Opinión |13 Ago 2012 - 11:10 pm
Mientras saquemos resuello (2)
Por: Dharmadeva
Decía en la entrega pasada, hablando de la respiración y de su importancia, que basta con hacer conciencia de la respiración y observarla para dar el primer paso en el manejo de las fluctuaciones de la mente.
Hay personas cuya conciencia de que el cuerpo inhala y exhala es tan limitada que al dirigir su atención al proceso se intimidan y llegan incluso a sentir que les falta el aire.
Y, sin embargo, la clave fundamental para aprender a manejar la respiración y utilizarla a plenitud, para un incremento de la salud física y del sosiego de la mente, es precisamente observar la respiración espontánea, su ritmo y su profundidad, sin cambiarla. Al dirigir la atención al acto de inspirar y espirar, esta función se desplaza de los centros primitivos reptilianos a la más humana corteza cerebral, lo que ya implica un mayor grado de conciencia y control, y un menor grado de reacciones instintivas ante los embates del entorno o los de la propia mente. El mecanismo es muy sencillo y sus consecuencias muy profundas; tanto que meditaciones tan eficaces como la Vipassana se basan simplemente en enfocarse en el flujo de aire en las fosas nasales. Es suficiente, en la cotidianidad, con enfocarse unos minutos en ese flujo involuntario del aire que entra y sale para que una mente descentrada se enfoque y se calme.
Los patrones de la respiración afectan directamente los patrones de la mente. Una respiración alta, corta y arrítmica le envía al cerebro una señal de pánico que dispara las reacciones químicas correspondientes: mucha adrenalina y glucosa, aunque no haya un peligro real. Por el contrario, una respiración abdominal larga y rítmica manda señales de que todo está bien, aún si hay una amenaza tan aterradora como un viaje en Transmilenio o un policía ocioso.
La respiración abdominal utiliza el diafragma y es fácil de aprender: por cinco minutos tiéndase cómodamente bocarriba y coloque un peso —por ejemplo un libro— no muy liviano en el área del ombligo. Al principio limítese a observar el movimiento del abdomen. Poco a poco deje que durante la exhalación salga todo el aire y el libro se hunda, y en la inhalación, con ayuda de los abdominales, lo empuje suavemente hasta lograr la máxima expansión del área sin involucrar el tórax. Aquí hay que vencer la tara cultural que nos mantiene el abdomen contraído. Habrá entonces una mayor oxigenación y una relajación garantizada. Aunque hay otras maneras de respirar, la abdominal es una herramienta básica que después puede complementarse con la respiración torácica de la que se hablará luego.
El tema es fascinante y falta educación al respecto, pues ésta se limita a unas cuantas referencias en clase de educación física; pero el alcance de saber respirar va desde el incremento del vigor físico hasta el cultivo de una mente serena y productiva. Evidentemente no es lo mismo un pueblo que apenas si resuella que un pueblo que respira.
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