Opinión |10 Sep 2012 - 10:45 pm
Glifosato pasado por agua
Por: Rafael Orduz
Hay narcos ecologistas que lograron que se fumigara con agua en vez de glifosato a comienzos de la década pasada, en el Catatumbo, con ayuda oficial, según nota que pasó desapercibida.
Es lugar común referirse al fracaso de la política antidrogas. Los consumidores de cocaína en el mundo oscilan entre 13 y 20 millones e ingieren entre 850 y 1.000 toneladas métricas anuales. Para satisfacer su demanda se necesitan menos de 200.000 hectáreas de cultivo de coca, sin importar cómo se distribuyen geográficamente. De acuerdo con el ya conocido informe de Naciones Unidas (2012), el área cultivada bajó, aunque el consumo no lo hizo.
También es claro que se presenta una recomposición geográfica. En total, en el 2010 hubo 150.000 hectáreas cultivadas y Perú, por primera vez en años, ocupó el primer lugar. Así las cosas, Colombia “sólo” representa el 42% del área total cultivada. Suficiente para servir de fuente básica de ingresos para grupos paramilitares, las llamadas bacrim, oficinas tenebrosas tipo ‘Envigado’ y numerosos frentes de las Farc y otras especies.
En diligencia de la Fiscalía, además de las lágrimas de Mancuso y de expresar su temor a hablar por miedo a represalias contra su familia (¿quién podrá ser temido por Mancuso?), la que pasó desapercibida fue una noticia aparecida a finales de julio último en diarios regionales (La Opinión, El Universal) en la que alias Mauro, José Bernardo Lozada Artuz, un señor que dirigió uno de los frentes del Bloque Catatumbo (el Tibú), “… relató cómo logró que las aeronaves encargadas de las fumigaciones de los cultivos ilícitos en el Catatumbo remplazaran el glifosato por agua” (La Opinión, julio 27/2012).
Para algunos fines los testimonios de bandidos han servido, para otros no. En este caso, dice alias Mauro ante la Fiscalía que la operación de sustituir glifosato por agua se coordinaba con los altos mandos antinarcóticos en Bogotá y que quienes tenían la tarea de fumigar simplemente cumplían las órdenes. “Nos echaban agua en vez de glifosato”.
Como la reducción del área sembrada por virtud de las fumigaciones, así fuese modesta, se ha pregonado durante años en las sucesivas entregas de los informes anuales, vale la pena preguntarse cómo la Policía Antinarcóticos reportó las cifras del área del Catatumbo en aquellos años. El área real cultivada del Catatumbo era mayor a la reportada. En principio, las estadísticas se basan en verificación satelital, aunque también tienen en cuenta los informes de erradicación.
De ser cierta la afirmación de Mauro, el primer engañado es el contribuyente norteamericano, embarcado en una guerra por definición absurda y, peor, con falsificación de datos de ejecución. ¿Qué poder de verificación tienen las agencias multilaterales y norteamericanas?
Lo grave, por supuesto, es la protección oficial al negocio de los ‘paras’ en la zona del Catatumbo. Una burla en términos de los objetivos de las fumigaciones, así éstas fueran inútiles.
Las autoridades policiales del momento, los directores antinarcóticos, no se han referido al tema.
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