Opinión |19 Ago 2012 - 11:00 pm

Lorenzo Madrigal

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Una vez más, el asilo

Por: Lorenzo Madrigal

Tema recurrente de estas no- tas ha sido el asilo.

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    http://www.elespectador.com/opinion/columna-368742-una-vez-mas-el-asilo
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Veo que ha pasado el tiempo. Me eduqué en el derecho admirando esa institución garantista que es el refugio, especificado en asilo territorial o diplomático. Pero el periodismo joven da la impresión de ignorarlo, de considerarlo un escape o fuga o, lo que es peor, una escapatoria de criminales.

El presidente Correa puede ser lo que sea. Sabemos que se enfoca hacia un gobierno de mano dura en lo interno y de supresión desafiante de la libertad de prensa, factor esencial de la democracia. Pero si procede como es debido en materia de asilo, que es tema internacional, hay que reconocerle su erguida posición, a la cabeza de un país pequeño, enfrentado a una potencia del primer mundo.

Julian Assange bien puede ser un periodista o un hacker, no es el caso. Un gobierno le ha concedido el asilo y las convenciones internacionales le permiten al asilante calificar el delito por el cual es perseguido. Es lo convenido en protocolos internacionales. En principio debe ser un delito político, pero un delito común bien puede servir de pretexto para cobrarle débitos políticos al refugiado.

A la hora de escribir esta columna ya se sabe que Londres no arrebatará por la fuerza al refugiado, como habría amenazado. Sería tanto como invadir al país que decide el amparo. Se sabe que no lo hará, como también se sabe que no concederá el salvoconducto para permitirle viajar a Ecuador, donde el asilo diplomático se convertiría en territorial. Esto, sin embargo, es un bloqueo de tipo dictatorial, igual al que impuso Odría en Perú, en el caso Haya, sin solución durante cinco años.

Un país como Inglaterra, que ha defendido por medio de una guerra sus posesiones en Latinoamérica, no podrá negar los derechos territoriales latinoamericanos en Inglaterra. La sede de la Embajada, la residencia del embajador y aun los autos oficiales de ese despacho son ajenos a la jurisdicción inglesa y el solo hecho de que la policía de este país circunde la sede ecuatoriana es un acto inamistoso y amenazante para el ejercicio del derecho fundamental de asilo.

No quiero recordar el asalto de otro gobierno sajón a la Nunciatura de Panamá, embajada del Vaticano (1989), cuando fue extraído por la fuerza (y por la debilidad del nuncio de Su Santidad, su ilustrísima Laboa) el presidente de ese país, general Noriega, para ser llevado a prisión infamante en los Estados Unidos.

Desde el punto de vista de quienes son víctimas de los abusos del derecho, esta institución garantista es un oasis de salvación que interpone una pausa en la consideración de lo que es justo o injusto y, como tal, debe respetarse el análisis de los hechos que haga el asilante, aun discrepando del mismo.

 

 
  • Lorenzo Madrigal | Elespectador.com

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