Foro El Espectador y Colombia 2020: La inclusión y la educación, pilares para la paz

hace 12 mins
Por: José Fernando Isaza

Medicinas desagradables pero efectivas

En el siglo XX se desarrolló una herramienta matemática para analizar la evolución de enfermedades contagiosas: la teoría de sistemas dinámicos.

Sus resultados han permitido priorizar las campañas de vacunación y, para las epidemias para las que no existen vacunas, como la malaria o el VIH, proponer políticas efectivas de control. Un antecedente a los modelos actuales está en una publicación de Daniel Bernoulli en 1760, cuando analizó las muertes producidas por la viruela y el efecto de inyectar una solución obtenida del producto de la infección de la piel de una vaca con las purulencias de los enfermos de viruela. Los anticuerpos de la vaca atenuaron el virus y la protegieron de la viruela. Es tal vez el origen de la primera vacuna, cuya etimología viene de ‘vaca’. Al observar que las ordeñadoras tenían la piel suave, aún en las epidemias de viruela, y que los cuadros de los pintores antiguos mostraban a las ordeñadoras de piel limpia, se concluyó que la vaca se protegía y protegía a quienes estuvieran en contacto con ella. En pasadas columnas he mencionado que la sencilla forma de producir la vacuna contra la viruela permitió que esta enfermedad sea la única que el hombre ha podido erradicar completamente. Las vacunas del siglo pasado no eran tan primitivas y desagradables como las que describió Bernoulli.

En la actualidad se conoce la importancia de tener “buenas relaciones” con los billones de bacterias que conviven en el intestino humano. La mayoría son benéficas, pero a veces se rompe el equilibrio y se presentan invasiones de bacterias hostiles. Con yogur y kumis se aumentas las bacterias “amigas”. Existe una bacteria que resiste este simple tratamiento y además es resistente a casi todos los antibióticos, la llamada Clostridium difficile. Como es usual, las bacterias más agresivas y resistentes se contagian en los hospitales. Una reciente edición de The Economist señala que se producen 14.000 muertes anuales en Estados Unidos por causa de ese bicho. El tratamiento más efectivo corresponde a lo que puede llamarse “medicina desagradable”. Consiste en colocarle al pobre paciente lavados de materias fecales de una persona sana. Claro que podría ser peor administrarlo por vía oral.

El anterior tratamiento corresponde a nuevas técnicas conocidas como medicina bacterial; por supuesto, ya se están investigando métodos más modernos, efectivos y menos desagradables para obtener los resultados buscados. En el instituto Wellcome Trust, el profesor Lawley analiza por qué funciona el método. Tal vez corresponda a un modelo de especies en competencia sobre un mismo territorio: el intestino. A la vez, Lawley busca técnicas más tolerables para el paciente.

Leyendo el artículo de The Economist se evoca una práctica que hace unas décadas fue altamente recomendada por los gurús y yoguis para prevenir todo tipo de enfermedades: desayunar con un buen vaso de la propia orina. Un análisis simple permite concluir que sería más eficiente pasar de autoorina a la heteroorina. El tratamiento preventivo parece haber perdido entusiasmo.

Una técnica promisoria se está abriendo camino: las mezclas controladas de bacterias de personas sanas y enfermas, no sólo para tratar enfermedades del aparato digestivo, sino otras, como la inflamación crónica de la vejiga.

Buscar columnista

Últimas Columnas de José Fernando Isaza