Opinión |2 Ago 2012 - 10:29 pm

Francisco Gutiérrez Sanín

Inequidad y violencia: una reconsideración

Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Ahora que está sobre el tapete la discusión de numerosas políticas públicas —de manera prominente, la de salud— que podrían morigerar o profundizar la brutal desigualdad en la que vivimos, vale la pena desempolvar viejos interrogantes.

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El país vive una intolerable inequidad. Como lo subrayara hace apenas unos meses el director del Departamento Nacional de Planeación, tenemos el bronce mundial en ese rubro. Por otra parte, también sufrimos de un largo, aparentemente intratable conflicto armado. Ambas cosas constituyen males sociales en sí. Pero, ¿habrá relación entre ellas?

La academia colombiana ha pasado básicamente por dos etapas en cuanto a la respuesta ofrecida a esta pregunta. La primera la constituyó lo que uno podría llamar la “violentología cualitativa” —con tal de que la expresión no se entienda peyorativamente—, que ofrecía un “sí” sin reservas. La guerra era una expresión del cierre del régimen y de la exclusión social, y los antídotos correspondientes eran la apertura y la inclusión. A medida que fue pasando el tiempo empezaron a evidenciarse los límites de esta retórica. Entonces llegó el desafío de un puñado de economistas que incursionó al tema, y que leyó al conflicto más bien como una gran operación de captura de recursos. Esto lo desvinculaba de la inequidad y sugería otro tipo de recetario (fortalecimiento de la justicia, operar sobre las fuentes de financiación de la subversión, etc.). Casi en paralelo, Paul Collier propuso en esencia la misma interpretación, sólo que a escala global. Eso bastó para que, alegremente, muchos cerraran el caso. La violentología cualitativa era pura paja, y sus aserciones habían caído bajo la guadaña de la estadística “científica”.

Todos los que consideramos a la estadística como una gran conquista de la mente humana supimos desde el principio que esto no era, ni podía ser, tan sencillo. El primer requisito de un buen modelo es una buena conceptualización, es decir, una buena reflexión “cualitativa”. Pronto, las debilidades, las inconsistencias y los vacíos de la retórica a la Collier empezaron a quedar en evidencia. En 2005, el Journal of Conflict Resolution, desde el cual Collier había lanzado pomposamente su programa, dedicó un número a la “crisis del paradigma” de los recursos. En los dos últimos años han salido importantes trabajos, que no solamente desarrollan conceptos para capturar las relaciones entre inequidad y violencia política, sino que los operacionalizan a través de modelos de medición (recomiendo particularmente el de Cederman y coautores en el American Political Science Review, 2011).

De manera, pues, que este debate que se consideraba muerto, rematado y contramatado —para parafrasear el título de un célebre libro de María Victoria Uribe— está más vivo que nunca, y pidiendo a gritos que se replantee en nuestro medio. ¿Se trata de resucitar un lugar común? Vamos, eso es una majadería, y no por pronunciarla con solemnidad deja de serlo. El hecho de que una aserción sea popular en ciertos círculos no le da, pero tampoco le quita, valor de verdad. Por lo demás, si en la actualidad predomina un lugar común es el de los recursos. Mi propia evaluación es la siguiente. Mucha de la violentología cualitativa se equivocó en su comprensión —simplificada— del sistema político, y tendió a poner a todas las injusticias en un mismo saco. Pero acertó al señalar el crucial papel que juega la desigualdad en nuestra violencia.

Eso no significa que la guerrilla sea buena, o agradable, o que el pacifismo ingenuo sea más viable. Significa que la violencia no es una maldición del cielo, sino que se relaciona con factores sobre los que podemos operar. No se ilusionen con conquistar una sociedad civilizada y estable para sus hijos si no cerramos esa enorme brecha sobre la que estamos parados, sobre todo si no es una brecha, sino más bien una herida que supura y que en buena parte ha sido abierta a sangre y fuego.

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Opiniones

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Ar mareo

Vie, 08/03/2012 - 15:12
Esta bien que los academicos le metan teoria y ciencia a entender el problema social del pais, Pero un pais feudal, donde el gobierno esta capturado por unos grupos de interes q se rotan cada 4 anhos desde las veredas hasta la presidencia, el problema no es de teoria sino de practica. Q finalmente uno de esos gobernantes decida representar a las mayorias y no solo a los cuatro gatos q financiaron su campanha. Sera esto mucho pedir? Cuantos libros hay q leer o escribir para q un presidente, alcalde, congresista finalmente haga la tarea y beneficie a las mayorias?
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Ecce-Homo

Mar, 08/07/2012 - 16:17
En realidad, no se desliga la teoría de la práctica. Y en cierto sentido, es claro que el problema sigue siendo necesariamente teórico, es decir, conceptual; en la medida en que las decisiones que se toman en la práctica, especialmente las acciones políticas con miras a solventar el conflicto, pasan por determinadas interpretaciones, y el mayor o menor éxito en la práctica depende en gran medida de la forma que adopten dichos marcos interpretativos sobre la naturaleza del conflicto.
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Ecce-Homo

Mar, 08/07/2012 - 16:08
Es común pensar que los teóricos se elevan en sus elucubraciones y se distancian del problema y de la práctica. Sin embargo, cuando vos decís que es un "país feudal" y que hay un problema de intereses, se está asumiendo, inconscientemente, una comprensión que emana de postulados teóricos. El famoso economista británico, Keynes, decía que "Los hombres PRÁCTICOS, que se creen libres de toda influencia intelectual, generalmente son esclavos de algún economista desaparecido. Los locos que ostentan el poder... extraen su locura de las obras de algún diletante académico de unos cuantos años atrás." No es desprecio por la dimensión práctica, sino, justamente, todo hacer práctico está orientado desde marcos interpretativos, por lo cual es necesario continuar también el debate en el plano teórico
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andresito

Vie, 08/03/2012 - 12:19
La guerra a plomo no se acaba nunca, le creo a la paz con un diálogo y con una democracia justa y un mejor reparto de las oportunidades....
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rabil

Vie, 08/03/2012 - 06:41
La realidad, que supera con creces a las cavilaciones y a la metrología, nos muestra que soldados, guerrilleros, delincuentes comunes, brazos armados de los diferentes poderes en conflicto, provienen de los estratos más pobres y desprotegidos de la sociedad. Mientras la pobreza, la exclusión sean la matriz en donde se reproduce la carne de cañón q
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rabil

Vie, 08/03/2012 - 06:48
...que libre la guerra, exacerbada por las inconmensurables ganancias del narcotráfico, del tráfico de armas, de la minería legal e ilegal (¿Hay alguna diferencia), y por la permanencia del statu quo perverso, jamás habrá paz. Recordemos además, que la violencia provocada por los actores armados es solamente un 25 o 30% de nuestra tenebrosa y triste situación. Rematemos diciendo que el asunto no es una simple discusión filosófica o ideológica ni una ecuación o un teorema, es mucho más compleja y requiere, por tanto, propuestas igualmente complejas e imaginativas.
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rabil

Vie, 08/03/2012 - 06:41
La realidad, que supera con creces a las cavilaciones y a la metrología, nos muestra que soldados, guerrilleros, delincuentes comunes, brazos armados de los diferentes poderes en conflicto, provienen de los estratos más pobres y desprotegidos de la sociedad. Mientras la pobreza, la exclusión sean la matriz en donde se reproduce la carne de cañón q
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eradelhielo

Vie, 08/03/2012 - 03:05
Muy buena columna. Y esa brecha menos se cerrará mientras el que nos gobierne trate por todos los medios de mantener esas desigualdades, mientras que gobierne para los poderosos, para los empresarios y para los banqueros como lo vemos en Colombia.

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