Opinión |26 Ago 2012 - 1:00 am
Noticias del vecindario
Por: Mauricio Botero Caicedo
Pocas noticias más irónicas que Rafael Correa, gobernante del Ecuador que sistemáticamente viola los derechos de información, pretenda (al otorgarle asilo al fundador de Wikileaks, Julian Assange) convertirse en adalid de la libertad de prensa.
Como bien reza reciente editorial de El Comercio de Lima (agosto 17/12): “Correa se ha preocupado por construir un amplio currículum de atropellos a la libertad de expresión en Ecuador. Ya ha logrado cerrar unos 20 medios de comunicación opositores, ha creado un consejo censor para los contenidos de prensa e impide a los medios tener acceso a los funcionarios estatales. La razón detrás de esta política contra la prensa privada, en palabras del mismo secretario de Comunicación ecuatoriano, Fernando Alvarado, es que ‘un jardinero debe podar todos los días’. Con razón la misma madre de Assange le regaló a Correa el siguiente cumplido: ‘Es usted un buen dictador’. Correa, más que ‘buen dictador’, es el ‘correveidile’ de Chávez”.
Hay un aspecto, sin embargo, que poco se ha discutido en los medios: ¿Será que Suecia está actuando como ‘calanchín’ de los estadounidenses para proceder a extraditar al señor Assange? Uno puede o no estar de acuerdo con las leyes de un país, pero al pisar su suelo, hay que respetarlas. Si un juez en Suecia solicita la extradición de Assange es porque considera, con el respeto que merece el sistema judicial de dicho país, que el periodista —en aras de establecer su inocencia o culpabilidad— debe ser juzgado. No veo razón alguna para pensar que la justicia sueca se preste a ser instrumento de los intereses de Estados Unidos. Si un periodista pretende que se le respete, es esencial primero aprender a respetar.
¿Qué ha sido el costo comparado con el beneficio del cambio que se les ha dado a las relaciones con Chávez? En opinión de este columnista, el costo es mayor que el beneficio. El único beneficio tangible de la nueva relación con el apóstol del socialismo del siglo XXI es un leve aumento en las exportaciones colombianas, aumento que no se compadece con la abierta discriminación de las autoridades cambiarias venezolanas: los exportadores colombianos —cuando finalmente les autorizan el pago— son los últimos en recibir autorización del Cadivi.
Pero lo grave no es la demora en los pagos: lo grave es la alevosa política de Chávez, su gobierno, y los altos mandos militares venezolanos de seguir permitiéndoles a los narcoterroristas de las Farc y el Eln utilizar la frontera como centro de operaciones y entrenamiento, por no hablar del acopio y transporte de estupefacientes. Según reciente informe de El Tiempo (agosto 4/12): “Desde Venezuela, ‘Pablito’, jefe del Eln siembra el terror en Arauca”. El mismo Gobierno colombiano acepta que le ha dado al gobierno venezolano las coordenadas en que se encuentran los campamentos guerrilleros. La respuesta cínica de los venezolanos es que cuando llegan los militares, los narcoterroristas ya se han ido. Con amigos como Chávez, la pregunta obvia es: ¿si no es peor tenerlo de amigo que de enemigo?
La transformación del Perú, con un continuo y robusto crecimiento económico, sólido desempeño fiscal y prudente manejo de su deuda, merece admiración. Pero como bien lo afirma el embajador Gustavo Lembcke en reciente artículo (El Tiempo, julio 30/12): “Este crecimiento económico no podrá sostenerse en el tiempo si no se encuentra afirmado en una institucionalidad que preserve la democracia y los derechos humanos a través del orden jurídico, que otorgue las condiciones necesarias de gobernabilidad, estabilidad y paz social que exige también la economía”.
Colombia debe atar su futuro es al Perú y la “Alianza del Pacífico, y dejarse de coqueteos desgastadores con ese par de saltimbanquis que son Correa y Chávez.
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Mauricio Botero Caicedo | Elespectador.com
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