Publicidad
Armando Montenegro 13 Oct 2012 - 11:00 pm

Un superhéroe visto por sí mismo

Armando Montenegro

Uribe dice en sus memorias (No hay causa perdida, Bogotá, Celebra, 2012) que su caso es distinto al de Bruce Wayne, Batman.

Por: Armando Montenegro
  • 51Compartido
    http://www.elespectador.com/opinion/columna-381046-un-superheroe-visto-si-mismo
    http://tinyurl.com/jvpcs9c
  • 0

Aunque los dos tuvieron padres adinerados que fueron asesinados y ambos dedicaron su vida a luchar contra el crimen, el antioqueño sostiene que, a diferencia del murciélago, él no le vendió el alma al diablo; no se alió con fuerzas oscuras para adelantar su lucha (dice que se limitó a ejecutar la política del presidente Samper sobre las Convivir y combatió, por igual, a la guerrilla, el hampa y los paramilitares).

Además de su voluntad de combate, nacida del dolor causado por el sacrificio paterno, Uribe confiesa que el otro ingrediente de su éxito fue su valentía. Narra que la ceremonia de iniciación, clave en su vida y, según sugiere el texto, en la historia de Colombia, ocurrió en una plaza de toros. Allí, de rodillas, animado por su padre, en el centro de la arena, esperó la embestida atropellada del toro. Luego del “farol” garboso, recibió la ovación consagratoria. Ya estaba listo.

Sus grandes triunfos no serían más que sucesivas réplicas ampliadas de ese primer encuentro con la bestia. Uribe, solo, en los medios, exhibe su valor con desdén, soporta innumerables atentados, dirige ataques demoledores contra sus enemigos y se gana el aplauso del país agradecido.

En el contexto de la hombría-espectáculo se puede entender por qué la peor ofensa que puede lanzar es: “Sea varón”.

Sobreponiéndose a su modestia, reconoce su generosidad y desprendimiento. Él, personalmente, le comunica las malas noticias al país. Y permite a sus subalternos que ganen los créditos de las buenas nuevas. Tolera que su ministro Santos reciba a Íngrid en el aeropuerto, frente a las cámaras de todo el mundo, para que capitalice el acontecimiento para su vida política.

Siempre que autoriza los ataques de las Fuerzas Militares, deja en claro que la responsabilidad es sólo suya. Y reza por el éxito de sus operaciones. Siempre reza.
El grueso del libro es un recuento de sus enfrentamientos con la guerrilla. Entre otros, allí están el fallido rescate de Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri; el ataque al campamento de las Farc que facilitó el escape de Fernando Araújo; las operaciones contra Raúl Reyes, El Paisa y Martín Caballero. Y el gran triunfo, la coronación, de la operación Jaque.

Al final, Uribe se lamenta de que, por haber dejado el mando, el país puede estar perdiendo la seguridad. Ante las quejas de su líder y sus manifestaciones de que quiere seguir sirviendo a Colombia, sus seguidores angustiados podrían pensar con alguna esperanza, como cuando ciudad Gótica comienza a ser agobiada por el crimen porque Batman ha dejado temporalmente sus tareas de vigilante, que, de pronto, de alguna manera, pudiera regresar el superhéroe, el único que puede acorralar a los bandidos y castigar sus bellaquerías.

Como este libro se escribió en inglés y, al parecer, fue traducido a la carrera, el lector se encuentra con algunas sorpresas. Los guerrilleros aparecen a pocas yardas, no a metros, de distancia. La manida “confianza inversionista” se convierte, a veces, en la “confianza de los inversores”. Pero lo más triste es que los “tres huevitos”, con los cuales Uribe se retrataba frente a sus seguidores, han sido reemplazados por un tecnocrático y agringado “triángulo de la confianza”

  • 51
  • Enviar
  • Imprimir
Publicidad

Vea más de Armando Montenegro

5 Abr - 9:00 pm

La hora de la educación

29 Mar - 10:00 pm

Dos formas de no hacer nada

15 Mar - 10:00 pm

Lo bueno, lo malo y lo feo

Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio