Por: Aura Lucía Mera

“Alemania dirige la orquesta”

Ángela Merkel se quita la máscara sin pudor. Como lo escribe sin rodeos Jesús Cacho en su artículo para Vozpópuli en España. Me robé el título de esta columna y citaré algunos apartes de sus afirmaciones.

“Guste más o menos, Alemania es otra vez, una vez más, la gran potencia hegemónica europea, capaz de lograr con la potencia de su economía, lo que en infaustas épocas intentó con los tanques, una potencia obligada a mirar hacia el Este, hacia esa Rusia de la que procede la mayor parte de su abastecimiento energético. Hay quien sostiene, por eso, que el gran aliado de Alemania en el futuro inmediato será Rusia, no la Europa del Oeste, y desde luego no una Francia tal vez condenada a convertirse en un protectorado de Berlín, un nuevo Vichy, con todo lo que ello tiene de decadente...”.

“... Más que nunca vienen a cuento las palabras del gran Thomas Mann: ‘No queremos una Europa alemana sino una Alemania europea’”...

Las últimas actitudes de Merkel lo confirman. España parece condenada a seguir sus órdenes “en justo castigo a nuestros excesos, a ser meros comparsas en el gran teatro continental. Y mejor circular por la autopista alemana que por el camino de cabras griego... Porque si no somos capaces de disciplinarnos de grado, nos obligarán por la fuerza... Nos gusten más o menos los modales de la Frau...”.

Lamentablemente, Jesús Cacho tiene razón. España, quiera o no quiera, tendrá que bajarse de la nube en la que se montó, desde “El destape de tetas” que se inició nada más morir el dictador, jugando a un libertinaje desenfrenado, y luego meterse de cabeza en una burbuja económica, que conllevó a la corrupción rampante y a creer que los euros caían del cielo como las hojas de los árboles en otoño.

Como me decía el publicista catalán Joaquín Lorente hace unos años: “España jamás volverá a una guerra porque todo el mundo tiene dinero, vacaciones de un mes, y pueden todos comprar en Zara...”. Ahora se acabaron las vacaciones, el jolgorio, las compras en Zara y los chalets en el Mediterráneo. El desempleo, la falta de dinero, las deudas, los recortes drásticos que afectan como siempre a los más necesitados, vuelven a desencadenar la rabia como común denominador.

El PSOE culpa al PP. El PP no sabe cómo detener el tsunami. Los jóvenes se indignan. Los jubilados ven evaporarse los ahorros de toda una vida. Los catalanes quieren separarse una vez más, los vascos ídem, los andaluces aprovechan el desorden colectivo. Renacen los odios nunca superados, ninguna comunidad quiere reconocer sus despilfarros, se tiran la pelota unos a otros.

Ojalá España no se salga de madre. Cuando el pueblo se siente estafado, no tiene trabajo, ve que los ricos siguieron igual de ricos o más, la bola de nieve puede crecer hasta provocar el alud. A la Merkel le importa un comino. Creo que jamás se tomó en serio “la tierra de pasodobles, toros y panderetas”. Pero ojo a la dictadora del siglo XXI. Las cuerdas se rompen por lo más delgado y no hay Premio Nobel de la Paz que valga.

España debe asumir sus culpas, pero no permitir que le toquen los cojones. Y menos los alemanes.

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