Opinión |22 Sep 2012 - 11:00 pm

Alberto Donadio

Emma Reyes

Por: Alberto Donadio

EL MEJOR LIBRO DEL AÑO ESTÁ EScondido dentro de otro libro: Memoria por correspondencia, de Laguna Libros.

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Muy pocos conocen a la autora, Emma Reyes, una pintora colombiana que vivió en Francia, donde murió en el 2003. Las 23 cartas que a partir de 1969 le escribió a Germán Arciniegas contándole su infancia infeliz y miserable producen un sismo interior desde la primera página. Emma Reyes, de cuatro años, vivía a comienzos de los años veinte en una pieza en el barrio San Cristóbal de Bogotá, con su hermana dos años mayor, Helena, y con la señora María. Las niñas no saben si es su mamá. “Era dura y muy severa”. En la pieza también vivía un niño, El Piojo, cuyo nombre, Eduardo, solamente conocieron el día que la señora María se marchó a dejarlo en un convento en Tunja. Durante la ausencia “fueron muchos los días que duramos encerradas en esa pieza, llorábamos y gritábamos tanto”. María se instala en Guateque con las niñas, le dan la agencia del chocolate. El día que llega el gobernador, Helena y Emma lo reconocen y le gritan a María que es el papá de Eduardo. “Nos agarró del brazo y nos tiró al piso, se quitó una de las botas y empezó a pegarnos por la cabeza, por la cara, por donde caía, nos agarró de las trenzas y empezó a darnos golpes contra la pared con la cabeza, la sangre nos escurría por las piernas y los brazos”. Cuando la señora María tiene un bebé, la india Betzabé lo abandona camino al río. Emma está presente. “En ese momento aprendí de un solo golpe lo que es la injusticia... un niño de cuatro años puede ya sentir el deseo de no querer vivir más y ambicionar ser devorado por las entrañas de la tierra. No lloraba, porque las lágrimas no hubieran bastado, no gritaba porque mi sentimiento de revuelta era más fuerte que mi voz”. María después abandona a Emma y a Helena, que terminan en un convento de monjas en Bogotá. Corrijo: en un establecimiento carcelario donde a las niñas pobres y abandonadas las aterrorizan y las maltratan a cambio de una mazamorra clara, una mogolla y un caramelo una vez al año, durante la visita del obispo, si le besan la mano. Emma Reyes describe un verdadero manual de sevicias. Sanciones extremas para faltas baladíes. La inhumanidad agregada al hambre y a la desolación. Emma hace pipí en la cama. “Sor Teresa empezó a darme bofetadas y puños por todos lados, luego me tomó de una oreja y, tirándome, marchando a largos pasos, me llevó hasta el dormitorio y me hizo destender la cama. El olor de la paja mojada de orines me penetró por la nariz, Sor Teresa me tomó de nuevo de las trenzas y empezó a frotarme la cara contra el colchón, igual como hacían con los gatos de la panadería cuando hacían pipí fuera del cajón”. No se crea que solamente las mujeres fueron víctimas de las monjas. Toda la sociedad colombiana lo fue. Como los hombres nacen de las mujeres (bueno, con la excepción de Arnold Schwarzenegger), nadie pudo escapar a la férula ignara. Colombia es un tris más vivible, no por el TLC, sino porque cesó la satrapía oscurantista de las monjas.

El volumen de Emma Reyes es una obra maestra, según sentencia atendible e inapelable de nuestro bibliotecario mayor, Jorge Orlando Melo. Pero Laguna Libros debe desencallar este testimonio histórico. Basta suprimir el “Mi querido Germán” de las cartas, buscar otro título, dejar que la obra encuentre leedores. La autobiografía de Emma Reyes no puede quedar escondida dentro de un tomo de cartas de una pintora a un intelectual. Eso espanta a muchos lectores. Que podrían ser tantos como los de El olvido que seremos de Abad Faciolince. Toca casi las mismas fibras.

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luz angela caldas

Dom, 12/30/2012 - 16:01
Falta en este comentario el señalamiento a una sociedad pacata e insensible al dolor de otros -que pueden ser los propios hijos- si de satisfacer un capricho se trata: una lista de apellidos "ilustres" comprometidos en el CRIMEN de abandonar a un niño a su suerte (inconcebibles padecimientos, carencia y muerte), con el aval de una Iglesia que los esclaviza y somete a la ignorancia y humillación. Poderes oscuros que han se han enseñoreado y dirigido una nación llevándola a la miserableza y al resultado que es Colombia violenta y reproductora de violencia, de donde sin embargo escapa una chispa de creatividad, nobleza y verdadera luz como la que irradió Emma (como se haya apellidado), yo prefiero llamarla "ejemplo del espíritu humano, de su irreductible belleza".
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nelsonfarina

Dom, 09/23/2012 - 23:56
Lo paradójico, es que la obra, la de verdad, la que hay que valorar, la que hay que mostrar, la que muy pocos conocen, no aparece por ningún lado. A veces el morbo privado de los editores puede más que lo que realmente sustenta la vida pública de los artistas.
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unamunemonos

Dom, 09/23/2012 - 11:57
Muy pocos conocen la dureza e inclemencia de la inquisicion atea de Medellin. "Antioquia, la mas educada": un nuevo conformismo.
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JAIMEBAL

Dom, 09/23/2012 - 10:19
Gracias a Donadio por dejar abierta su columna a la opinión. Me pregunto si es preferible una grosería, incluso un insulto, a que las personas puedan expresarse. Acaso a un niño que llora en la noche se le tapa la boca? No será mejor que se exprese aunque sus "chillidos nos incomoden?. Y ya que cita a Abad Facciolince, me gustaría decirle que aquello que está en el vientre de una mujer es también del hombre. Si dicen que el hijo tiene que ser deseado, por los dos, es claro, entonces, el otro, por tanto, ha de parte también, en la decisión sobre ellos. Considerando esto, ¿es posible decir que la mujer es dueña absoluta de lo que hay dentro de ella, lo mismo un hijo que un tumor?
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Arezzo

Dom, 09/23/2012 - 07:41
El clero y particularmente las monjas, son seres egoístas y crueles , llenas de resentimientos y frustraciones de toda índole , sus conventos son testigos de las mas bajas pasiones en donde se cometen todo tipo de delitos , los cuales son escondidos bajo la amenaza y el terror. Definitivamente , esas gentes son detestables.
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Sarcher

Dom, 09/23/2012 - 07:32
Mi mamá siempre detestó a las monjas (no las podía ni ver, por problemas que tuvo con esas viejas cuando se separó de mi papá), aunque a mí me tocó estudiar en colegios "de niñas" manejados por ellas y a mi mamá mamárselas en las reuniones de padres de familia.
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Boyancio

Dom, 09/23/2012 - 03:57
Lo que pasa y acontence, sumercé, que de libros nuevos, nada que ver. Esos son privilegios de los que le sobra que comer, de puras vainas mi paytrón me deja entrar al internet, pero de madrugá, sea antes de ponerme a ordeñar.

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