Por: Diego Aristizábal

La viuda y el jardinero

Podría empezar diciendo que “Memorias de una viuda” es un relato conmovedor, profundo, angustiante, detallado hasta el punto de sentir que en esos primeros meses de viudez uno es un acompañante discreto de la mujer que busca desesperadamente retomar su vida o morirse de una vez.

Podría decir que en este libro de 469 páginas Joyce Carol Oates cuenta cómo de repente su esposo, Raymond Smith, fundador y director de la revista literaria The Ontario Review, muere a los 77 años por una posible negligencia médica o simplemente por complicaciones de una neumonía. 

Podría ser más minucioso y explicar la estructura de la historia, extenderme en la relevancia que tienen las memorias como género literario o quizás analizar un poco la forma como Joyce hace que cualquier detalle de su vida sea literatura para poder tener así una producción sorprendente que no baja de 50 libros.
Cada día descubrimos que un libro es más que un resumen de él como muchos profesores de literatura piensan, es más que una “atractiva” sinopsis en la contraportada. Un libro no es una idea concreta que todos reafirman para demostrar que lo leyeron.

Con frecuencia uno descubre una frase, un personaje que apenas se nombra y eso puede ser más importante que los puntos de giro. A veces la historia que todos repiten es lo de menos. Cuando hablamos de un libro, todo lo que se pueda recordar de él vale. Cortázar se especializó, por ejemplo, en seguir las historias desde los zapatos de los personajes, desde los detalles más insignificantes.

Tal vez por eso, como tengo tantas opciones para decir algo sobre este libro que, a propósito, nunca llegó a las librerías de Colombia, diré que lo que más me conmovió de “Memorias de una viuda” fue una simple idea: “El jardinero es el optimista por antonomasia: no sólo cree que el futuro va a mostrar los frutos de su trabajo, es que cree en el futuro”.

Y esto me llenó de entusiasmo. Leí entonces todo el texto tratando de saber más sobre el cornejo, las matas de forsitias, peonías, dicentras, tulipanes, laderas de azafrán de primavera, narcisos, jazmines, en fin, todas esas cosas que podrían ser insignificantes en la historia de la viuda; lo cual no es cierto porque detrás de esto está la conexión maravillosa entre la vida y la muerte, entre la profesión y los oficios. “La jardinería, como la edición, requiere una paciencia infinita; requiere una generosidad esencial, y optimismo”, dice Joyce mientras recuerda a su marido como al editor de cosas vivas.

Si un libro, en medio de todo lo que tiene, te lleva incluso a que compres una planta para tu jardín de cemento, apenas lo cierras, habrá hecho algo sorprendente. Un escritor, un editor no siempre tienen consciencia de lo que hay dentro de un libro, de lo que esconden las palabras. No siempre el mejor resultado es un comentario crítico en una revista, a veces el optimismo también surge de la muerte.  

desdeelcuarto@gmail.com / @d_aristizabal

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