Opinión |9 Oct 2012 - 11:00 pm

Aldo Cívico

Salman Rushdie y la paz como libertad

Por: Aldo Cívico

Si usted consigue una copia del nuevo libro de Salman Rushdie, Joseph Anton: A Memoir, léalo, es una profunda meditación sobre nuestros tiempos y sobre el derecho a la libertad.

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La analogía que Salman Rushdie ofrece de su experiencia es la de las primeras aves negras que llegan a atacar e invadir el pueblo de Bodega Bay en la película de Hitchcock, Los pájaros. Hay un único hilo conductor, Rushdie sugiere, entre su caso, el cual parecía al principio aislado, y el ataque a las Torres Gemelas. Un recrudecimiento inaceptable de intolerancia y violencia.

Lo que es más conocido sobre el affaire Rushdie es la sentencia de muerte pronunciada por Irán contra el autor por su novela Los versos satánicos. Lo que es menos conocido son las graves consecuencias que Rushdie pagó. Su vida se convirtió en un descenso al infierno.

Como el mundo lo experimentó en la era después del 9/11, la seguridad anuló el derecho a la libertad. Salman Rushdie vivió en la clandestinidad durante casi una década, cambiando de residencia. Él no podía votar, porque su residencia debía mantenerse en secreto. Las aerolíneas le prohibieron subir a bordo. Salman Rushdie fue un hombre que vivió confinado en una jaula.

El gobierno del Reino Unido, como aparece en las memorias de Rushdie, le proporcionó protección, pero, al carecer de iniciativa política en contra de Irán, contribuyó a silenciarlo. Durante mucho tiempo no le fue permitido a Rushdie defenderse y tener una voz en el affaire. Las memorias de Salman Rushdie son también la extraordinaria historia de cómo él luchó por recuperar su libertad, negándose a ser víctima o mártir.

Lamentablemente, Salman Rushdie no es un caso aislado, como el autor destaca en su libro. Colombia, por ejemplo, tiene un registro dramático de autores y periodistas que fueron asesinados, perseguidos por los grupos armados y por el Estado, y muchos tuvieron que elegir el exilio. No sólo en el pasado, sino también en el presente.

Los ataques contra los derechos de libertad en Colombia deben ser una oportunidad para reflexionar, en los albores de un proceso de paz, sobre la calidad de la democracia y de la paz que el país quiere.

La calidad de la paz tiene que medirse con el grado de libertad que los colombianos puedan disfrutar, es decir, las libertades individuales deben complementarse con los derechos sociales fundamentales de la educación, la salud y el trabajo. Porque, como el filósofo Norberto Bobbio escribió, la afirmación de los derechos sociales fundamentales es la condición previa para el ejercicio de las libertades individuales. Una persona educada, escribió, goza de más libertad que una ignorante, y lo mismo ocurre con una persona que tenga un trabajo.

Si Colombia está a punto de pasar la página, entonces el país tiene que imaginar cómo va a expandir los derechos sociales fundamentales a fin de que sus ciudadanos puedan ejercer sus libertades. En última instancia, es la victoria de la libertad la que traerá la paz, silenciando así la intolerable violencia.

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durero

Mie, 10/10/2012 - 18:43
Don Aldo, no solamente los actores armados y ciertas fuerzas intolerantes de la sociedad han mancillado los derechos de libertad en Colombia, Tambien lo hacen los grandes grupos economicos, quienes ejercen el chantaje a traves del gran musculo financiero que possen y que sin algun asomo de escrupulos lo explayan de manera desvergonzada e intimidatoria, ellos que convierten a escritores y criticos en defensores de sus negocios y que vetan y aislan voces preocupadas por ese poder apabullante, son igual de nocivos que esas amenazas que frecuentemente se leen en la gran prensa nacional.
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leinadsajor

Mie, 10/10/2012 - 11:27
El caso de Salman Rushdie, y de la película la inocencia de los musulmanes, pone de manifiesto la cultura rastrera del colombiano. De forma casi unánime, se escuchó decir que estaba bien que por el irrespeto a un libro, personas debían morir o privárseles de la libertad. Eso lo que demuestra es que los colombianos quieren la sangre de su enemigo, o al menos callarlo a las malas, por eso los unos elogian a Uribe, mientras los otros elogian a Fidel, pues estos encarnan la censura tan apreciada por esta cultura. La mesura es mal vista, pues significa pensar y razonar, que es mucho más difícil que dejarse llevar por la emoción desnuda, de anular al otro. Para la paz, un cambio en la cultura.
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Amonoi

Mie, 10/10/2012 - 09:19
No encuentro ninguna relación entre los acuerdos de paz gobierno-guerrillas y la expansión de los derechos sociales fundamentales. La iniciativa de la paz no la hace el gobierno porque el Sr. Santos haya mutado de ser un neoliberal (de la misma estirpe Uribista) a un liberal defensor de las libertades individuales. la paz se hace porque este gobierno quiere dar en concesión a las multinacionales correspondientes las áreas donde las guerrillas tienen más fuerza que el estado. La paz es bienvenida, pero no es más que un acuerdo entre comerciantes. La esperanza puede estar en que al desarmarse las guerrillas, la ultraderecha deje a un lado la estrategia de satanizar todo proposito social (esto es lo que hace llorar a Uribe) y entonces puedan surgir movimientos exitosos de tendencia social.
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CASTRO-OJO

Mie, 10/10/2012 - 08:35
Me he preguntado, igual que Ud. cual es la paz que el pais quiere y pienso que cada sector segun sus intereses quiere una paz diferente. Desde mis deseos, caigo siempre en nuestros males mayores: la DESIGUALDAD y la INTOLERANCIA. Entonces pienso que la paz que me gustaria, implicaria que la diferencia entre los salarios fuera muy poca, que un congresista no devengara mas de 40 salarios minimos. Que las normas no favorezcan a minorias en desmedro de los intereses de las mayorias. Que los jovenes tengan reales oportunidades de trabajo honrado. Que cada cual sea honesto en sus actividades y que los intolerantes no se escondan detras de las armas para ejercer sus actividades sean estas legales o ilegales... entre muchas otras condiciones.

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