Opinión |18 Sep 2012 - 10:47 pm

Columnista invitado

Realismo y dignidad en el ambiente rural

Por: Columnista invitado

¿Cuántos colombianos podrían realmente vivir con dignidad en el campo? Ésta es una de las preguntas fuertes en el proceso de paz. En un contexto de cambios impredecibles en el clima, después de décadas de erosión intensa, con los ríos contaminados, ¿es realista esperar que quienes regresen al campo puedan vivir allí dignamente?

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Las cuentas son claras. Dividir los 22 millones de hectáreas aptas para agricultura entre los 12 millones de habitantes rurales —tres o cuatro millones de familias campesinas—, daría entre 5 y 7 hectáreas para cada familia; el PIB agropecuario es el 7% del total, unos $42 billones, y si se pudiera repartir igualitariamente, a cada una de esas de familias le podrían quedar al año, después de pagar costos, uno o dos salarios mínimos que son buenos para salir de la pobreza, tal vez no para entrar en la dignidad. La alternativa, los cultivos de coca, producen anualmente $13,6 billones que hoy enriquecen a unos pocos dentro de los grupos de criminales.

En el discurso político el desarrollo rural aparece continuamente, en la izquierda y en la derecha, como la solución para la paz, pero si se analizan las cifras eso no parece muy realista. Tal vez las respuestas están en la palabra dignidad, en la posibilidad de restaurar los ecosistemas y en el tratamiento integral y complejo del país, lo urbano y lo rural entrelazados, como lo son en realidad.

En este momento la vida digna parece ser una meta común en el proceso de paz y sería interesante conocer si la izquierda y la derecha coinciden realmente en su significado. ¿Se puede y se debe medir la dignidad en términos económicos? ¿En cuántos millones anuales? ¿Cuáles son las variables que consideran los campesinos cuando piensan en una vida digna? ¿Los pocos que se han hecho ricos en el campo con el narcotráfico viven dignamente? ¿Se lleva una vida digna en los campamentos de las plantaciones? ¿Es más fácil vivir dignamente en las ciudades?

Para aproximarse a las respuestas es interesante estudiar lo que ha sucedido recientemente en la realidad de la producción agropecuaria; los casos del café y el cacao nos pueden dar indicios. A pesar de las aparentes ventajas ecológicas y sociales de los dos cultivos, la complejidad de nuestros ecosistemas, su deterioro, el cambio en el clima, la forma como se construyen los precios en los mercados internacionales y la revaluación del peso disminuyen su rentabilidad por debajo de lo deseable para los productores, con consecuencias inmediatas en la dignidad de la vida de ellos y de los trabajadores.

El estudio detallado de la rentabilidad de la agricultura y del estado de los ecosistemas podría ayudarnos a tener una visión más real del potencial agropecuario del campo, de su relación con la densidad de la población que allí se ha quedado y de las consecuencias de aumentar o de disminuir esa densidad. Habría que enfrentar esos y otros datos con la necesidad real de maximizar la dignidad de la vida rural proporcionando a los millones de campesinos colombianos que no quieran irse a las ciudades, paz, poder democrático, justicia equitativa, ingresos suficientes, educación y salud de alta calidad y espacios de vida amables y bellos.

 

*Julio Carrizosa Umaña

  • Julio Carrizosa Umaña | Elespectador.com

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Opinión por:

luigi rodini

Lun, 09/24/2012 - 11:25
óptima columna - 2 consideraciones: muy duro el trabajo en el campo (lo he practicado) q. es lo primordial, considerando q. todavia no comemos ´tierra´ - de allí el justo reconocimiento economico q. attualmente no le viene dado en cuanto los in- termediarios y la distribución ganan demaciado

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