Debate: El periodismo del posconflicto, retos y desafíos

hace 1 hora
Por: Iván Mejía Álvarez

Cuento pastuso

El Pasto clasificó a la final de la Copa Postobón y está peleando con alma, vida y sombrero su ingreso a la próxima ronda de la Liga. Sí, es el mismo elenco pastuso que jugó en julio la final de la Liga contra Independiente Santa Fe y que vendió muy cara su derrota.

Pasto tuvo los mismos días de descanso que la escuadra cardenal y sigue ahí, vivito y coleando, dando lucha, afrontando dos torneos a la vez y demostrando que el cacareado cansancio y la falta de pretemporada a veces es una careta que se inventan dirigentes, técnicos y jugadores para tapar el fracaso, como es el caso de Santa Fe, envuelto en problemas internos por distribución de premios y en ególatras liderazgos, perjudiciales para la institución.

El Pasto, con una nómina inferior en costo, con menos estrellas y más ambición, salió adelante y ahora no sólo busca destronar al favorito Nacional en la Copa y meterse para pelear el título en Liga, ha dado otra vez muestra de seriedad y respeto hacia su afición, la misma de la que han carecido algunos equipos de capitales, como el ya mencionado Santa Fe, el Cali y el Medellín.

El elenco que dirige muy bien Flabio Torres, un tipo joven y poco conocido hasta hace unos meses, acabó con el paradigma de que los protagonistas del primer torneo fracasan en el segundo. Es menester revisar la curiosa teoría y advertir a quien gane en diciembre que no tiene excusas para hacer un papelón en febrero y marzo, como habitualmente ocurre. Recordar a Júnior en la Copa Libertadores de este año.

Pasto, al igual que Equidad, Itagüí y el Chicó han terminado por convertirse en esos incómodos pasajeros que siempre llegan a la estación a tiempo para las finales. La campaña de Equidad, por ejemplo, es admirable en los últimos años, le toca duro al principio porque Alexis siempre hace pretemporada para cada torneo y el arranque es lento, pero después, cuando engrana, se mete a la pelea.

La presencia de esos tres equipos es una buena noticia para la parte deportiva, porque son elencos serios y bien trabajados, pero también es una pésima noticia para las finanzas de la Dimayor porque no tienen afición, no llenan y no tienen poder de convocatoria. Pero ese es un problema de Jesurún. Pasto ha demostrado que no hay razón, como decían los de antes, para “echarse con las petacas”.

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