Opinión |24 Ago 2012 - 10:59 pm

Mauricio García Villegas

Los nombres de las cosas

Por: Mauricio García Villegas

El lenguaje no es una representación perfecta del mundo. Las palabras no siempre tienen un sentido claro y con frecuencia no sabemos cómo nombrar lo que vemos.

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Eso no siempre es un problema; la literatura, el arte, el amor y la poesía, entre otras cosas, se nutren de esa falta de correspondencia entre realidad y lenguaje. La vida humana sería plana e insípida si no existiera eso que los lingüistas llaman polisemia (una palabra con varios significados) y que nos permite soñar e imaginar mundos distintos. Nada más molesto que conversar con alguien que interrumpe a cada paso la charla para señalar la definición oficial de las palabras. Una cierta dosis de ficción y mentira es necesaria para hacernos entender y poder conversar.

El arte de la retórica se vale justamente de eso. Un buen orador sabe que las cosas pueden ser dichas de muchas maneras y que cada auditorio tiene sus preferencias. No es lo mismo hablar del ser humano como un “cuerpo animado” que como un “alma encarnada”; o hablar de Napoleón como “el vencedor de Austerlitz”, que como “el prisionero de Santa Elena”. Siempre hay maneras distintas de decir lo mismo: un régimen militar puede ser presentado como una dictadura o como una revolución; un guerrillero como un terrorista o como un luchador por la justicia; un apretón de manos entre un presidente y un obrero puede ser explicado como una alianza popular o como una traición a la clase obrera. Esta misma semana, en Colombia, el general Navas, comandante de las Fuerzas militares, dijo que la paz era el resultado de la victoria militar, mientras que Piedad Córdoba, en cambio, dijo que la paz era un imperativo ético.

Pero el exceso de ficción y mentira también es malo y eso es lo que ocurre a veces en el mundo de la política. “Cuando las palabras pierden su sentido, los hombres pierden su libertad”, decía Confucio. El arte de la retórica se convierte entonces en el arte de la manipulación. Las palabras van por un lado y las cosas por otro. Joseph Goebbels, el célebre ministro de la propaganda nazi, decía lo siguiente: “A fuerza de repetir y con la ayuda de un buen conocimiento de la psiquis de las personas, debería ser posible probar que un cuadrado es de hecho un círculo. Después de todo, qué son ‘cuadrado’ y ‘círculo’ sino simples palabras. Y las palabras se pueden acomodar siempre hasta oscurecer aquello que ellas dicen”.

Ahora que se habla tanto de rehacer el gabinete ministerial, de elecciones y de reelecciones, habría que empezar por recomponer los nombres de los grupos, partidos y movimientos que hacen parte de nuestro espectro político, con el fin de que haya más correspondencia entre esos nombres y las ideas que van con ellos. Salvo los cristianos, aquí las identidades políticas son muy confusas: los verdes no tienen nada de verdes; el Partido de la U es un grupo informe en donde están los santistas y los opositores a Santos; Cambio Radical propone de todo menos un cambio radical; los liberales están llenos de conservadores y los conservadores de liberales; el llamado Puro Centro Democrático no es un centro sino una derecha pura y dura (tan claro como que el cuadrado no es un círculo) y en la izquierda hay demasiados nombres para agrupar (o desagrupar) a gente que piensa más o menos lo mismo (ahora que digo esto me doy cuenta de que por el lado de la derecha hay más nombres de partidos que ideas y por el lado de la izquierda es lo contrario, hay más ideas que nombres de partidos).

Un mínimo de coherencia entre el nombre del partido y sus ideas sería una buena manera de empezar a recuperar la credibilidad de los políticos.

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Opiniones

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Vonf

Sab, 08/25/2012 - 18:29
Eso indica que la masa que vota, que es lo que les importa a los politicos, no se toma el trabajo de pensar, simplemente les gusta el eslogan. Me acuerdo ahora que la iglesia catolica quiso que los medios cambiaran el nombre de fenomeno del niño por el de fenomeno del pacifico.
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lgomezu

Sab, 08/25/2012 - 15:44
Para explicar lo que pasó con la Ley 100 solo hay dos opciones: 1. Quienes la diseñaron y aprobaron no estaban bien infromados sobre el tema, situación tremendamente preocupante; 2. Sí sabían, pero vieron la oportunidad de montarle a los grupos financieros un gran negocio, y así lo hicieron, escenario tan preocupante o más que el anterior. Como lo dije inicialmente, no hay ninguna otra opción, y cualquiera de estas dos es muy grave.
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lgomezu

Sab, 08/25/2012 - 15:38
lo que dice Gobel fue lo que hicieron quienes diseñaron y sirvieron de ponentes de la Ley 100: nos hicieron creer que SALUD y atención médica son sinónimos, y mediante tamaño engaño les montaron el negocio a unas Empresa Prestadoras de Atención Médica que llamaron "Entidades Promotoras de Salud", encargadas de prestar un Plan Obligatorio de Atención Médica que llamaron "Plan Obligatorio de Salud". Mediante semejante engaño el derecho a las salud quedó reducido al vulgar derecho a atención médica. Consecuencias: Las Eps se han enriquecido aprovechándose del trabajo del médico, obrerizado por ley,mientras tenemos niños con la famosa "salud subsidiada" que se mueren hasta de desnutrición, o por enfermedades relacionadas con la falta de agua potable. Otro legado de Uribe...
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Dolores Edelmyra

Sab, 08/25/2012 - 13:38
Pierde su tiempo porque el cocombiano no tiene la más remota idea del significado de la palabra. Para muestra un presidente tatareto que no habla de corrido, no lee, no escribe y necesita, como Bush hijo, a alguien que le sople lo que dice mediante un dispositivo electrónico.
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JAIMEBAL

Sab, 08/25/2012 - 09:06
Muy importante el tema. También yo extrañé que don Mauricio hubiera pasado por encima a los "cristianos". Se supone que los pastores llevan las ovejas "a buenos pastos" o no?. Y otra cosa, me gustaría que alguien me explicara, el periodista en primer lugar, el significado de "gente de bien". Uno oye la expresión pronunciada a boca llena por los estratos 3 hacia arriba. Sería bueno ponernos de acuerdo en lo que tiene el dicho y tanto gusto les da a quienes se la auto-aplican y...que los demás hasta les envidiamos...
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sofia fuentes

Sab, 08/25/2012 - 08:01
De esa deformación de la palabra con su concepto, lo primero que debíamos exigir es que existan partidos políticos, aquí lo que hay, como bien se ha definido: empresas electorales de beneficio propio o de grupo, pero no con una orientación política, filosófica y ética, sobre un modelo de Estado, sino de latrocinio. Si de llamar por su nombre las cosas todos deberían ser de la U, todos hacen el giro al gobernante, esto es a la nómina y al presupuesto. Bien les vendría un nombre de Partido Puro Presupuesto Personal y así no tendríamos ese distanciamiento entre palabra y obra, No dicen por ahí que quieren darse otra amnistía para cambiar de partido,como vamos mejor lo institucionalizamos cada 4 años, con pluralidad en caso de que presidente, alcalde y gobernador difieran de "partido".
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anaviky

Sab, 08/25/2012 - 07:58
Nunca se supo el nombre de la rosa.
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hernando rosado

Sab, 08/25/2012 - 06:35
en general no se le da el sentido estricto a las palabras , sino a lo que desea trasmitirnos nuestro interlocutor : "cuando los conoci , eran unos BUENOS MUCHACHOS , no se que les paso ? ".....AUV , la traduccion correcta es : que Bandido no reconoce a otro Bandido ??? se Co-responden !!
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gente común

Sab, 08/25/2012 - 01:13
Me quedó debiendo la explicación que dió por obvia de los cristianos. Tal vez, quizá por aquello que son dados a jugar con una moral en la fachada y a trabajar con otra en la retaguardia? ¿No fueron acaso cinco (5) los pastorcitos que resultaron beneficiados en el pasado régimen durante el cual y como consecuencia del escándalo de la parapolítica terminaron empoderados de los cargos por fungir como suplentes de los parlamentarios destituídos? O será que en un país donde reina la violencia, la corrupción y la practica del todo vale para conseguir los propósitos, su doctrina se constituye en una carta de navegación que todo lo exculpa?....Si, merecía una explicación.
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doloresthomas

Sab, 08/25/2012 - 00:22
Con personas que a duras penas saben hablar (los políticos colombianos), es difícil que se logre este imperativo confuciano. Igual, se agradece la columna como todos los sábados. Da para pensar...

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