Por: Rodrigo Uprimny

Valladolid: una controversia actual

¿Tienen o no igual dignidad los indios de las Américas que los cristianos de Europa?

¿Y pueden o no ser esclavizados por España? Esas preguntas enfrentaron en 1550, en la llamada “controversia de Valladolid”, a Bartolomé de las Casas, apasionado defensor de los indígenas, contra Ginés de Sepúlveda, promotor de la conquista y del sometimiento de los pueblos de las Américas.

En el teatro de la Carrera se presenta en estos días la obra de Jean-Claude Carriere que escenifica esta controversia. No sólo disfruté mucho la obra, las actuaciones y los diálogos, sino que me suscitó esta reflexión: ese debate, ocurrido hace casi cinco siglos, parece repetirse hoy, como confirmando esa intuición de Borges, según la cual, la historia universal no sería más que la diversa entonación de unas pocas metáforas.

La argumentación de Sepúlveda a favor de la supremacía española es desarrollada en forma fina y erudita, pero su fondo es simple: es una mezcla de arrogancia etnocéntrica y religiosa, con una dosis no siempre confesada de interés económico. Los indios son inferiores porque tienen extrañas costumbres y no han recibido el mensaje de Cristo, lo cual muestra que Dios los ha abandonado. España tendría el derecho y el deber de someterlos, a fin de evangelizarlos, en beneficio de los propios indígenas, pues se busca elevarlos a una cultura superior y cristiana. Aunque bueno, confiesa en algún momento Sepúlveda, esa mano de obra sometida es necesaria para la explotación de los metales preciosos que alimenta la prosperidad española.

Las Casas, por su parte, denuncia las terribles crueldades cometidas contra los indios, por conquistadores enceguecidos por la codicia y la arrogancia. Y reconoce la igualdad básica de todos los seres humanos, por lo que considera ilegítimo el sometimiento de los indígenas y el despojo de sus riquezas. España y Europa pueden intentar evangelizar en las Américas, pero por el ejemplo y el diálogo, nunca por la imposición, la amenaza y la explotación.

Hoy los actores, los lenguajes y los ropajes de los discursos han cambiado; pero en muchos escenarios de nuestra América, la controversia de Valladolid se repite. El ejemplo más dramático, aunque no el único, es el conflicto que enfrenta a los pueblos indígenas con las grandes mineras, apoyadas tanto por gobiernos de izquierda como de derecha.

En esta reedición de la controversia hay nuevos Sepúlvedas, que con arrogancia etnocéntrica y no pocos intereses económicos, defienden la supuesta superioridad de los modelos de desarrollo extractivistas. Pero hay nuevas resistencias, semejantes a las de Las Casas en su momento, a favor de la autonomía decisoria de los pueblos indígenas sobre sus territorios. Y se oye con más fuerza la voz silenciada en Valladolid: la de los propios indígenas en defensa de sus derechos.

Ojalá esta nueva controversia tenga mejores resultados que la de Valladolid y permita, por un diálogo intercultural, una coexistencia pacífica entre civilizaciones diversas y visiones distintas del desarrollo.

Rodrigo Uprimny * Director de Dejusticia y profesor de la Universidad Nacional.

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