Por: Hernán Peláez Restrepo

Malos ejemplos

Es una lucha continua la que afrontamos quienes queremos lo mejor para el fútbol colombiano. No hay forma de hacer entender a los dirigentes la importancia de erradicar prácticas contra la ética deportiva, que por repetirse tanto van adquiriendo matices de normalidad.

El caso del delantero Juan Fernando Caicedo, quien venía despuntando como prospecto interesante en el Quindío, es triste. Rompió su vinculo contractual de forma unilateral en plena etapa de finales. Seguramente, como se pensó en comienzo lo hacia por razones personales, mas no por falta de pago. Ganaba poco, porque al fin y al cabo era lo convenido con él, necesitado de mostrar sus condiciones y asegurar mayores ingresos, porque nadie, desconocido en el fútbol, sin hoja de vida abundante en logros, podía recibir más que otros jugadores con recorrido superior. Estaba empezando y lo hacía bien.

Aseguran en Armenia que otro equipo le echó el ojo, pensando en la próxima temporada, y le aseguró una cifra grande, con lo cual el muchacho dejó tirado al Quindío. Su procedimiento y seguramente con más culpa de sus representantes o allegados, no fue el mejor.

El segundo caso es del Cúcuta. Su dirigencia debe estar redactando al menos un comunicado de agradecimiento a las autoridades y gentes de Yopal por, pero a horas de juegos determinantes vio como el técnico Óscar Quintabani, con quien conversé, dejó al equipo por altanería del señor de apellido Mora, hombre joven y presidente del club, con poca experiencia, quien antepuso la gran taquilla, que afortunadamente se le dio, con el regreso al General Santander, a las mínimas condiciones para garantizar la tranquilidad del grupo de jugadores. Un buen hotel, que no lo hubo, porque los jugadores fueron visitantes en su casa, de afán, sin caer en cuenta de las justa nacionales que demandaron la mayoría de servicios hoteleros, el equipo se las arregló para ganarle al Quindío, porque el asistente Angulo fue el encargado de mover el plantel con la impronta dejada por Quintabani; maltrato verbal de Mora, reacción varonil de Quintabani y un lío en inoportuno momento. Como conozco a Mora, quedo pendiente de conocer su versión.

También es hora de que la Dimayor intervenga. No puede continuar el manoseo a técnicos. Quien se comprometa con un equipo, debe hacerlo mínimo por un año. Y si a mitad del camino, por cualquier razón se termina el vínculo, el club pagará la totalidad del contrato o lo que convengan las partes.

Finalmente, palabras amables para la jornada vista. Mientras Máyer Candelo y Sebastián Hernández sigan haciendo pases-gol, deben ser titulares inamovibles. En cambio, viendo a Júnior, el grupo que debe marcar diferencia, Giovanni Hernández, Dairo Moreno y Teo parecían estar en otro país. Ni fu ni fa. En cambio se palparon las ganas que puso el DIM para llegar a la última fecha con esperanza de clasificar.

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