Opinión |4 Sep 2012 - 10:28 pm
La Amazonia en 2035: el paraíso perdido
Por: Columnista invitado
El mes pasado, agosto de 2035, volamos en un superhelicóptero artillado XZ-47 de la FAC para verificar los comentarios y opiniones que circulan insistentemente a través de las redes sociales sobre el destrozo de la Amazonia, después de que gran parte de ella se convirtiera en espacio estratégico para la explotación minera.
Desde el aire observamos un paisaje que recuerda las imágenes de la superficie de Marte. En las extensas llanuras de tierra rojiza, erosionadas y estériles —donde hace unos años crecía exuberante la selva amazónica, rica en biodiversidad y en agua, que actuaba como un regulador del clima mundial y en la que habitaban múltiples grupos indígenas— apreciamos enormes cráteres abiertos para extraer los minerales del subsuelo.
Es posible que el gobierno nacional recibiera ingresos cuantiosos por estas explotaciones —aunque menores de lo esperados—, pero en el nivel regional las regalías pagadas por las mineras terminaron muchas veces en corrupción y obras sin terminar e innecesarias. Los beneficios económicos reales se concentraron en el aumento de la riqueza de los accionistas de las transnacionales. Hoy, luego de 23 años de haber declarado algo más de 17 millones de hectáreas como zona estratégica para la minería, es claro que el camino escogido por el gobierno de la época, de llevar a la Amazonia la que entonces se llamó la “locomotora minero-energética”, fue una equivocación grave con efectos irreversibles.
La decisión se basó en la ingenua y equivocada idea de que la minería puede hacerse como si fuera una operación quirúrgica de alta precisión, afectando tan sólo el sitio en que se desarrolla la mina. En la realidad, los efectos ambientales y sociales de una actividad tan intrusiva, impactante y difícil de controlar, afectaron enormes extensiones. La medida fue además un reconocimiento tácito de la incapacidad del Estado para controlar la actividad ilegal y ordenar el caos en que se había convertido la explotación minera en el país. Para ello pretendía “congelar” durante 10 años la entrega de títulos mineros y otorgarlos solamente a los más capacitados técnicamente.
En el momento de la decisión se plantearon dos posibilidades excluyentes: aplicar un modelo de destrucción y saqueo de los recursos naturales o buscar el desarrollo sostenible. A pesar de las advertencias sobre los riesgos y costos sociales y ambientales, se decidió seguir el camino más rápido: entregar la región a la voracidad de las mineras internacionales y la minería ilegal.
El camino escogido no era compatible con el de la sostenibilidad. Se sacrificó el futuro en aras de la rentabilidad a corto plazo. La alternativa sana hubiera sido la de optar por el desarrollo sostenible, basado en la conservación de la selva, en el aprovechamiento inteligente de su biodiversidad y de sus servicios ecosistémicos, y en el respeto de los valores culturales amazónicos y la integración internacional. Lamentablemente, este camino ya no es posible.
Ernesto Guhl Nannetti,
* Exviceministro de Medio Ambiente.
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*Ernesto Guhl Nannetti | Elespectador.com
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