Opinión |8 Oct 2012 - 9:39 pm

César Rodríguez Garavito

Un acuerdo sobre la muerte digna

Por: César Rodríguez Garavito

¿Es posible lograr un acuerdo acerca del proyecto de ley sobre la eutanasia y la muerte digna, que se discute hoy en el Congreso?

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Creo que sí, porque en este tema los creyentes y los no creyentes, los conservadores y los liberales, tienen más puntos en común de lo que piensan, a pesar de lo que digan los voceros extremistas de lado y lado.

Lo primero que comparten es la experiencia de la agonía dolorosa de algún ser querido. ¿Quién no ha tenido que sufrir el apagamiento lento de un pariente aquejado de un cáncer u otra enfermedad terminal? ¿Cuántos no se han sentido impotentes ante las súplicas del paciente para que se acabe el dolor? ¿Cuántos no han pensado que, llegado el momento, quisieran optar por una muerte con dignidad, en lugar de agregar a la vida meses o años en estado de inconsciencia? Contra lo que dicen los jerarcas de las iglesias, los creyentes también se hacen estas preguntas y muchos quisieran poder elegir. La enfermedad, la muerte y el sufrimiento no respetan la línea divisoria entre el conservatismo y el liberalismo.

Aunque no se vean en medio de los insultos cruzados entre los abogados y los críticos a ultranza de la eutanasia, unos y otros comparten algunos argumentos. Por ejemplo, el inmoderado padre Alfonso Llano critica el supuesto “fundamentalismo de izquierda” de los partidarios de la eutanasia y el aborto. “Estamos en un Estado Social de Derecho. ¡Viva la libertad religiosa!”, responde el sacerdote para defender el derecho a profesar su conservadurismo católico. Bien dicho: por eso mismo, porque existe libertad religiosa, no se puede imponer por ley a todo mundo la idea de que la vida es de Dios y la eutanasia es un delito. “Nadie será forzado a obrar contra su conciencia”, añade Llano abogando por los hospitales que se niegan a practicar abortos. Con el mismo argumento, no tiene ninguna justificación perseguir como criminales a los médicos que, siguiendo su conciencia, acceden a la súplica de un paciente de cesar una agonía irreversible.

A estos puntos intermedios se suman los que trae el moderado proyecto de ley sobre el derecho a la muerte digna. Quienes se tomen el trabajo de leerlo —entre ellos, ojalá, los congresistas que decidirán su suerte desde hoy—, verán que tiene todo tipo de salvaguardas para evitar confusiones y abusos. Se establece un procedimiento en extremo riguroso: la eutanasia es posible sólo en casos de enfermedad terminal o graves lesiones que no dejen posibilidad de mejoría; la petición del paciente de terminar con su vida debe ser voluntaria, inequívoca y, por regla general, expresada por escrito; además de la autorización del médico tratante, se necesita la de un segundo médico independiente y el de un consejo de psiquiatras y profesionales que certifiquen la voluntad del paciente, y ningún médico puede ser obligado a practicar la eutanasia.

Eso no es todo. Cuando el paciente haya caído en estado de inconsciencia, se establecen condiciones adicionales exigentes para que sus familiares o el propio médico tratante soliciten la terminación de la vida. Todos los procedimientos deben ser meticulosamente documentados y reportados a una nueva Comisión Nacional de Evaluación y Control de Procedimientos Eutanásicos y Suicidio Asistido. La Comisión elaborará los formatos para consignar las peticiones de los pacientes y las autorizaciones de los médicos y las clínicas, además de compilar cifras y publicar informes anuales sobre la aplicación de la ley.

A menos que las voces extremas prevalezcan, todo está dado para un acuerdo sobre la ley, que ponga fin a una deuda de 15 años, desde la sentencia de la Corte Constitucional que despenalizó la eutanasia y le dejó al Congreso la tarea de regularla. Si sigue la incertidumbre, los médicos preferirán no correr riesgos, aun contra su conciencia. Y los pacientes no tendrán otro remedio que seguir muriéndose de indignidad.

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Opiniones

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Juaco G. Hoyos

Mar, 10/09/2012 - 09:19
En un país donde tantos y tantos pueden evidenciar lo difícil que es llevar una vida digna, lo irónico es que si logramos avanzar en reglamentar una muerte digna nos acerquemos a más al derecho de vida digna.
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andrscontreras64

Mar, 10/09/2012 - 08:59
La eutanasia consiste en poner la calidad de vida por encima de la vida misma...de ahí en adelante cada quien saca que saque sus conclusiones. Es un esperpento este proyecto de ley, y obviamente, Armando Benedetti.
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krankrank

Mar, 10/09/2012 - 20:01
No hay ultima decisión, porque una decisión tiene como requisito que se pueda vivir las consecuencias o efectos de esa decisión. La muerte nunca es una decisión, además porque no se puede elegir. Por demás:Son la norma médica y la economía de mercado quienes ejecutan el morir: Vivir como un perro + morir como un perro = "muerte digna"."Muerte digna" = eutaNAZIa. El hablar en medio de esta trampa médica de la "decisión autónoma" de la gente es un escarnio medi-cínico y no es más que la justificación médica para el matar y la ocultación del hecho de que la gente ya no quiere vivir así, bajo los imperativos y chantajes iatrocapitalistas del rendimiento, la explotación y competición.Todos los argumentos en pro de la "muerte digna" no son más que mentiras piadosas, mentiras a propósito, a saber únicamente provechosas para los médicos-verdugos. spkpfh.de/neu.html#ES
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gente común

Mar, 10/09/2012 - 09:51
Para quienes no tienen una visión mística de la vida, ni están condicionados por advertencias intimidantes o presuntas recompensas post mortem, efectivamente, la calidad de vida la determina su capacidad de ejercer su autonomía aún en lo que concierne a su última decisión. En ningún momento están pretendiendo se adhiera usted a su practica, lo que vuelve a la exigencia reiterativa de separar los derechos civiles de las convicciones religiosas "personales".
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Sarcher

Mar, 10/09/2012 - 07:39
¿Proyecto de "muerte digna" en Colombia? jajajajajajaja, ¿pero habrá un país más hipócrita que Colombia?
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gente común

Mar, 10/09/2012 - 04:38
Su reiterada referencia al padre Llano - padre sin hijos, valga la observación-, me hizo caer en cuenta el porqué en muchas circunstancias me pierdo de disquisiciones o reflexiones vacuas nacidas de preceptos religiosos con una falsa moral que distraen y enturbian la razón con argumentos falaces y presunciones intimidatorias que definitivamente frenan toda posibilidad de evolución y comprensión de nuestra realidad. Al igual que la donación obligatoria de órganos al producirse el deceso, la decisión de recibir una muerte asistida o eutanasia debiera ser una declaración voluntaria en plenas facultades y cómo un derecho adquirido una vez alcanzada la mayoría de edad, para que sin que medie amenaza alguna, cada ser humano decida si precisa y prefiere adoptarla.

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