Por: Armando Montenegro

La guerra no es como antes

En el pasado debate presidencial de Estados Unidos, para ridiculizar una cierta nostalgia de Romney por los caballos y las bayonetas de 1917, Obama le recordó que ahora se peleaba con portaaviones y submarinos.

La realidad es que el presidente se quedó corto. El Washington Post acaba de publicar un informe sobre las nuevas formas de la guerra, que muestra que en la actualidad los mismos portaaviones y submarinos también son obsoletos.

Dado que las guerras convencionales prácticamente se han acabado, ahora se trata de destruir personas, células terroristas, dispersas en varios países, ocultas en sitios remotos, con capacidad de mimetizarse entre la población nativa.

El Washington Post muestra que las luchas recientes de Estados Unidos ya no están bajo el mando del ejército, la marina o la aviación sino, directamente, de la Casa Blanca, bajo la coordinación general del Comando de Operaciones Conjuntas, el mismo organismo que dirigió la exitosa operación contra Bin Laden.

Los instrumentos de lucha son grupos de comandos élite, la tecnología sofisticada de comunicaciones y, por excelencia, el arma de espionaje y ataque son los aviones no tripulados, los drones, bajo la dirección de la CIA, una entidad involucrada en la destrucción de objetivos enemigos.

La llamada Matriz de Eliminación es una lista que contiene a las personas que deben ser destruidas, junto con los recursos asignados, su localización en distintos países y los permisos legales para actuar contra ellas. La Matriz, a medida que mueren unos y aparecen otros objetivos, se actualiza en forma permanente.

Con este modo de operar, dice el diario de Washington, se han dado de baja más de 3.000 personas localizadas en países tan diversos como Yemen, Pakistán y Somalia, una cifra semejante a la que murió en las Torres Gemelas en 2001.

Por la naturaleza de sus problemas internos, aunque limitado por la tecnología disponible, este tipo de guerra comenzó en Colombia hace años. En la muerte de Pablo Escobar, Raúl Reyes, Alfonso Cano y el Mono Jojoy convergieron la utilización de altas tecnologías de comunicaciones e inteligencia, grupos élite y capacidad efectiva de golpear a los objetivos escogidos.

El país ha seguido dando pasos en esa dirección. La prensa informó hace algunos meses que Colombia había adquirido por lo menos un sofisticado drone de tecnología israelí para apoyar sus actividades antiguerrilleras. Y la semana pasada, El Tiempo reportó que ya había una capacidad de fabricación local de algún tipo de drones.

Si, infortunadamente, fracasa el proceso de paz que está comenzando, el país se verá forzado a continuar la guerra contra las Farc. En ese momento, las nuevas inversiones militares tendrán que orientarse en profundizar la capacidad de ataque con las nuevas tecnologías, desarrolladas y probadas con éxito en otras latitudes.

Como en otras guerras contemporáneas, los objetivos pueden estar localizados en otros países y, en esas condiciones, puede ser aconsejable golpearlos en sus guaridas. Para actuar contra ellos y evitar conflictos internacionales, se deben utilizar a fondo los mecanismos de la diplomacia, la negociación y los incentivos a los gobiernos de los países receptores para que permitan los ataques contra quienes se esconden en su territorio. En las nuevas formas de guerra, éste es un elemento fundamental del éxito.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Armando Montenegro