Opinión |17 Ago 2012 - 11:18 pm
De obituarios y otros placeres
Por: Adolfo Meisel Roca
Leer semanalmente la revista The Economist es un placer que no parece tener rendimientos decrecientes.
Por lo menos en mi caso, con el paso de los años su lectura me resulta más y más grata. En parte, esto se debe al mayor conocimiento del producto que uno va adquiriendo. Esto nos permite seleccionar, sin mucha dificultad, aquellas secciones a las cuales uno quiere dedicar mayor tiempo. Muchas personas opinan que este es el mejor semanario del mundo en temas económicos. La verdad es que no tiene competencia. Es un producto singular, por la calidad del análisis, la amplitud de los temas, la claridad de su redacción, una presentación exquisita y la ironía, a veces subrepticia, que se percibe en muchos de sus artículos.
Los informes económicos especiales sobre países, regiones y temas de actualidad son de un inmenso profesionalismo. Pero en mi caso, lo que me resulta más atractivo de la revista son sus páginas finales. Suelo empezar allí la lectura de cada ejemplar. Conozco a otras personas que hacen lo mismo.
Lo primero que uno se encuentra al empezar la lectura de The Economist en la última página es el obituario. Los de esta revista suelen estar siempre muy bien escritos, pues sintetizan en pocas líneas la vida y la singularidad de la persona sobre la que escriben. Algunos incluso son piezas maestras del género. No necesariamente se refieren a gente famosa, o que haya ocupado cargos importantes. Por ejemplo, hace unos meses hicieron el obituario del último nativo de las islas del Pacífico sur que dominaba el arte de navegar sin instrumentos, guiándose sólo por las estrellas. Otras veces hablan de un poeta poco conocido o un guerrero o un gran botánico o un dramaturgo o un estafador. Después de los obituarios vienen dos páginas con cifras económicas y una gráfica de barras con comparaciones que muchas veces iluminan diferentes aspectos de la economía mundial de una manera impactante y sintética. A continuación encuentra uno reseñas de libros, comentarios sobre exposiciones, crítica de cine. Después de leer todo esto yo me siento ya bien servido. Luego viene la revista económica en sí. Habría que dedicarle mucho tiempo para leerla toda juiciosamente. Casi siempre leo el informe especial y alguna otra cosa que me llame la atención. Debo decir que en menos de una hora de lectura es imposible hacer una revisión incluso ligera.
Se trata sin duda de una revista de una calidad excepcional. Pero para mí está muy claro: lo mejor son los obituarios. Tal vez lo que me lleva a esa opinión tan tajante es que se trata de un género que en el mundo hispano es bastante precario. Parecería que la vida examinada, incluida la de los demás, es algo que no tiene una afinidad electiva con el mundo católico, donde la confesión permite que todo se pueda borrar. “No hay muerto malo”, dice el muy castizo dicho. Claro, tal vez en el último minuto se arrepintió de todos sus pecados. Especulo solamente, pero quedo con la misma inquietud que me deja el hecho de que la biografía tampoco sea un género con mucha fuerza en el mundo hispano-católico. ¿Hay algo cultural aquí?
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Adolfo Meisel Roca | Elespectador.com
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