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María Elvira Samper 27 Oct 2012 - 11:00 pm

De lobos y corderos

María Elvira Samper

¿En qué va la negociacion de la prórroga del contrato con Cerro Matoso S.A., la mina de ferroníquel a cielo abierto más grande del continente, propiedad de la minera más grande del planeta, la multinacional anglo-australiana BHP Billiton?

Por: María Elvira Samper
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 La pregunta surge por la calma chicha y la reserva reinantes luego de la tempestad de señalamientos contra la compañía por la liquidación irregular de las regalías, el pago de menores impuestos y el incumplimiento de los estándares ambientales, mineros y sociales, y también por el mal tufillo que despide la ofensiva publicitaria de la minera para mostrarse vestida de seda, pero sobre todo porque la negociación constituye una prueba ácida para el Gobierno, una prueba para que demuestre su capacidad —y su real interés— para defender los intereses de la Nación.

El caso de Cerro Matoso ilustra muy bien dos denominadores que son comunes a las multinacionales minero-energéticas que operan en el país. El primero es que se llevan la parte del león. Y se la llevan no sólo por ventajosas, sino porque desde cuando el Estado pasó de ser empresario a facilitador, gobiernos complacientes, gobiernos corderos, y además hambrientos de inversión extranjera, les han exigido y les exigen menos de lo que deberían en materia de estándares ambientales, compensación del daño y obligaciones sociales; porque las instituciones ambientales son débiles y no tienen ni los dientes ni los recursos suficientes para garantizar que las compañías cumplan con los compromisos adquiridos; porque las normas son laxas y laxa su interpretación; porque los controles son precarios o en muchos casos inexistentes, lo que les permite liquidar las regalías a su modo, y porque el sistema de tributación es tan complejo y lleno de rendijas, que les permiten encontrar formas de eludir impuestos y/u obtener exenciones por inversiones a las que están obligadas por los contratos como compensación por el daño ambiental, pero que presentan como donaciones de fundaciones propias.

El segundo común denominador es que son leones con piel de oveja: cuando se ven en problemas, cuando su lado oscuro sale a la luz y la opinión pública despierta y pone en ellas el foco, recurren al viejo y obvio truco de saturar de publicidad a los medios de comunicación para apaciguarlos y tender una cortina de humo para lavar su imagen.

Frente a los interrogantes que plantea la apuesta por la minería, lo que decida el Gobierno con Cerro Matoso sentará un precedente para otros contratos que están por vencerse. El quid no está sólo en una contraprestación adicional al 12% actual de regalías, sino en que la compañía se comprometa a mayor inversión social y se someta a más altos estándares ambientales.

¿Está dispuesto el Gobierno a rectificar el rumbo de la actividad que tiene el mayor impacto en la economía y el medio ambiente? ¿Seguirá siendo el cordero que deja que los leones devoren a sus anchas nuestros recursos, o tomará la decisión de meterlos en cintura y exigirles las compensaciones adecuadas al daño ambiental que causan? Si las respuestas son afirmativas, ¿existen los recursos necesarios para vigilar y verificar que los conductores de la locomotora cumplan al pie de la letra con los compromisos adquiridos? Las dudas son más que las certezas.

  • María Elvira Samper | Elespectador.com

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