Opinión |10 Ago 2012 - 10:07 pm

Diana Castro Benetti

Un fin del mundo

Por: Diana Castro Benetti

El mundo se acaba cada tanto. Se va con la muerte de alguien o se escurre con el abandono. El mundo propio existe por nuestra obra y gracia como el soplo de un tiempo siempre final.

El mundo se acaba con el ratico de amor. Se terminan los días, las ilusiones, la salud y los recuerdos. Todo año se traga sus soles y las lunas se visten de negro. La risa es efímera, la angustia finita. El universo es invisible cuando se amanece y cada noche se escapa por entre las sábanas y las infidelidades. El mundo se acaba cualquier día, como cuando cerramos los ojos, cruzamos la esquina o visitamos el médico.

Cada quien exorciza como puede el fin de sus instantes, mil años de miedos propios y ajenos. Algunos dibujan ritos de perennidad en los cuerpos o rescatan semillas en las selvas para silbarle a los espíritus. Por generaciones se van adoptando las maldiciones y los recién llegados apenas si se dan cuenta de que el mundo se les termina. Resulta apenas obvio que, cada mil años o menos, se les dé la vuelta a los números para cerrar los cielos y predecir el fin de una era.

Pero a los milenarismos hay que clavarles las estacas. Dejarlos que mueran sin siquiera mirarlos con el reojo de la compasión. Todo apocalipsis es un calendario vestido de dictaduras, conceptos inútiles, miedos odiosos y prédicas farsantes. Cada fin del mundo esconde la perversión del temor reclamando su malvada esclavitud.

Mientras se respire, se bailen los colores o se les haga muecas a los sustos, no hay credo para las fechas de expiración. Los calendarios mutan y se hacen sacros o paganos según la ocasión, el siglo y el poder de turno. Esa vida que cargamos a cuestas puede ser plena y propia en el instante, en la mirada, el viento y la luz. Los apocalipsis se espantan con las danzas, los festejos, los gritos de placer y hasta la simplicidad de una taza de té.

Libre de futuros, cada minuto es frágil y cada segundo rebelde. La libertad última es esa donde lo efímero es eterno, la existencia es atención y el tiempo un imaginario. Con o sin falsos profetas, al mundo lo vamos matando poco a poco y porque sí.

otro.itinerario@gmail.com

  • Itinerario | Elespectador.com

  • Imprimir
  • Enviar
  • 4
4

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Opciones de visualización de opiniones

Seleccione la forma que prefiera para mostrar las opiniones y haga clic en «Guardar» para activar los cambios.
Opinión por:

manamuisca

Sab, 08/11/2012 - 16:00
hermoso artículo;
Opinión por:

maldiciente

Sab, 08/11/2012 - 09:34
Excelente. Me encantan tus columnas.
Opinión por:

anaviky

Sab, 08/11/2012 - 09:00
Maravilla, niña Dianis. Efímeros también, los espantos, aunque parecieran eternos.
Opinión por:

hernando rosado

Sab, 08/11/2012 - 05:38
Que bello escribe Diana . este poema nos demuestra que lo unico cierto , es el aqui y el ahora , porque lo demas es quimera............
Opinión por:

Boyancio

Sab, 08/11/2012 - 05:27
Oye tú, no juegues con los sentimientos de los que nunca pueden leerte, ten compasión de ellos y dale la pingarria eterna; para que al menos no se arrepientan de ná.

Publicidad
Publicidad
Suscripciones El Espectador

Edición impresa

Suscríbase
 
Círculo de experiencias

ACTIVE LA LLAVE DE SUS PRIVILEGIOS

Beneficios para suscriptores

CONÓZCALOS
 
 

El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones de COMUNICAN S.A. Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial,así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2013