Opinión |20 Sep 2012 - 11:00 pm

Ana María Cano Posada

En medio

Poder creer

Por: Ana María Cano Posada

Era un número desconocido, pero contesté.

—Usted no me conoce, pero yo tengo su cartera.

Mientras se hizo un silencio en el que ambos calculábamos el peso de esta frase, pensé que en este país esto equivalía a una circunstancia temible con la que ya estamos familiarizados. En cambio, la voz masculina me reveló firmeza y confianza.

—Ayer tomé un taxi en Bogotá y la encontré en el asiento. Vi que todos sus documentos eran de Medellín, y como debía estar unos días en esta ciudad, me la traje porque imaginé que usted la iba a necesitar.

No sabía cómo decirle que gracias, en especial por la dosis de esperanza que me daba alguien así entre los escuadrones de abusivos y avivatos que tienen tanta publicidad.

Me había llamado la atención que en las cinco horas que pasaron hasta darme cuenta de la pérdida de la cartera con los documentos, ni las tarjetas de crédito ni las de débito habían tenido un solo movimiento, a pesar de estar acompañadas de la cédula de ciudadanía. La única pista para el día siguiente a ese domingo insomne era buscar la empresa de taxis del Puente Aéreo para saber si el conductor sabía algo de ella. La sorpresa fue la organización que tienen, en la cual en el plazo de una hora ya tienen establecido, a través de las cámaras de seguridad, cuál es el número del taxi que se abordó. Por supuesto, el señor había dicho que no la tenía. Y al ir a un CAI a poner el denuncio, descubrir que la Policía Nacional tiene en su página de internet un servicio donde se pueden registrar documentos extraviados y aquello queda como un sustituto del documento mientras se surten los trámites. En este punto todavía no había ocurrido la llamada del asombroso rescatista y ya llevaba dos sorpresas sobre la eficiencia y honradez que estaba planteándose en estos sistemas de trasparencia para los ciudadanos en la búsqueda de sus objetos perdidos. Claro, si no hay de por medio un hurto ni un robo.

Dos días después de la llamada acordé una cita en Medellín con esta persona, que trabaja para una empresa de comunicaciones y viene desde Bogotá a reforzar un tema de logística que va en crecimiento. La ansiedad de saber quién era, qué edad tenía y por qué lo había hecho, aumentaba. Apareció un hombre que no tenía más de 35 años, sonriente, con aire profesional, que me saludó afectuosamente. Supe por él que ante la total ausencia de datos personales en mi cartera (ninguno aparte del número de mi cédula) se puso a buscar cómo dar conmigo a través de internet. Segunda dificultad, pienso yo, y segunda generosidad de parte de él, copado como está en su trabajo. No pertenezco a ninguno de esos lugares comunes de Facebook, Twitter o Linked In que ahora me parecen útiles para hallar a las personas. Supo dónde trabajaba y se las ingenió para dar con mi celular porque yo estaba fuera de la oficina. Y así estábamos frente a frente, como dos extraños unidos por una coincidencia asombrosa.

—Qué maravilla que existan personas como usted —se me ocurre decirle, con absurda obviedad.

—Nada. Es un asunto de valores, de saber desde niños qué es lo que hay que hacer. Y, además, es la única manera de hacer que las cosas cambien en este país.

Con serenidad y confianza de cómo hace lo que hace, él quedó satisfecho de poder haber entregado lo que custodió como si fuera suyo. Sentí ahí que me había devuelto no unos objetos materiales, sino uno inapreciable que había perdido desde mucho antes: eso de poder creer en el otro.

  • Ana María Cano Posada | Elespectador.com

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Opiniones

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Dudo

Vie, 09/21/2012 - 15:57
En Pereira perdí mi celular y me lo devolvieron tres días después en mi casa en Bogotá. Eso sucedió hace 12 años lo cual significa que siempre hay mejores Colombianos que los que creemos. Ah ! el mensajero se negó a recibir recompensa.
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juanca13

Vie, 09/21/2012 - 15:47
Este tipo de historias toca "enmarcarlas", asi como las de algunos taxistas honrados que devuelven dineros o artefactos que dejan sus pasajeros, o el simple hecho de hacerle ver a una persona que se confunde y nos da mayores vueltas monetarias en alguna transaccion o compra. Son pequeñas demostraciones que unidas todas demuestran que en Colombia los honestos somos mayoría.
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paisacoraje

Vie, 09/21/2012 - 12:41
Lo que debería tomarse como un comportamiento normal y corriente, la regla, en nuestro medio es tratado como inusual, excepcional y digno del mayor encomio.
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ferchogomez7

Vie, 09/21/2012 - 12:22
"es un asunto de valores de saber desde niño q' hay q' hacer....."La familia es la Base de la DEMOCRACIA.Y como se Construye y PARTICIPA de una DEMOCRACIA?Simple,Leyendo,Pensando,Aprendiendo,Estudiando nuestra Historia y/o Constitucion,para asi saber como se Construye y PARTICIPA de una verdadera DEMOCRACIA.Vamos, despabilemonos y comencemos a dejar nuestros egoismos,mezquindades,Miedos,pereza y lo Fundamental ,nuestra Ignorancia Politica.
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Luchopintor

Vie, 09/21/2012 - 11:37
Qué alegría da leer este testimonio. Para quienes somos pesimistas acerca de la honradez de una gran porción de los colombianos, pesimismo cimentado en ingratas y frecuentes experiencias, es refrescante saber de personas que no piensan en sacarle el jugo a una circunstancia desgraciada para otra persona, como es en este caso la pérdida de sus pertenencias. Para ese grupo habituado a la deshonestidad es un papayaso para pedir "rescate" por devolver lo encontrado, no sin antes haber robado lo que hubiera de efectivo. Valdría la pena divlugar este caso entre los jóvenes y niños, como ejemplo del deber ser, pues en nuestra Colombia alrevesada es más una excepción que lo que debería ser, esto es, hacer lo correcto como norma. Para muchos de ellos no es claro qué es lo correcto y qué no lo es.
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Patecaucho Cibernético

Vie, 09/21/2012 - 11:19
Cosas como esas hacen que mi fe en la humanidad se restaure un poco.
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albasilva

Vie, 09/21/2012 - 10:38
Así se consideren una basura los realitys de la TV, debieron aprovechar los productores de Caracol TV, en el espectáculo DESAFIO 2012, para echar a los protagonistas que hicieron una trampa en una de las pruebas.´Esta hubiera sido la manera de enseñarles a los jóvenes la honradez en sus actos. Por cierto, les quitaron derechos en el espectáculo, como despojo de dineros, pero no lo que ilegamente habían ganado como prueba y no la expulsión del autor material del hecho. Esto no les enseñó a esos jóvenes que la honradez prima sobre cualquier otra cosa, por el contrario, ahora posa el autor de la acción de un hombre modelo, al que le llueven contratos. La televisión y sus canales deben servir para educar no para hacer apología de los delitos y sus autores.
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Ar mareo

Vie, 09/21/2012 - 09:37
Me paso algo similar en un viaje por zona cafetera en Pereira, donde perdi mi billetera. La llamada llego al dia siguiente. Una mujer joven y su hermano ambos estudiantes de colegio publico la encontraron en el bus intermunicipal del q yo me baje. Para mayor fortuna, el bus a manizales me llevo sin comprar pasaje con la promesa q mis amigos les pagaban cuando llegara...
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Cidnos

Vie, 09/21/2012 - 09:00
Esa es la otra cara de Antioquia que empañaron Escobar, Uribe y sus secuaces.
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Amonoi

Vie, 09/21/2012 - 08:17
El daño más terrible que se le puede hacer a la sociedad es hacerles creer a los jóvenes que aprovechar "los papayasos" es señal de inteligencia y astucia. Esa es la cultura que nos han "implantado" en su gran mayoría los dirigentes políticos y empresariales, para ellos lo mejor que puede suceder es que todo el pueblo sea pícaro, pues así se confunden entre la mescolanza y de paso siempre encontrarán quién les colabore en su robo y corrupción. Sin embargo la tendencia natural del ser humano se orienta hacia la solidaridad y casos como el que narra Ana María se repiten a diario entre la gente del común. Doy fe de ello.
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carimagua

Vie, 09/21/2012 - 08:11
PÁRADIGMAS: el hermoso y singular ejemplo que nos narra la columnista, debería ser una de las materias obligatorias de enseñanza en los colegios, desde temprana edad. Y también en los claustros universitarios; y recitarse por televisión, repasarse hasta que la sutil impronta llegue a nuestras mentes enfermizas de corrupción y toque las fibras más sensibles del espíritu, que son el honor, la honestidad, la decencia, la dignidad. Todos estos valores, a fe mía, que son exuberantes en el cotidiano vivir de la gente; sobre ello nada, absolutamente nada se sabe. Nos enseñan a que hay que ser émulo de PABLO ESCOBAR; a tomar por el atajo, enseñanza emblemática de URIBE VELEZ para alcanzar el éxito a base de delitos. La sociedad está permeada, su moral es laxa. La inversión de valores, a la moda.
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elanjoc

Vie, 09/21/2012 - 07:47
Afortunada .La rectitud se lleva como impronta aprendida desde el hogar .Infortunadamente faltan muchos hogares con sus respectivos padres .Existen muchas residencias con progenitores .Faltan ademas muchos maestros ( que informan y forman en complemento del hogar ). Existen muchos docentes improvisados y algunos malintencionados como los acosadores de ninas .Mientras no haya todo esto ,aunado a la correcion de las tantas injusticias sociales Colombia sera dolorosa .
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soloyolose

Vie, 09/21/2012 - 07:29
Así es. Ejemplos como ese le dan sentido a la vida, porque mantienen viva la esperanza de que todo mejore.
Opinión por:

soloyolose

Vie, 09/21/2012 - 07:29
Así es. Ejemplos como ese le dan sentido a la vida, porque mantienen viva la esperanza de que todo mejore.
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soloyolose

Vie, 09/21/2012 - 07:29
Así es. Ejemplos como ese le dan sentido a la vida, porque mantienen viva la esperanza de que todo mejore.
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Pietrobareta

Vie, 09/21/2012 - 06:45
De vez en cuando la vida te besa en la boca....Serrat.
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El de la H

Vie, 09/21/2012 - 06:40
Esa es mi teoría, doña Ana María: Yidis Medina, por ejemplo, hizo lo que cualquier colombiano que se autodenomine "avispado" o "vivo" haría en sus circunstancias. Un congreso de 262 colombianos escogidos al azar sería un congreso algo más inepto que el actual e igual de corrupto ya que quien compra el voto es igual de bandido que el que lo vende (así los cómplices no ganen lo mismo que el titular del fraude). Yo considero que hay que cambiar la mentalidad de la gente para poder cambiar la política y así poder cambiar la forma como se gasta -o desperdician- los recursos públicos.
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lapatri

Vie, 09/21/2012 - 04:19
Si, doña Ana, yo estoy convencida de que es así como se cambia la realidad. Me duele y sorprende constatar que los colombianos -en su mayoría- gritan y se lamentan por la corrupción, el maltrato, la deshonestidad, etc, y reclaman un estado, unos gobiernos más justos; pero en su vida privada no tienen inconveniente en sobornar funcionarios, en "comprar" papeles oficiales, en quedarse con lo que no les pertenece, etc. La justificación es "agilizar" la vida y se dicen "no hago mal a nadie"... Otra cosa será nuestra realidad cuando los colombianos seamos honestos "de verdad", y no sólo cuando "nos convenga". Así, no "vamos a llegar a ningún Pereira", como decían las mamás.

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