Por: Catalina Ruiz-Navarro

Perdón y permiso

REGIO Y DIVINAMENTE QUEDÓ EL presidente Santos al pedirles perdón a los pueblos indígenas de la cuenca del Amazonas por la masacre a manos de una cauchera peruana en 1912.

Lo hizo “en nombre de una empresa, de un Gobierno, de un pretendido ‘progreso’ que no entendió la importancia de salvaguardar a cada persona y a cada cultura indígena como parte imprescindible de la sociedad que hoy reconocemos con orgullo como multiétnica y pluricultural”.

Al escuchar eso uno creería que en Colombia ya no son bienvenidas las multinacionales extranjeras que vienen a explotar nuestro territorio y abusan de nuestros ciudadanos, y que proteger a los colombianos que hacen parte de una comunidad indígena es una prioridad para el Gobierno.

Sin embargo, ahí está el chicharrón de Cerromatoso, donde la multinacional minera anglo-australiana BHP Billiton ha generado graves daños ambientales y disminuido el bienestar de los pobladores de la zona. Esta vez, gracias a una astuta cláusula en el contrato, estarán en el país hasta el 2029. Digamos que el mico del contrato nos amarra las manos y que nos los tenemos que aguantar así sólo cumplan el 10% de las exigencias ambientales según la Contraloría. Digamos que fue un error del pasado que trataremos de evitar en el futuro.

Pero en el futuro cercano está, entre otros, el Tayrona, con un latente hotel cinco estrellas, que por motivos de maquillaje publicitario ahora han decidido llamar “turismo de lujo inteligente” y cuya construcción quieren justificar diciendo que con la plata del “ecoturismo” se mantendrá el parque. De hecho, por ahí ronda un mañoso video en donde se muestra el mal estado del Tayrona y se presenta al hotel como la única salvación. Además, el hotel se construirá en tierras de la sagaz familia Dávila, que salió medio ilesa del escándalo de AIS y que ya ha tenido varios encontrones con los indígenas.

Que nuestro parque Tayrona no está para privatizarse y para que una empresa extranjera asociada a una familia de terratenientes se lucre de su belleza, lo hemos dicho muchos, muchas veces. Incluso lo insinuó Santos cuando se comprometió a ser “un guardián de la naturaleza” ante el pueblo kogui el día de su posesión, en el 2010, y lo reafirmó cuando en el 2011 dijo enfáticamente en los medios que no se construiría nada sin consulta previa a las comunidades indígenas. Sin embargo, el proyecto del hotel sigue avanzando con nadadito de perro.

En este contexto las disculpas del presidente parecen cínicas y son una ironía sólo superada por el uso de la figura de la locomotora, un medio insigne del siglo XIX, para hablar de progreso en el siglo XXI. Una disculpa pública es vacía si no va acompañada de garantías de no repetición. ¿De qué les sirve a los indígenas huitoto que el presidente les pida perdón por los perjuicios ocasionados hace 100 años por una multinacional, cuando hoy seguimos teniendo la misma actitud servil? En esta visión rentista de nuestra economía, el Gobierno, en lugar de convertir nuestros recursos en una oportunidad para generar empleo y educación en innovación local, prefiere soltárselos a extranjeros para recibir cualquier bicoca en regalías y echarse a rascarse la barriga. Pero preparar a los colombianos para que no seamos sólo la mano de obra de las multinacionales y en cambio seamos nosotros quienes aprovechemos y manejemos nuestros recursos es demasiado trabajo, y para el Gobierno es más fácil pedir perdón, dentro de 100 años, que pedir permiso.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Catalina Ruiz-Navarro