Por: Javier Moreno

De mujeres y hombres

El trabajo de Melissa Hines se centra en el desarrollo del género a nivel neurológico. En particular, estudia cómo la presencia de hormonas sexuales durante la gestación induce comportamientos postnatales.

Uno de sus hallazgos más conocidos es que la preferencia por juguetes “para niños” y “para niñas” (carros versus muñecas, digamos) es fuertemente determinada por la presencia de hormonas masculinas durante el embarazo y, además, es previa a condicionamientos culturales: macacos jóvenes muestran el mismo tipo de preferencias que los niños.

El miércoles, durante su plenaria en el congreso de la Sociedad para la neurociencia que se llevó a cabo en Nueva Orleans, Hines presentó los últimos avances de sus investigaciones (parcialmente reunidas en su libro Brain Gender). La charla concluyó con una advertencia importante: las diferencias neurológicas observables entre hombres y mujeres no contradicen los estudios que han demostrado fuera de toda duda que ambos sexos cuentan con la misma capacidad para desempeñar cualquier tarea intelectual. Si las mujeres están subrepresentadas en posiciones de poder en ciencias, enfatizó, no es porque sean menos capaces; las razones son de otra naturaleza, como evidencia un estudio de Corinne Moss-Racusin publicado hace un mes en la revista PNAS.

En el estudio, 127 profesores de física, química y biología vinculados a universidades norteamericanas de renombre recibieron la tarea de evaluar la hoja de vida de un aspirante a un trabajo como asistente de laboratorio. Aunque la hoja de vida era siempre la misma, el nombre del aspirante cambiaba de evaluador a evaluador. A veces era John y otras veces Jennifer. Sorprendentemente, o tal vez no tanto, Jennifer fue considerada significativamente menos competente y empleable que John. En promedio, el salario propuesto para Jennifer es más de un diez por ciento menor que el de John. La tendencia es la misma, por cierto, independiente del sexo del evaluador. La discriminación a las mujeres en ciencias, concluyó Hines tras describir los resultados de Moss-Racusin, goza de excelente salud. Confrontar y erradicar para siempre este sesgo vergonzoso debería ser uno de los objetivos prioritarios de la comunidad académica.

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