Por: Gonzalo Silva Rivas

Miopía enraizada

Colombia cuenta con cerca de 600 aeropuertos y pistas de aterrizaje, 74 de ellos de la Aerocivil, 160 departamentales y municipales, cuatro militares y el resto de propiedad privada.

Todo un voluminoso entramado aeroportuario que podría ser no sólo la maravilla sino la envidia para el transporte y la movilización en un país de compleja y accidentada geografía, donde son precarias las infraestructuras vial, fluvial y férrea. Pero bailando al ritmo de estas, la aeroportuaria deja mucho qué desear y largo es el camino por recorrer para hacerla moderna, eficiente y competitiva.

A raíz de la anterior columna sobre el criterio cortoplacista que ánima la reconstrucción y remodelación de los aeropuertos Simón Bolívar y Palonegro, respectivamente, recibí varios correos de lectores que suman reparos sobre el estado calamitoso de otros terminales estancados en el tiempo, algunos bautizados con el pomposo apelativo de internacionales. Las denuncias confirman que el progreso integral del sector no tiene la suficiente propulsión, responsabilidad que en alta dosis deriva de la carencia de estrategias públicas para su manejo.

No obstante que buena parte de los aeropuertos a cargo de la Nación o cedidos en concesión tienen condiciones aceptables y cumplen con las normatividades de la OACI, la infraestructura en general no responde a las máximas exigencias mundiales. Arrastra con problemas cualitativos y cuantitativos, más visibles ahora que el gobierno se ha enfrascado en una maratón de tratados comerciales para los que el sector aéreo será un gran aliado. Falta de visión, insuficiencia de recursos y limitaciones locativas y de seguridad contrastan con la fantasiosa cobertura.

Lejos están nuestras modestas construcciones de vieja ingeniería de las megaobras que funcionan en varios países del Europa, Asia e incluso América Latina, donde amplitud y belleza arquitectónica armonizan con eficiencia y agilidad en trámites de embarque y desembarque. En reciente muestra del Foro Económico Mundial sobre el sector aéreo, entre 125 naciones Colombia ocupó el puesto 54 y recibió serias observaciones sobre los espacios físicos de los aeropuertos para el manejo de carga.

Lo miopía gubernamental es la histórica talanquera que ha frenado el adelanto de la red aeroportuaria. Está tan enraizada que solo un milagro permitiría cambiar de tercio y hacer de nuestros aeropuertos soporte estratégico de un país competitivo y ejes para el desarrollo urbano y económico de las ciudades.

gsilvarivas@gmail.com 

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