Opinión |24 Sep 2012 - 12:05 am

Diego Aristizábal

El castigo y la estupidez

Por: Diego Aristizábal

Muchos hemos deseado que a un violador de niños o de una simple dama le machuquen las bolitas y el palito con un pica hielo.

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Hemos querido también, en esa perversidad tan propia del ser humano que se agudiza apenas se siente indignado, que a un conductor ebrio, que asesinó a una familia, lo encierren el resto de su vida y le inyecten dosis profundas de pesadillas que le recuerden la terrible estupidez que cometió apenas se sintió capaz de manejar borracho.

El castigo es una manera de hacerle entender al otro que lo que hizo no estuvo bien, que se equivocó. Siempre queremos que las sanciones sean ejemplarizantes y por eso somos drásticos en desear, en aspirar al menos que la justicia se ocupe de eso para satisfacción de todos. Pero nos damos cuenta de que anhelar no es suficiente porque en Colombia casi siempre se termina por legitimar la impunidad. Aquí nos interesa crear leyes para todo que rápidamente se vuelven inútiles porque no hay forma de hacerlas cumplir, ya sea porque nuestra justicia está agobiada, porque no hay presupuesto o simplemente porque la corrupción camina casi siempre de la mano de aquel que comete el crimen. La justicia se ensaña contra los pobres imbéciles que no supieron ser mañosos.

Así como Robert Burton dice en su libro “Anatomía de la melancolía” que un individuo estúpido apagó la vela para que las pulgas que lo torturaban no pudieran encontrarlo, así hay muchos estúpidos que se emborrachan y dan muestras profundas del desconocimiento entre la causa y el efecto. Saben lo que su estado puede generar pero se hacen los locos. La valentía de nuestros afamados borrachos se da en poder conducir con infinitas botellas de alcohol flotando en su cabeza sin ser descubiertos.

Tal vez por eso, mientras se piensan castigos severos que puedan cumplirse, debería evocarse, como algo nato en el hombre, la razón, la mayoría de edad que tan claramente planteó Kant. ¡Sapere aude!, “ten el valor de servirte de tu propio entendimiento”. Si lo aplicáramos al menos en la cotidianidad de la vida, en la simpleza de una noche con tragos, no se tendría que legislar tanto.

Pero a veces reina más la estupidez, como dice Richard Armour: “Es claro que ésta ha aparecido siempre en dosis abundantes y mortales (…) El hombre no puede luchar con su estupidez porque acabando con la estupidez se acabaría también la raza humana”, pero al menos, digo yo, debería proporcionarse en dosis menos significativas para que sea evidente nuestra supuesta superioridad, nuestra inteligencia.

“No es la boca del hombre la que come, es el hombre el que come con su boca. No camina la pierna, el hombre usa la pierna para moverse. El cerebro no piensa, se piensa con el cerebro”, dice Paul Tabori en su libro “Historia de la estupidez humana”. Como planteó el doctor Alexander Feldman, discípulo de Freud, el defecto reside no en el instrumento sino en el usuario, el ser humano, el ego humano que utiliza y dirige el instrumento. Si lo miramos así nos legitimaríamos en realidad como homo sapiens y no como “homo stupidus” que es la nueva especie que parece amañarse en este país impune.

desdeelcuarto@gmail.com / @d_aristizabal

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Casta Paria

Lun, 09/24/2012 - 17:32
Muy bien, instarnos a los demás estúpidos a usar con competencia el seso está muy bien, pero en Iguazolandia, difícil aguantarse ¡ja! como en muchos otros lugares, necesitamos cambios estructurales. La idealización de tanto paradigma, sea político, económico, cultural, EDUCATIVO -nos jodimos-, o lo que sea, nos ha dejado procesos cíclicos de crisis y conflicto, todo ello tras la Ilustración burguesa y su estela de revoluciones, su positivismo y eurocentrismo. La estructura presenta vicios de fondo, pero se atacan las formas, son hechas estadística -¿placebo?- y se muestran como logros del grupo entero; los ineptos aplauden y el mudno es mejor; como si las cosas se empezaran a construir de arriba hacia abajo. Hora de discutir, concluir y avanzar.
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Acróbata Sobreviviente

Lun, 09/24/2012 - 17:14
Lo mejor de la doctísima columna son las sutoridades invocadas en las citas inclusas: todo de primera mano. Y el comentario de Ricardo Bada, divino: parecen dos "simples damas" del mismo salón de té.
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darojas53

Lun, 09/24/2012 - 16:34
"Muchos hemos deseado que a un violador de niños o de una simple dama... " es, por decir lo menos, una frase desafortunada.
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Arkero

Lun, 09/24/2012 - 16:17
El concepto de castigo es en si mismo absurdo. El castigo no es justicia, el castigo es venganza. La cárcel no debe estar ahí para darnos el placer de saber que los criminales están pasando un mal rato, la cárcel tiene la función de que el número de crimen baje. Y adivine... ¡La cárcel es pésima para eso! Los método efectivos para rehabilitar crímenes no violentos (hurto y similares) no incluyen la cárcel. Pero la gente no quiere que el criminal pase por un proceso que impida que vuelva a violar la ley, la gente quiere que el criminal sufra. Eso se llama SADISMO, y la prisión es simplemente un servicio puesto al SADISMO del pueblo.
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Marmota Perezosa

Lun, 09/24/2012 - 13:22
No se dice machuquen .....qué burra y peor los correctores
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Arkero

Lun, 09/24/2012 - 16:13
Machucar es verbo reconocido por la Real Academia. El burro es otro.
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Ricardo Bada

Lun, 09/24/2012 - 07:20
Muy bien por tu columna, querido Diego, y como tienes una cuenta Twitter permíteme que te regale un tuit para ella: Los biólogos hablan ahora de un error de trujamán; no hemos evolucionado hacia el homo sapiens, sino hacia el sapo homínido. (Ricardo Bada) Son 140 caracteres, ni uno más ni uno menos. Vale.

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