Por: Ricardo Bada

Cartas de Bertrand Russell

Un día cayó en mis manos una antología de la correspondencia de Bertrand Russell, y la devoré con la religiosa devoción que le dispenso a la literatura epistolar.

Fui recompensado con tesoros como la carta que un niño de 6 años le remitió desde Oxford, carta que aparecía reproducida facsímil, y es una delicia ver la letra infantil y descifrar su texto: «Gracias de todo corazón por todas las cosas que usted ha hecho. Me gusta usted. Si viene alguna vez a Oxford venga a casa a tomar té conmigo. Con mucho afecto, Paul Altmann. Tengo seis años».

Bertrand Russell le contesta: «Querido Paul Altmann, te agradezco tu linda carta, que sobre todo me pone contento porque encuentro en ella un aliento para seguir con mi tarea. Me encantaría tomar el té contigo en tu casa, pero creo que por el momento no iré a Oxford. Pero cuando vaya te lo haré saber. Con mucho afecto y los mejores deseos de Bertrand Russell».

¿No es una maravilla?

Siete años más tarde una joven le escribe lo siguiente: «Le agradezco mucho su autógrafo. Muchas gracias. También le he dado gracias a Dios». A lo que Russell replica: «Estimada señorita Bush, me complace que le haya gustado mi autógrafo, pero siento que se lo haya agradecido a Dios, porque eso significa que él está perjudicando mis derechos de autor. Con los mejores deseos y cordiales saludos, Bertrand Russell».

Y como no hay dos sin tres, traduzco un tercer ejemplo. Alguien le comunica: «Hoy fui a comer con un amigo y me contó que posee una colección de fotos firmadas por famosos cantantes de ópera. Le contesté que la única foto con autógrafo que me gustaría poseer es una de Bertrand Russell, además de una foto de Jesucristo firmada por Él (que se puede conseguir a través de un evangélico fundamentalista que las envía desde Del Río, México)». ¿Y la respuesta de BR?: «Estimado señor Todd, cordialmente gracias por su bonita carta. Lamento no disponer de ningún autógrafo de Jesucristo. Espero que se conforme con el mío, que lo encontrará en esta carta. Con cordiales saludos, Bertrand Russell».

Y last but not least, a un cierto Mr. Davis le mandó la lista de sus veinte palabras predilectas, que aquel le había solicitado. Son las siguientes: «viento matorral dorado ensuciar peregrino pantano melodía alabastro crisoprosa astrolabio apocalíptico ineluctable fingido rojo–sangre Tierra sublunar corásmico cucúrbita fulminar éxtasis».

¡Y pensar que este genio fue uno de los mayores sexistas y déspotas familiares que parió madre, y provocó el suicidio y la muerte de no pocas personas de su entorno, un capítulo cuidadosa, muuuy cuidadosamente, “retocado” en sus biografías!

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