Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Su majestad Ordóñez

Qué postura tan cómplice e irresponsable la del Gobierno con la elección del procurador. Ahora ternó a María Mercedes López, a quien dejó sola para que en el Senado se cumpla el designio de Alejandro Ordóñez de continuar otros cuatro años haciendo y deshaciendo en la Procuraduría.

Y sostengo que dejó íngrima a la candidata López y abandonada a su ingrata suerte, porque que el Gobierno salga a decir ahora que respeta la autonomía de la Unidad Nacional cuando ya Ordóñez tiene cooptado a todo el mundo en el Congreso para que lo reelijan, es lo mismo que pedirles a los congresistas que le den el pupitrazo para que el procurador siga en el cargo que ha mancillado de muchas maneras.

Ni siquiera el Gobierno se preocupó por el reclamo de su candidata, quien con razón pidió que Ordóñez se retirara de la Procuraduría mientras se surte lo que resta de la farsa de su reelección. La ministra de Justicia, Ruth Stella Correa, a quien le competen estos asuntos, no ha dicho ni pío, ni lo dirá, porque su papel es el de ser la más cercana vocera y mensajera del procurador en el Gobierno.

Por eso no es raro que apenas se conoció el nombre de la postulada por el Gobierno, en la Procuraduría el ambiente se volvió de fiesta, porque todavía había quienes creían que Santos podría atreverse a darse la pela por alguien que hubiese suscitado un respaldo franco y decidido del régimen para derrotar la opción oscurantista que encarna Ordóñez. En la Procuraduría saben que aplastarán a los otros dos contrincantes, porque para eso está aceitada la maquinaria que en buena hora denunció el portal La Silla Vacía, sin que ni el procurador, ni la contralora, ni la ministra de Justicia se hayan dado por enterados de esa corruptela gigantesca.

No hay duda de que ahora el verdadero mandamás en Colombia ya no es Juan Manuel Santos, sino Alejandro Ordóñez. Lo que ha ocurrido a propósito de su tramposa reelección es lo más parecido a un golpe de Estado. En el Congreso no le paran bolas a Santos, por eso ni siquiera esperaron a conocer el candidato del presidente, para adherir a Ordóñez; en el Gobierno se entregaron sin dignidad a la causa reeleccionista, porque el procurador sabe que con su inmenso poder de destituir y aniquilar vidas públicas tiene arrodillado a más de uno. Y para completar, el procurador es la voz que más se acata en la mayoría de las Altas Cortes, donde también muchos de los magistrados le deben grandes favores burocráticos.

Es tan poderoso Ordóñez, que inclusive hasta en la Contraloría, donde supuestamente manda Sandra Morelli, la supuesta y temida “Dama de Hierro” contra la corrupción, le han sabido otorgar dos contratos de prestación de servicios profesionales a Jorge Arturo Moncada Rojas, flamante yerno del procurador. En efecto, un primer contrato fue por $35 millones y el siguiente por $170 millones, en total $205 millones, porque la Contraloría necesita de las luces del pariente político del procurador, para que la asesoren y apoyen “desde la disciplina profesional de las relaciones internacionales, en las actividades que demanda la cooperación técnica internacional con organizaciones internacionales como la Olacefs e Intosai, y demás en materia de control fiscal”. Dama de hierro, sí, pero fundido y no con todo el mundo. Si lo mismo pasa en otra dependencia, seguramente Ordóñez destituye al nominador y la Morelli decreta uno de sus famosos embargos arbitrarios.

Se arrepentirá el Gobierno de esta hora de vacilación, por cuenta de la cual Ordóñez seguirá mandando a sus anchas, de la mano de Fernando Londoño —el siniestro Héroe de Invercolsa— y Pablo Victoria, entre otros pájaros de mal agüero que anidan en la intolerancia de la procuraduría más corrupta de la historia.

Adenda. El Gobierno que lleva 20 años sin cumplirles a los empleados de la rama judicial la nivelación de sus salarios, ahora que ya no tiene argumentos para convencerlos de que levanten el legítimo paro judicial, los amenaza con destituciones, bolillo y muy pronto hasta bala.

 

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