Opinión |30 Ago 2012 - 9:14 pm
Nicholas Winton, un héroe discreto
Por: Juan Carlos Botero
La presentadora de la BBC sopesa en sus manos la lista de sobrevivientes. Luego dice: las personas que le deben la vida a Nicholas Winton, ¿serían tan amables de ponerse de pie? Todas son personas de edad, y una por una se empiezan a levantar de sus puestos hasta que la mitad del público en el auditorio queda en pie.
Nicholas Winton luce lentes gruesos y está en excelentes condiciones físicas, a pesar de haber nacido en 1909. Entonces da media vuelta en su silla, se incorpora con trabajo, tembloroso, y parece sorprendido ante la cantidad de personas que le están dando las gracias. En silencio, el hombre se pasa un dedo por los ojos para quitarse las lágrimas.
Este señor le salvó la vida a 669 niños, y no se lo contó nunca a nadie.
Ocurrió por casualidad. A finales de 1938, a los 28 años, Nicholas Winton viajó a Suiza, a donde pensaba esquiar con un amigo. Sus planes cambiaron, y en vez llegó a Praga en donde recorrió los campos de refugiados, llenos de niños pobres y hambrientos que llegaban en masa, huyendo de los alemanes que habían invadido el norte de Checoslovaquia. De inmediato Winton entendió la gravedad de la situación: todos esos chicos, en particular los de familias judías, iban a morir en manos de los nazis, y las autoridades no estaban haciendo nada para impedirlo. La única forma de salvarlos, se dijo, es sacándolos del país. Pero, ¿cómo? ¿Y a dónde?
Durante tres semanas el hombre hizo lo que pudo, averiguando los nombres de quienes estaban en mayor peligro, los que había que sacar de Praga antes de que estallase la guerra. Luego regresó a Londres, y desde ahí, todos los días después del trabajo y hasta tarde en la noche, se dedicó durante meses a una tarea imposible: organizar la huida de los niños en tren, a través de Alemania. La empresa era descabellada y colosal. Había obstáculos diplomáticos y burocráticos. Se requería dinero para el viaje y para mantenerlos, más permisos de viaje y permisos de ingreso. Además, no había tiempo. La guerra era inminente, y tan pronto estallara el conflicto nadie podría cruzar la frontera. Parecía una agencia de adopción a cargo de una sola persona, porque los niños podían viajar, pero sólo si alguien garantizaba adoptarlos. Por fin Winton logró llenar un tren con niños, dirigido a Londres. Luego otro. Y otro. Ninguno de los niños volvió a ver a sus padres, quienes murieron en el holocausto. En total, llegaron casi 700 niños a Inglaterra en ocho trenes. Finalmente, el noveno tren, con 250 niños a bordo (luego de haber organizado que 250 familias los recibieran), fue retenido por tropas alemanas. Era el 1° de septiembre de 1939: Alemania había invadido Polonia y había comenzado la Segunda Guerra Mundial. Esos 250 chicos murieron, la mayoría en Auschwitz. En fin, gracias a este hombre admirable, al menos 669 criaturas se salvaron de una muerte segura.
Sin embargo, Nicholas Winton nunca le contó nada de esto a nadie. Un día de 1988, su esposa, mientras organizaba unos muebles en el desván de la casa, encontró un álbum lleno de papeles, y ahí estaba todo, incluyendo la lista de cinco mil personas que Winton quería salvar y los nombres de los 669 que a lo último rescató. Este hombre mantuvo la historia de su hazaña en secreto. Winton es un héroe, pero un héroe discreto. Y eso es aún más admirable.
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