Por: Rafael Orduz

Criminales, solventes, obedientes

El asunto Santoyo produce un sentimiento contrario al que desataron los medallistas de Londres en los colombianos, esa alegría de sentirse colombiano, tan escasa en tiempos del narco y la corrupción.

En vez del inmenso orgullo por Mariana Pajón, Catherine Ibargüen u Óscar Muñoz y por los demás triunfadores olímpicos, el caso Santoyo es más que una vergüenza nacional.

En sí mismo, lo de Santoyo trata de un comportamiento infame que involucra el enriquecimiento ilícito, el tráfico de drogas y, lo más grave, el asesinato de personas a cargo de los beneficiarios ilegales de la información privilegiada suministrada por el coronel y luego, reintegrado, general. Si la información de El Tiempo (26-08-12) resultara cierta, el general pagaría unos cinco años de cárcel y luego fijaría su residencia en Miami por la vía del preacuerdo que se estaría cocinando durante las próximas semanas.

Vaya pena para quien, por obra de las ‘chuzadas’ orquestadas cuando era coronel en Antioquia, comparte responsabilidad en la desaparición y muerte de personas como Ángel José Quintero y Claudia Patricia Monsalve, miembros de Asfaddes (justamente la organización que indagaba por detenidos desaparecidos).

Lo grave no es sólo el comportamiento del infame, sino la constelación de factores que propician que individuos con cuotas de poder público y mando para combatir la delincuencia se conviertan en mercaderes de la muerte.

Lo primero, la cultura que enaltece el enriquecimiento ilícito de tales personajes. Las cuentas de sus salarios no dan para sostener el nivel de vida del que, con base en sus ingresos extras ilegales, hacen ostentación. Nadie se pregunta cómo se convierten en prósperos industriales y comerciantes estando en el servicio. Ni la DIAN, ni los colegas dedicados a inteligencia, ni el entorno. Verdaderos casos de éxito para la escuela de negocios de Harvard.

Segundo, los actores obedientes, imprescindibles en la carrera de los atajos criminales hacia la prosperidad. ¡Cómo funcionó en esta ocasión la disciplina de bancada para la aprobación de la ley que promovió a Santoyo en comisión segunda y luego en plenaria, pese a informaciones como la del fallo de inhabilidad y destitución de la Procuraduría, de público conocimiento! Gloria a Cecilia López, Alexandra Moreno, Juan Manuel Galán, Jesús Piñacué y a los que, en plenaria, dejaron constancia de su voto.

En tiempos de tanto terrorista detectado en la sociedad, de tantos éxitos frente a los grupos armados ilegales, qué bien operó la “cadena de obediencia” para la promoción de Santoyo.

Cuántos centenares de miles de miembros de la Fuerza Pública jugándosela a diario, cuánto mutilado de todos los días por las minas antipersonales, cuánta gente en busca de ejemplo, para que 23 años después se siga repitiendo aquel terrible artículo del Time, de acuerdo con el cual el comandante de la Policía de entonces estaba en la nómina del cartel de Medellín. Y, ahora, de nuevo, los gringos contándonos acerca de un general.

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