Opinión |11 Ago 2012 - 11:00 pm
Entre copas y entre mesas
Destilados boutique
Por: Hugo Sabogal
El mundo de las bebidas no deja de volver la mirada hacia atrás en busca de lo que muchos de sus artífices llaman "una segura vuelta al pasado".
Por ejemplo, enólogos como el chileno Mauricio Retamal, de Viña de Martino, cuestionan las cubas de acero inoxidable y la alta tecnología, y proponen el retorno a las vasijas de barro para fermentar y terminar sus vinos. En la misma tónica andan los argentinos Alejandro Vigil (El Enemigo) y Matías Michelini (Montesco), al igual que algunas rutilantes figuras internacionales como Hans Vinding Diers (Noemía y Chacra), Peter Siseck (Pingus) y Juan Carlos López de Lacalle (Artadi).
La intención de estos nuevos profetas es aplicarle frenos a la arrolladora industrialización del sector, combinada con el afán de ganancia y la estandarización de los estilos. Dicen que se está llegando al punto en que un Rioja español termina pareciéndose a un Cabernet Sauvignon chileno o a un Malbec argentino.
En el campo de los espirituosos universales, la elaboración y comercialización global ha estado dominada por grandes grupos como Diageo, Pernot Ricard, Allied Domecq y Bacardí, cuyas marcas se venden en significativos volúmenes alrededor del mundo.
Sin embargo, un último rastreo de las últimas tendencias revela un crecimiento palpable de los destilados artesanales o tipo boutique.
Informes dados a conocer en Estados Unidos muestran cifras inequívocas: hace diez años las destilerías de bajos volúmenes no pasaban de unas pocas decenas y hoy suman cerca de un millar. Para evitar parecerse a las marcas globales, estas empresas producen vodkas, whiskies, ginebras, absenta, bourbon y varios Acqua Vitae (aguardientes hechos con distintas materias primas), que se aromatizan con sabores a frutas frescas, almendras, avellanas y decenas de otras esencias naturales.
En el sentido más amplio de la palabra, le apuntan a la elaboración de pequeñas cantidades hechas a mano y preparadas con lentitud y atención al detalle, cuidando, al extremo, la calidad. La razón es sencilla: no persiguen al público masivo, sino al conocedor.
Ante el repentino crecimiento de esta categoría, muchos jugadores de gran tamaño han comenzado a incursionar en este mismo territorio, como el caso del vodka Ciroc, propiedad de Diageo, que no se prepara con cereales o tubérculos, sino con uvas. O el vodka Zubrowka, hecho con la hierba de la que se alimentan los bisontes polacos (Pernod Ricard).
Uno de los problemas enfrentados por los productores tipo boutique es ganar reconocimiento entre los consumidores. Porque como carecen de gruesos presupuestos publicitarios utilizan, básicamente, dos estrategias de promoción. Una es alcanzar los más altos estándares de calidad para llamar la atención de los expertos y, de paso, ganar espacios en los concursos internacionales. La otra es crecer a través de la comunicación oral (word of mouth, dicen en inglés).
Si quiere saber más sobre vinos, consulte en internet www.elsibaritaurbano.com
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