Opinión |22 Oct 2012 - 11:00 pm

Reinaldo Spitaletta

Sombrero de mago

Se calienta la paz

Por: Reinaldo Spitaletta

Extirpar las causas de la guerra (y de la guerrilla) es un deber ser del gobierno y el Estado colombianos. Sin embargo, de acuerdo con el modelo económico impuesto desde hace más de veinte años en el país, las desigualdades se han incrementado, miles de pobres se volvieron indigentes y una minoría de potentados alcanzaron riquezas inimaginables.

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La justicia social, un rubro que en el país no existe, es la clave para ir en contravía de la guerra, que ha sido, además, negocio de muchos, entre ellos los Estados Unidos, como lo han demostrado, por ejemplo, con su Plan Colombia. Si hubiera pan y trabajo, si los campesinos tuvieran tierra, si todos pudieran acceder sin dificultades a la salud, a la educación y la cultura, a los logros alcanzados por la denominada civilización, ¿sería el país un territorio abonado para la guerra?
Aunque en las iniciadas negociaciones de paz en Oslo no está en discusión el modelo económico, según el gobierno y la agenda suscrita, no es posible ignorarlo cuando se toquen, por ejemplo, los aspectos que tienen que ver con la tierra y la política de desarrollo agrario. La democratización o no de la tierra ha sido históricamente una causal y detonante para las guerras y otros conflictos internos de Colombia. Hoy, el cuarenta y seis por ciento de los once millones de campesinos está en la pobreza. ¿Qué ventajas ofrece el neoliberalismo al campesinado? ¿Qué aporta a la seguridad alimentaria?

Antes del establecimiento del modelo neoliberal en Colombia, que ha sido un desastre para la mayoría de la población, ya el problema agrario estaba como soporte de las tensiones sociales. La antidemocrática tenencia de la tierra en el país ha privilegiado a minorías que han sido las dueñas de enormes extensiones, al tiempo que millones de campesinos están excluidos. Uno de los puntos clave de los diálogos radica en el análisis y solución de los conflictos por la tierra.

El primer asalto en la nevera noruega, dejó más bien asuntos conocidos de parte y parte. Nadie ignora, por ejemplo, que Colombia es uno de los países más desiguales e inequitativos del mundo. Ni acerca de la política agraria del régimen como “retardataria y engañosa” (calificativos del vocero de las Farc), ni de los daños causados por las transnacionales al medio ambiente, ni que el país, en el ámbito minero, ha retornado a los tiempos de la colonia.

Las negociaciones de paz entre el gobierno y las Farc, tendrán en alguna instancia que tocar los efectos nocivos del actual modelo económico colombiano, pero igual el fracaso que ha sido la lucha armada en el país. Y sobre todo, no pueden perder la perspectiva de discutir para llegar a un acuerdo. El más interesado en la paz es el pueblo colombiano, que ha sido víctima de todos los actores armados y de las centenarias políticas de exclusión impuestas por las minorías oligárquicas. Así que debe ser el pueblo el que exija seriedad a las partes. ¿Y cómo lo puede hacer la gente?

Se sabe o se cree saber que hay que luchar por un país de justicia social, que distribuya con equidad la riqueza y dé acceso al trabajo y vivienda dignos, en el que se no vulneren los derechos fundamentales ni ningún otro. Y uno de los pasos hacia esa meta, es la consecución de la paz. Y las claves de la misma, están en el respeto al derecho ajeno, como lo dijera Gandhi.

Claro que para ponerle un poco de picante al asunto, habría que recordar al humorista español Mingote cuando advertía: “Todos quieren la paz, y para asegurarla, fabrican más armas que nunca”. El sueño de la paz en Colombia (a veces convertido en pesadilla) vuelve a estar en la palestra política. Según los voceros de las partes, en las conversaciones no se trata de “catequizar a nadie” y es otro momento de esperanza y de mostrar ramitos de olivo. Que los dioses de la sensatez los acompañen.

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Opiniones

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paperez50

Mar, 10/23/2012 - 18:14
Otro "genio" que todavía cree que los terroristas de hoy son la guerrilla idealista de ayer... Colombia no progresará mientras la opinión, la educación, el poder esté en manos de viejos anclados en el pensamiento de los 60 y 70's... Estos babosos se revuelcan en los viejos discursos, hoy vacíos y convertidos en simple carta de presentación entre los mismos ancianos ideológicos
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sabueso

Mar, 10/23/2012 - 18:09
este p-ais s igual a un conjunto residencial hay unos derechos y unos deberes pero algunos hacen lo que les vien en gana y en especuial cuando son lic. en leyes no pagan la adminis pero si exigen sus derechos y fuera de eso trasgreden toda convivencia y diganme que no
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Ar mareo

Mar, 10/23/2012 - 12:41
Tienen tanto afan en meternos la paz por boca y nariz q ya nadie habla de las causas de la guerra. Hasta el punto q esta generacion cree q el asunto es de narcotrafico... hagame el favor y mientras tanto 60% de la poblacion viven el no futuro de la informalidad y el 46% la violencia de la pobreza minima
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baffles

Mar, 10/23/2012 - 12:32
reinaldo deje de ser un mamerto lacayo del terrorismo,la causa de la indigencia es el consumo de alucinogenos por individuos que en su mayoria son de familias que economicamente estan bien. ahora ud pretende que una parte de la sociedad donde reina la pereza y eldesorden gozen de las mismas comodidaes de una sociedad organizada y trabajora, don reinaldo pues ud tiene mucho HUEVO, esa carreta barata solo es aceptada por lo ineptos y fracasados mamertos que sueñan con un redentor que los mantenga. otra, muchos de esos campesinos vendieron a buen precio sus tierras y se la mamaron en ron y putas que es la tentacion en los suburbios cerca de toda ciudad y sin saber trabajar en algo diferente a las labores del campo.,
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solesporventanilla

Mar, 10/23/2012 - 11:29
El farianismo tiene ahora la posibilidad de darle en la jeta al uribismo en su propia cancha, en el campo, estableciendo las condiciones para una reforma agraria trascendental. Si la paz no se firma esto es un show barato. ¿Qué los guerrilleros y con razón temen que los maten apenas se desmovilicen? Bien, siempre es que los indígenas, y en general, los campesinos siempre han sido más valientes porque ahí están, en pie de lucha democrática, y están los de siempre asesinando a sus líderes e integrantes en general, en las narices de todo el mundo. En fin, esto va a seguir en las mismas. A mucha gente interesada simplemente la acorrala el establecimiento entre este y los farianos, que nadie los quiere y no es precisamente por buenas gentes, por monjitas caritativas. Esa misma gente respaldaría la reforma agraria impulsada desde el gobierno y el farianismo, de eso no hay duda. Pues es con ellos, ¿Por qué con quien más? ¿Con los holandeses, rusos, chinos, nicaragüenses? Jejeje, en fin.
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unomas_conelminimo

Mar, 10/23/2012 - 09:36
El gobierno quiere hacer la paz para feriar lo que nos queda de riqueza y no es que me oponga a la paz, si no que es más fácil vender (inversión extranjera) sin un conflcito armado.
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Víctor Raúl

Mar, 10/23/2012 - 09:25
Mientras los muertos los pongan los pobres, no hay afán para la paz.
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Julio Herrera

Mar, 10/23/2012 - 08:42
Es una ingenuidad y una utopía creer que un gobierno dirigido tradicionalmente por latifundistas y terratenientes aceptará negociar siquiera una parcela de sus inmensos latifundios. Es la ambición y la intransigencia de los terratenientes la que originó el movimiento guerrillero que buscaba de una justa reforma agraria. Por eso no se necesita se un Nostradamus para prever que los dialogos gobierno-guerrilla están condenados al fracaso. Vale recordarle al gobierno de latifundistas las proféticas palabras de Luther King Jr: "Los que hagan imposible la revolución pacífica harán inevitable la revolución violenta".
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jeloco

Mar, 10/23/2012 - 08:01
Es por estas razones, que Colombia es muy atractiva para invertir desde extrangero a pesar de estar en guerra. Hay un estado que les garantiza el pasaporte de invertir pagando minimos impuestos, explotar a los trabajadores y como en las explotaciones mineras, trabajar sin travas ambientales para destruir el medio ambiente, maxima participación en utilidades frente al arrenatario de la mína, que es el mismo estado.
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Eduardo Saenz Rovner.

Mar, 10/23/2012 - 07:25
No se sabe que le ha hecho más daño al país, si los economistas y abogaduchos neoliberales o los paracos. Lo único que se sabe es que trabajan para los mismos intereses.
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leftright

Mar, 10/23/2012 - 07:19
es decir segun pataletta los paises subdesarrollados que tienen pobres es logico que tengan terroristas como los de las farc?????. porque sera que las quebrada y llena de pobres como nicaragua,salvador, cuba y venezuela no tienen terroristas.??es decir segun pataletta para que haiti salga de la pobreza deben armar su banda terrorista.
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aralquin

Mar, 10/23/2012 - 16:52
Definitivamente este bobo nunca ha ido a venezuela segun la mierda que escribe JUAAAAAAAAA!!!!!
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consensopúblico

Mar, 10/23/2012 - 06:52
Asomados unos en los otros ni siquiera advierten el espanto que interpretan en correspondencia biunívoca. El miedo y el odio se les impone atesorado por los actos actos monstruosos cometidos unos contra otros en la voluntad de imponer carencias, abyecciones, codicias, sus propias limitaciones, tratando de asegurar una supremacía que de hecho ya está perdida en la revelación de esta intención refleja y endófaga. Motivaciones malditas que atragantan a las partes. Lo más horrendo es que la realidad creada por esos apetitos insanos y crueles sigue siendo materia de deseo e impulsión en continuidad de la pesadilla presencial que les pertenece sin atenuante alguno. Espectáculo que nos vence (no convence) sustentado en la fuerza (auto)destructiva y su monstruosida ampliable, manifiesta...
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CARV

Mar, 10/23/2012 - 00:35
El Gobierno tiene que reconocer y aceptar que -constitucionalmente- tiene la impajaritable obligación de buscar, lograr y mantener la Paz (la verdadera), y de proceder en consecuencia. Los colombianos no podemos dejar entronizar la idea de que el 'intento' del Gobierno es algo discrecional y un acto de benevolencia de su parte, el cual puede impulsar o no cuando le plazca. Debemos apoyarlo y acompañarlo fervientemente en ese esfuerzo (asumiendo que sea genuino), pero también debemos mantenerlo permanentemente vigilado par que no le escurra el bulto a tan seria e inaplazable responsabilidad. Esta tarea también debe ser diligentemente compartida por las instancias institucionales (Congreso, Cortes, Procuraduría,...) que tienen como una de sus funciones 'meter en cintura' al Gobierno.

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