Opinión |22 Ago 2012 - 11:29 pm
¿Publicidad engañosa?
Por: Elisabeth Ungar Bleier
En los últimos meses, los radioescuchas y televidentes del país hemos estado sometidos a un inclemente bombardeo de publicidad por medio del cual, a través de los medios de comunicación, nos quieren convencer de las aparentes bondades de dos grandes multinacionales de las industrias minera y de hidrocarburos.
Más allá de las molestias que las interminables e impostadas declaraciones de admiración hacia las compañías por parte de “abnegados” y “orgullosos” trabajadores pueden generar en muchas personas, en principio, esto no debería generar ninguna suspicacia.
Sin embargo, llama la atención que esta arremetida publicitaria por parte de dos de las empresas involucradas se haya producido precisamente en momentos en los que han sido cuestionadas tanto por autoridades estatales como por miembros de las corporaciones públicas, asociaciones profesionales especializadas, organizaciones sociales y ciudadanos por muchas de sus actuaciones. Y no se trata de acusaciones menores. Éstas van desde supuesta evasión tributaria, el pago de regalías por valores inferiores a los que por ley les corresponden, persecución sindical y transgresión de las normas laborales, hasta daños ambientales y en la salud de los trabajadores y habitantes de las zonas de influencia.
Seguramente se dirá que somos libres de cambiar de canal. Pero no por esto debemos dejar de preguntarnos si estamos frente a una publicidad engañosa y a una campaña de desinformación a los ciudadanos, que pretende desviar el debate. Por mucho menos, hace unos meses el Superintendente de Industria y Comercio cuestionó la publicidad de un producto de belleza que era anunciado por una conocida presentadora como una especie de “elixir de la eterna juventud”. En este caso, los potenciales afectados eran quizás solamente unos cientos de clientes que buscaban retrasar las señales del envejecimiento. Fueron numerosas las noticias que se generaron en torno a esta seguidilla de denuncias y contradenuncias, y por supuesto no faltaron las largas entrevistas a la “diva” que estaba promocionando el producto, a su abogado y al funcionario que se atrevió a cuestionar la validez del contenido de la publicidad. Y todo ello por un supuesto engaño a la ciudadanía.
Ahora, con las interminables cuñas minero-energéticas nos quieren hacer creer que “todos somos” la empresa petrolera, que las bondades y las maravillas de la actividad minera que aparecen en las pantallas de los televisores “hablan por sí solas”, que las denuncias y las críticas que se han venido haciendo carecen de todo fundamento, que todo se reduce a una campaña de desprestigio y persecución contra una industria “que sólo ha generado riqueza y prosperidad”. ¿Será que estamos ante un caso de publicidad engañosa, que podría afectar a miles y miles de ciudadanos?
Si bien los medios de comunicación están en su legítimo derecho de financiarse con publicidad, es pertinente preguntarse si estos multimillonarios contratos inciden en su política y contenidos noticiosos. No sería la primera vez que la publicidad se convierte en un factor de autocensura, y por ende en una limitación a la información.
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Elisabeth Ungar Bleier | Elespectador.com
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