Opinión |12 Ago 2012 - 11:00 pm
Medellín, "nombre sonoro
Por: Lorenzo Madrigal
…Marcial redoble de tambor de plata".
Aún evoco el Medellín de mi tiempo, cuando no era sede del patrón del mal, pero tampoco la ciudad Botero. Era un Medellín levítico sí, apacible, de soleadas mañanas, cuando encontraba uno la sombra bajo el ladrillo en arcos románicos de la catedral de Villanueva, gloria de la arquitectura nacional.
Esta ciudad, mi ciudad —aunque sea un bogotano advenedizo— ha dado nombre a varios importantes eventos culturales, religiosos y políticos. El llamado documento de Medellín, emanado de la Conferencia de Obispos de 1968, significó una orientación renovadora de la iglesia; Medellín fue también llamada la ciudad industrial de Colombia y es ahora sede importante de la moda, como lo fue del arte moderno, donde ese gran dibujante que fue Luis Caballero exhibió en una bienal sus primeros cuerpos, entonces estilizados.
Un grupo de personalidades ha escogido la ciudad para una enigmática reunión política de pretensiones. Se habla de un nuevo movimiento o partido, como que ahora los partidos se hacen de la noche a la mañana. Son precarias agrupaciones, aptas para algunas campañas y destinadas a perecer más adelante.
José Antonio Ocampo, quien viene de serle negado el aval de Colombia para una alta posición internacional; Antanas Mockus, derrotado por sí mismo en las pasadas elecciones presidenciales; Iván Marulanda, puro y limpio político, compañero que fue de Galán, precandidato y candidato, discreto en sus últimas actuaciones públicas. Algunos combativos colegas, ilusionados con propuestas mejores, figuraron, pero sólo uno que otro atendió la convocatoria.
“Políticos desocupados” los ha llamado María Isabel Rueda, aunque mejor fuera decirles personalidades dispersas, de cara al sol de una esperanza. La propuesta es, desde luego buena, con todas las generalidades del caso, sin mayor concreción, como suelen ser los programas partidistas.
“Pido la palabra” piensa llamarse el movimiento (¿PLP?), algo así como el lema de campaña de Antonio Navarro (“Palabra que sí ”). Por cierto, Navarro es alma de este nacimiento político, retirado como está del progresismo de Gustavo Petro y de su administración, “porque uno no acaba de conocer a las personas”. Abandonos que, con el de García Peña y Valencia Gaitán, dejaron al alcalde de Bogotá en cuidados intensivos.
Ante el rompimiento de la U, en la cuasi-extinción de Cambio Radical, frente a lo residual de los viejos partidos y en el reguero de verdes por distintas militancias, la nueva entidad política será una agrupación más a la que más vale no la dirija Mockus, ni el desgano de Iván, ni el trabalenguas de Navarro. Y que no se le acerquen personas de fácil verbo, pues si de pedir la palabra se trata, en ella van a quedar atrapados. El tiempo cuenta en contra de las palabras.
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