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Álvaro Forero Tascón 14 Oct 2012 - 11:00 pm

El acicate de la paz

Álvaro Forero Tascón

Álvaro Uribe puede terminar siendo un factor decisivo que empuje a las Farc a firmar un acuerdo de paz con el gobierno Santos. El expresidente puede ser el influyente enemigo común con que no contaron los intentos de negociación en el pasado.

Por: Álvaro Forero Tascón
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En su ortodoxia leninista, las Farc siempre han considerado al establecimiento como un cuerpo monolítico, y visto sus ofrecimientos de paz como una trampa. El Frente Nacional y la negociación con Belisario Betancur profundizaron su desconfianza y endurecieron su tesis de que solo derrocar el régimen traería cambios. Para las Farc, los Estados Unidos, la élite económica, la clase política y las Fuerzas Armadas mantienen una voluntad unificada, por lo que no existen contradicciones para aprovechar en la negociación, ni puede aparecer un sector moderado con capacidad de imponerles un acuerdo negociado a los sectores más reaccionarios, que sólo aceptan la destrucción militar o la claudicación de la guerrilla. Por eso, para las Farc la paz ha equivalido siempre al triunfo de los sectores conservadores más militaristas y sectarios del régimen, y a la garantía de que no contarían con condiciones seguras para hacer política.

Hoy esa tesis no es válida. Primero porque después del Caguán quedó demostrado que el gran beneficiario político de la violencia es el poder regional, el más radical del establecimiento. Segundo, porque ese sector intentó durante diez años derrotar militarmente a las Farc, sin conseguirlo. Como consecuencia de ello el sector moderado tiene hoy la legitimidad para intentar una salida negociada.

Pero esa legitimidad y la fuerza política para implementarla son frágiles. En la medida en que se acerquen las elecciones legislativas y presidenciales, se hará más evidente que el fracaso del proceso de paz producirá el triunfo electoral del uribismo. Y que el éxito arrollador de una lista de Congreso encabezada por Álvaro Uribe podría poner en peligro la reelección de Juan Manuel Santos.

La otra tesis de las Farc ha sido que el triunfo de los radicales les favorece porque produce contradicciones en el establecimiento que contribuyen a debilitar sus posiciones monolíticas. Pero después de los dos gobiernos de Uribe, las Farc seguramente no querrán continuar de “jefes de debate” de sus campañas y facilitadores de sus triunfos. Sabrán que aunque el uribismo no consiguió derrotarlos, aprovecharía una segunda decepción de los colombianos para terminar de arrasarlos políticamente y para conseguir mayores recursos económicos para las Fuerzas Armadas.

Firmar un acuerdo de paz sería la manera más contundente de derrotar a Uribe, porque con ello las Farc demostrarían que éste no las pudo derrotar, y que no eran ciertas sus tesis de que no tenían convicciones políticas y que eran enemigos de la paz. Firmada la paz, la importancia histórica de Uribe se reduciría enormemente, pasando de liberador a amansador, y el contraste con Santos sacaría a relucir su falta de visión para ir más allá de la seguridad.

Álvaro Uribe decidió presentar el proceso de negociación con las Farc, no como el paso natural luego de la seguridad democrática, sino como una traición a ésta. Al hacerlo, pudo haberse convertido en el gran acicate de las Farc para firmar la paz.

 

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