Opinión |6 Ago 2012 - 11:00 pm

Eduardo Barajas Sandoval

Un confuso amanecer

Por: Eduardo Barajas Sandoval

Los países en crisis son particularmente susceptibles a la aparición de ideas, discursos y propuestas radicales, que buscan abrirse paso en una sociedad angustiada.

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Con mensajes sencillos de salvación, accesibles a las mentes elementales gracias al uso de un lenguaje básico y argumentos cercanos a los del razonamiento más primario, los impulsores de discursos nacionalistas radicales cautivan incautos para movilizarlos en favor de causas políticas de discriminación que en muchos casos terminan por valerse de la violencia para prevalecer. La lucidez democrática está a prueba frente a esas amenazas, y de su capacidad de respuesta depende que no se vuelvan a repetir amargas experiencias de la historia.

La prensa griega ha informado que en la Plaza de la Constitución de Atenas aparecieron en los últimos días unos puestos de distribución de víveres, atendidos por militantes del movimiento político “Amanecer Dorado”, dispuestos a regalar productos de primera necesidad a los ciudadanos que acreditaran su condición helénica. Como complemento de la misma campaña, diferentes muros de la ciudad fueron cubiertos con avisos que llamaban a donar sangre únicamente con destino a los puros griegos.

La idea misma de pensar, a estas alturas de la historia, en la existencia de una condición helénica pura, es ya digna de toda sospecha sobre las condiciones de conocimiento histórico y cultural de sus defensores. Ya desde tiempos remotos se habló siempre de los pueblos helénicos como agrupaciones humanas diversas que, entre otras cosas, no cesaron de guerrear entre ellos, solo que lo hicieron casi siempre con respeto al denominador común del idioma que les servía de aglutinante.

La historia de los pueblos balcánicos ha sido de tal agitación a lo largo de tantos siglos que si bien por fortuna existe hoy un grupo consolidado de grecoparlantes, concentrado principalmente en un territorio y unos mares que coinciden con muchos de los de tiempos antiguos, con comunidades de migrantes ubicados en diferentes partes del mundo, unidos todos como siempre en torno al idioma, no se puede descartar la confluencia de muchos otros factores de procedencia muy diversa en la configuración de lo que puede ser la nación helénica, sin que se pueda llegar al extremo de hablar estrictamente de un solo pueblo con una sola sangre.

Los expertos en el estudio de los procesos que llevaron a la caída de Constantinopla, por ejemplo, dan cuenta de las alianzas políticas y militares más inverosímiles, que llegaron a estar acompañadas de alianzas personales y afectivas, en muchos casos con consecuencias que implicaron un cierto grado de mestizaje difícil de evitar por razones siempre vigentes de la condición humana. La ojeada más simple a la comunidad griega contemporánea permite advertir diferentes tipos humanos que con todo derecho se pueden reclamar miembros de la misma nación.

En medio de la crisis contemporánea no es difícil comprender que surjan en Grecia propuestas políticas de la índole más diversa y que una de ellas, tal vez una de las más simples y cómodas, sea la del nacionalismo a ultranza, que puede hallar terreno fértil en un país que hasta hace veinte años jamás había sido objeto, como los de la Europa Occidental, de la invasión de hordas de inmigrantes de procedencia totalmente ajena a las más reiteradas tradiciones nacionales. Y tal vez resulte explicable la sorpresa de la sociedad griega frente al fenómeno de la llegada de esas comunidades muy diferentes culturalmente de la propia, porque Grecia no tuvo ambiciones ni realizaciones imperiales en los últimos diez siglos. Es decir que no encuentra argumento para sentir, como otros países europeos, la resaca de sus propias aventuras de invasión previa de países indefensos, como lo hicieron otros con ánimo puramente imperial.

Lo anterior no es, ni puede ser, obstáculo para que existan fórmulas menos radicales que las de ejercer una segregación radical que lleve al odio racial, que es uno de los elementos más peligrosos del comportamiento humano, al que no conviene dar rienda suelta, porque ya se han conocido los extremos nefastos a los que puede llegar. El espíritu auténticamente democrático de los griegos está a prueba. También lo está su imaginación para conducir por mejor camino la indignación que produce el hecho de estar pagando en carne propia, esto es en las condiciones de la vida cotidiana, las equivocaciones de una clase política que no supo bien gobernar. En la capacidad que tenga la sociedad para conducir el proceso de reconstrucción por caminos democráticos radica la opción de que la noche de la crisis no termine en un confuso amanecer.  

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Opiniones

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suesse

Mie, 08/08/2012 - 21:52
Confuso está todo este mundo actual, don Eduardo. Todo!
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Anticlientelistascorruptos

Mar, 08/07/2012 - 19:55
Mente elemental, razonamiento primario, beneficios a nacionales, defensa de la raza helénica -bellísima, por cierto-, Europa, migrantes, democracia, xenofobia. Parece que alguien amaneció confundido y no pudo ordenar las piezas.

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