Por: Adolfo Meisel Roca

Departamentos y desigualdades

La buena noticia de que en la mayoría de los países latinoamericanos la distribución del ingreso está mejorando no incluye a Colombia.

Grave cosa, ya que éste es uno de los países con el mayor grado de desigualdad en una de las regiones con la peor distribución del ingreso en el mundo. Dicha desigualdad está relacionada con la desigual distribución en la propiedad, en el acceso a la educación, la discriminación, la violencia, la fragilidad del Estado y los grandes desequilibrios territoriales. Estos últimos no solamente afectan a la periferia y al centro del país, sino que incluso se manifiestan en las zonas más prósperas de Colombia. Por ejemplo, las desigualdades intradepartamentales en la calidad de vida son mayores en los más prósperos. En particular, las brechas más grandes entre los municipios de Colombia están en el llamado Triángulo de Oro: Cundinamarca, Antioquia y Valle del Cauca. En contraste, en el Chocó se encuentra la menor brecha intermunicipal en los niveles de vida. La asociación es tan clara que hay una correlación negativa de 0,8 entre el Índice de Pobreza Multidimensional de un departamento y la desigualdad en ese índice entre sus municipios.

Lo anterior quiere decir que se observa una asociación creciente entre la prosperidad de un departamento y la desigualdad entre sus municipios. Este hecho refuta empíricamente a quienes sostienen que espontáneamente las desigualdades se van reduciendo por las fuerzas del mercado. No hay ninguna razón para pensar que inexorablemente existirá una curva de Kuznets, según la cual las desigualdades primero aumentan y luego disminuyen en el curso del desarrollo económico.

Es claro que el problema regional en Colombia tiene múltiples aristas. La que aquí estamos comentando, la de los enormes contrastes en la prosperidad entre los municipios de un departamento a medida que éste se hace más rico, es sólo una de ellas. Pero se constituye en una de la múltiples causas por las cuales en Colombia los ingresos están tan mal distribuidos. ¿Qué hacer al respecto? Pienso que esta situación obliga a repensar el papel del departamento como ente territorial. En la Constitución municipalista de 1991 el departamento quedó muy debilitado. Aunque también se incluyó a la región como un nivel del Estado adicional, entre las gobernaciones y el nivel nacional, esa figura quedó sin funciones claras y sin recursos. Por esa razón, durante años no se logró la aprobación de la ley que reglamentara la región. Cuando finalmente se aprobó dicha ley, resultó en unas generalidades que convierten a la región en algo inocuo.

Para poder convertirse en un poderoso orientador del desarrollo de los municipios más pobres de su departamento, las gobernaciones tendrían que tener recursos suficientes provenientes, entre otras fuentes, de la tributación de las grandes ciudades de los departamentos, que normalmente son las capitales. Deberían, además, contar con mecanismos como la cofinanciación para poder influir en las decisiones de los municipios de su jurisdicción. Por esa razón, tarde o temprano vamos a tener que reformar el departamento para convertirlo en agente del desarrollo de su región.

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