Por: Tatiana Acevedo

Pelo prestado, plástico y deserción

Informa la prensa que hay alarma por la tasa de deserción escolar en varios municipios de Boyacá. En Duitama, se dice, “hay extraviados 380 estudiantes”.

 

Se nos revela que la deserción se debe a la medida de gratuidad de la educación pública para niños y jóvenes implementada por el gobierno nacional el año pasado: “la gratuidad les hizo perder (a los padres) la pertenencia en el proceso educativo de sus hijos y eso es muy grave”

Como alternativa a esta explicación propongo que la deserción puede estar relacionada con la contaminación del río Chicamocha, el comercio de pelo humano y la presencia de miles de cédulas sin reclamar en la Registraduría municipal.

En los últimos meses la prensa y la radio han registrado tres tipos de noticias sobre Duitama. Un primer grupo de noticias tiene que ver con la contaminación. Causaron preocupación nueve toneladas de residuos plásticos extraídas este año del Canal de Vargas y la ciudad, según afirma un diagnóstico oficial, crece desordenadamente y vierte cada vez más agroquímicos, insecticidas, bolsas y envases en sus fuentes de agua (lo que ha contribuido a hacer del río Chicamocha el segundo más contaminado del país).

Por otra parte, se registró la inquietud de los habitantes por la nueva modalidad de robo de pelo para la elaboración de las populares extensiones o “pelo prestado” (que puede llegar a costar siete millones de pesos). Se multiplican así mismo las noticias sobre otros hurtos más ortodoxos como el de electrodomésticos, medidores de agua y celulares. Y el aumento en la delincuencia común ha incrementado la llegada de policías a la ciudad (de 30 uniformados en las calles a inicios del año se ha pasado a 84 y se han adquirido decenas de cámaras de vigilancia).

Finalmente, algunos medios entrevistaron a funcionarios de la Registraduría, pues hay intranquilidad por las 3.018 cédulas y 544 tarjetas de identidad sin reclamar que reposan en la entidad. El 4% de los mayores de edad de Duitama andan por ahí sin cédula.

La ciudad se transforma rápidamente, es más grande, consume más (contamina más), registra más delincuencia, requiere más policías. Por su cuenta, el descomunal desdén hacia el documento de identidad podría sugerir un aumento de la informalidad laboral –quien no tiene cédula no puede firmar un contrato, ni cobrar un cheque, ni sacar un préstamo-. La informalidad, a su vez, quizá tenga que ver con una mayor desigualdad (hay quien tiene para pagar siete millones por pelo y hay quien está dispuesto a robarlo).

Todos estos cambios significativos pueden estar relacionados con el abandono de las clases. Si los padres, por ejemplo, no tienen empleo formal tendrán que moverse más y de pronto cambiarán de barrio o de ciudad y necesitarán más ayuda de los hijos en sus rutinas laborales. En lugar de dar por hecho la dejadez de la comunidad (como no les cuesta prefieren no mandar a los niños al colegio), las autoridades podrían dar dos pasos hacia atrás. Sería deseable que antes de reaccionar a las fotos y titulares de primera plana (del tipo de "niños desertan de colegio gratuito"), se tomaran un tiempo para elaborar otra foto, ojalá panorámica.

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