Las Torres, cubiertos de gloria y de la admiración de los colombianos. Hoy las conversaciones entre el Gobierno y los indígenas se adelantan en armonía. Ojalá de ellas salgan hechos positivos y duraderos, que resulten tan sabios como el proceder –creo que sin antecedentes– del sargento García.

escritor@gustavopaezescobar.com 

  • Elespectador.com| Elespectador.com

  • Imprimir
  • Enviar
  • 12
12

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Opciones de visualización de opiniones

Seleccione la forma que prefiera para mostrar las opiniones y haga clic en «Guardar» para activar los cambios.
Opinión por:

TierrAjena

Sab, 07/28/2012 - 21:45
Señor escritor: Hay muchos estudios serios (usted debe conocerlos) sobre la expansión de los latifundios de los terratenientes a expensas de las tierras de los indígenas y el papel nada glorioso del ejército y demás fuerzas del Estado (da vergüenza escribirlo con mayúscula) en ese despojo sistemático. La Historia no se nutre con anécdotas ni un acto de serenidad aislado glorifica a una institución corrompida. El hecho histórico fundamental es la manifestación de rebeldía y desconfianza de las comunidades contra quienes dicen protegerlas. Los soldados regresaron cubiertos de gases, no de gloria y admiración. Las conversaciones no avanzan por el juego sucio del gobierno. Y de muy poco valen la proclamación y la ovación de corruptos prevaricadores. Mejor cuéntenos uno de batman.
Opinión por:

cursor

Sab, 07/28/2012 - 18:22
Es obvio que lo que perseguían y querían los alebrestadores de indígenas, era precisamente que los soldados cometieran un error, ya que con ello hubieran obtenido pingues utilidades políticas y económicas..., se pudiera decir que a Teodora, Cepeda y Alvear y cia les salió el tiro por la culata.!.-Por otro lado, siguen con dificultades para hacer las entregas de droga y eso también los afecta.!.-Los hombres también lloran.!.
Opinión por:

carisma

Sab, 07/28/2012 - 14:35
Hombres de honor así deberían estar en la línea de mando de los oficiales. Que le den la oportunidad de ir a la escuela militar. Se lo merece y el ejército podría ganar a un buen oficial. Lo demás es hablar paja.
Opinión por:

Ar mareo

Sab, 07/28/2012 - 13:40
En este pais de chapuceros e improvisadores, como llama la atencion una persona bien entrenada y disciplinada, El sargento debiera ser la NORMA y no la excepcion!!!
Opinión por:

luis eduardo garces orozco

Sab, 07/28/2012 - 13:15
Mirese la cara de indigena que tiene, antes de hablar despectivamente de sus Ancestros.
Opinión por:

luis eduardo garces orozco

Sab, 07/28/2012 - 13:14
Oiga don Gustavo,; y por que no despotrica o escribe algo tan energico sobre las turbas de saqueadores de erario publico, entregadores de los recursos de la Nacion a los intereses extranjeros, que son los causantes directos de esta situacion? O es que pertenece ud. a esa turba... respete, y vera que se gana el respeto de los demas. No sea atarban, o es que ud. se siente muy "blanco"...
Opinión por:

luis eduardo garces orozco

Sab, 07/28/2012 - 13:24
atarvan
Opinión por:

juamel

Sab, 07/28/2012 - 08:18
No quiero ni pensar eso en manos del anterior gobierno ...
Opinión por:

Sebastián Felipe

Sab, 07/28/2012 - 07:52
No, no es así. (1) No es sino ver que un "sargento lloricón" estaba al mando de la escasa tropa, un suboficial con mando menor, ni siquiera un teniente. (2) Camufla las necesidades y requerimientos de los indígenas, justícimos, emparedados en una guerra ajena que los somete, espolia y aniquila. (3) Repare la gramática, que es deficiente. Y marros más.
Opinión por:

anaviky

Sab, 07/28/2012 - 06:36
Don Boyaanciooooo...¿on tá tu mercé?
Opinión por:

PeBo

Sab, 07/28/2012 - 03:17
Si los militares estuvieran en el cauca para proteger a la poblacion - y de paso a los indigenas- no habria pasado este bochornoso incidente. La verguenza no es solo para los "altos mandos" militares. La verguenza es para el gobierno colombiano (y no solo el actual) quienes durante decadas se han burlado de estos colombianos. Como siempre, los politicos prometen pero no cumplen. Nos creen estupidos.
Opinión por:

eradelhielo

Sab, 07/28/2012 - 03:00
Es que los indígenas están cansados de los atropellos de los militares y de un gobierno que se acuerda que existen cuando los necesita. Bien por los indígenas que siendo mayoría no se aprovecharon de eso, como si lo hace el ejército cuando se encuentra con un puñado de campesinos de indigenas o de familias indefensas. A los que hay que rodear y proteger es a los indígenas, Bien por el soldado que tuvo ecuanimidad, es de lo rescatable en muuuuucho tiempo por parte del ejército. Ánimo indígenas sigan con su lucha, es muy justa.

Publicidad
Publicidad
Suscripciones El Espectador

Edición impresa

Suscríbase
 
Círculo de experiencias

ACTIVE LA LLAVE DE SUS PRIVILEGIOS

Beneficios para suscriptores

CONÓZCALOS
 
 

El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones de COMUNICAN S.A. Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial,así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2013