Por: Roberto Esguerra Gutiérrez

Semanas cruciales

Las próximas semanas son cruciales para el futuro del sistema de salud. Tal vez nunca antes se habían sumado tantas y tan diversas situaciones que influirán decisivamente sobre diferentes aspectos y definirán su futuro.

En el Congreso estará la reforma tributaria, que modifica aspectos sustanciales de la Ley 100 de 1993. Además, el ministro de Salud ha anunciado una ley estatutaria para definir y limitar el alcance del derecho a la salud y una ley ordinaria para regular otros temas generales del sector. Aspiramos a que todas estas discusiones no se vayan a limitar a los aspectos financieros, hay muchos otros temas de fondo que no tienen que ver con el dinero y son fundamentales para un sistema de salud.

El error de circunscribir el debate a los temas financieros o darles mayor importancia que a los que constituyen la verdadera esencia de un sistema de salud, no se puede cometer nuevamente. De nada serviría un sistema totalmente financiado pero que continúe siendo inhumano o que permita la asfixia de sus pilares principales, que son los hospitales, o que simplemente siga estando centrado en la enfermedad y no dé el vuelco para concentrar sus mayores esfuerzos en la salud.

No son preocupaciones menores y merecen ser debatidas ampliamente en el trámite de estas tres leyes. La sociedad reclama desde hace rato que el ser humano sea la preocupación central y eje del sistema. Aunque es urgente tomar medidas radicales para evitar que el dinero de la salud siga siendo saqueado por ladrones que siguen tan campantes, es tanto o más urgente pensar en los elementos esenciales para lograr impactar positivamente el bienestar y la salud de los colombianos, como la humanización y la calidad de los servicios.

También en el Congreso hace trámite el proyecto de ley sobre reglamentación de la eutanasia y en el ambiente se está agitando nuevamente el tema del aborto. Ambos tienen una importancia inocultable para el sistema de salud y para la sociedad en general. Desafortunadamente despiertan pasiones que impiden un debate tranquilo y con argumentos. Preocupa que algunas de esas posiciones tiendan a desinformar a la opinión pública para buscar que tenga una visión distorsionada de lo que se está proponiendo. Es lo que ocurre cuando se insinúa, de manera perversa, que si se llegara a aprobar la ley de la eutanasia, ésta sería obligatoria para todos los ciudadanos. Nada más alejado de la realidad, en ambos casos lo que se busca es que exista la opción y la libertad para escoger, de manera que quienes por sus creencias y sus valores quieran tomar esa vía, en caso de requerirla, puedan hacerlo.

Negar a los ciudadanos la posibilidad de ejercer plenamente su autonomía en todo lo que atañe a las decisiones sobre su cuerpo, su salud, su vida y su muerte, es un insulto a su inteligencia. Si fuera posible superar la pasión para que prime la razón, seguramente podríamos tener un debate interesante, con participación amplia, que lleve a que las determinaciones estén bien fundamentadas y recojan el sentimiento de la mayoría de los colombianos.

Pero aún existe un escenario más en el que el tema de salud será protagonista principal, se trata de las conversaciones de paz que se están iniciando. Tanto este tema como el de la educación han sido actores centrales en los procesos anteriores y seguramente en esta ocasión se harán presentes muy pronto. También en este escenario se requiere que se piense con objetividad en lo que más conviene para la salud de los colombianos sin pretender imposibles y sin desconocer las realidades del mundo actual.

 

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