Opinión |23 Sep 2012 - 11:00 pm
¿Guerra a la sociedad, paz a la clase política?
Por: Juan Gabriel Gómez
Si esta es la consigna, que el Senado reelija a Alejandro Ordóñez Procurador.
Puede que esa sea la consigna. Con ocasión de la reforma a la justicia, la clase política se mostró particularmente interesada en modificar las condiciones de su juzgamiento. Quiso rodearse de todas las garantías posibles y hacer languidecer la pérdida de investidura. Ahora que al Senado le corresponde elegir al jefe de una de las principales instancias de control, la clase política se apresta a dejar en su cargo a alguien bajo la sospecha de obrar con arreglo a criterios clientelistas, no meritocráticos. Esto es paz a la clase política.
Y es guerra a la sociedad porque el Procurador Ordóñez, con su actitud, lo único que hace es llenarnos de desconfianza hacia las autoridades legítimamente establecidas. Como muy bien lo sintetizó mi colega del IEPRI Mauricio García, la retractación del Procurador Ordoñez consistió en afirmar lo siguiente: "dado que me obligan a decir que lo que dije no es cierto, digo que lo que dije no es cierto; pero ahora que ya lo dije, puedo decir que en realidad dije la verdad y que los voy a demandar por eso."
Cuando hablo de guerra a la sociedad no me refiero meramente a la cruzada moral de Alejandro Ordóñez. Mi crítica apunta al mal ejemplo que da como jefe del Ministerio Público. Quien está llamado a servir como modelo de obediencia a las autoridades, se ha comportado como un leguleyo que maniobra sinuosamente entre los distintos sentidos de las palabras.
Si al señor Ordóñez tanto le repugna la sentencia de tutela de la Corte Constitucional, que renuncie. Si le parece que esa decisión es injusta, que se oponga a ella y asuma las consecuencias de esa oposición: dejar de ser el Procurador General de la Nación. En un ensayo acerca de la desobediencia civil que quizá Ordóñez haya leído, Henry David Thoreau afirma categóricamente que si la ley es injusta, el lugar del hombre justo es la cárcel. Pero el señor Ordóñez nos quiere hacer creer, mientras se atornilla al poder, que él sigue siendo un hombre justo. Pamplinas.
Lo único que logra con esa actitud el señor Ordóñez es perpetuar el prejuicio de muchos colombianos consistente en que las autoridades obran siempre en pos de su beneficio particular; que su majestad es una farsa; que todo el aparato de servidores públicos una tramoya; que todos los procedimientos son una mera puesta en escena. ¡Qué paz va a haber en este país cuando la ley es para los de ruana!
Un proceso de negociación con las FARC y eventualmente con el ELN es un renovado intento del gobierno nacional por recuperar el monopolio legítimo del uso de la fuerza. Lo que está en juego en el caso de la elección del Procurador es precisamente la legitimidad.
Y que no se le olvide al gobierno que este caballero de la legitimidad proscrita puede ser un crítico desleal también del trámite de la paz con los insurgentes.
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Juan Gabriél Gómez | Elespectador.com
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