Por: José Fernando Isaza

La realidad

Los científicos aceptan tres hipótesis para ejercer su oficio: la realidad existe, el universo sigue leyes y no existe el milagro. Si se le pregunta a una persona si existe la realidad diría que sí, y lo demuestra, por ejemplo, propinándole un golpe a quien hace tal pregunta.

La pregunta no es absurda. Si la realidad es lo que procesa el cerebro de lo que recibe de los sentidos, ¿cómo estar seguros de que todos procesan de igual forma las señales recibidas? Con excepción de los daltónicos, hay acuerdo en que un color es, digamos, el rojo, pero no hay forma alguna que permita saber si dos personas lo perciben igual. El científico diría: el color rojo tiene tal longitud de onda y eso define el color. Si el cerebro se estimula para que perciba alucinaciones, la persona no podrá diferenciar lo real de la alucinación. Las experiencias místicas, percibidas como reales, son consecuencia de perturbaciones en ciertas áreas del cerebro. El profesor Llinás informaba que cerebros de primates se mantenían vivos sin comunicación con los sentidos, se estimulaban externamente con procesos químicos, eléctricos, y se les creaba su propia realidad. Un tema de la ciencia ficción es que vivimos en un mudo simulado. Pensadores como Platón consideraban esa posibilidad. Físicos de la Universidad de Bonn han desarrollado un modelo que muestra que no existe violación a las leyes de física si vivimos en un universo simulado. Años atrás el filósofo Heine había expuesto esta idea en forma mas poética. Somos el sueño de un dios adormecido por el vino, y cuando despierte desapareceremos sin saber nunca que hemos existido.

Los trabajos de los premios Nobel de Física de 2012, Haroche y Wineland, que permiten determinar, sin destruir la superposición, diferentes estados simultáneos de una partícula, hacen reflexionar sobre la realidad. Las medidas cuánticas son probabilísticas, así una partícula puede estar dentro o fuera de un recipiente, pero tan pronto se observa se destruye la superposición. El ejemplo clásico es el experimento mental del gato de Schrödinger, que está en una caja y simultáneamente está vivo y muerto, pues con cierta probabilidad la desintegración de un átomo puede activar un veneno. Tan pronto se observa al gato la superposición se destruye y el gato está vivo o muerto, pero no simultáneamente.

Los trabajos de los galardonados permiten aislar átomos y fotones individuales, haciendo real lo que se creía posible sólo con experimentos mentales; partículas en diferentes estados sin destruir la superposición con la observación, pero preservando la naturaleza probabilística mecánico-cuántica.

Aunque el computador cuántico puede estar a varios lustros de ser un producto comercial, ya se especula que los resultados pueden acelerar su puesta en marcha. La velocidad de cómputo es mucho mayor que la de un computador convencional, pues utiliza la propiedad que tiene una partícula de estar en varios estados diferentes, y en cada uno de estos estados superpuestos lleva información. Los experimentos muestran que es posible actuar sobre ellas sin destruir su estado de superposición y así transmitir datos. Otra aplicación es la construcción de relojes atómicos de extraordinaria precisión, 5 segundos en los 13.800 millones de años en que se estima la edad del universo.

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